La productiva red de las ‘Magdalenas’

El festival ‘A solas’ despliega en los Teatros del Canal de Madrid la creatividad de un proyecto internacional de mujeres en las artes escénicas

Arte para derribar prejuicios

Rosa Rivas Madrid 4 SEP 2013 – 22:00 CET

La artista japonesa Keiin Yoshimura, en el festival ‘A solas’. / CRISTÓBAL MANUEL
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“Había un cuento tan pequeñito tan pequeñito que cabía en una pestaña…”. Así comienza la historia que narra/interpreta una de las artistas que participan en el festival A solas, pero lo que 37 mujeres de tres continentes llevan en su mochila creativa es grande. Una red cada vez más extensa de apasionadas por las artes escénicas. Teatro, danza, música, expresión corporal, fotografía, vídeo… Distintas manifestaciones que, hasta el domingo 8 de septiembre, están inundando de imaginación los Teatros del Canal, centro cultural dependiente de la Comunidad de Madrid, durante una semana intensa: 23 espectáculos, talleres de creación y encuentros de trabajos en proceso, 37 artistas de América, Asia y Europa. Es el festival A solas, impulsado por la red mundial de mujeres artistas Proyecto Magdalena.

A solas hace referencia a los solos, los espectáculos unipersonales, de carácter intimista pero a la vez festivo, que se desarrollan en la Sala Verde, un espacio escénico del Canal donde las butacas rodean todo el centro de la acción y el público mantiene una cercanía imposible en un gran auditorio. “A solas no se refiere a la soledad, sino a la solidaridad: cómo fortalecer los lazos entre mujeres que luchan desde su vulnerabilidad, solas en el escenario, para conectarse a cada espectador”, proclama Amaranta Osorio, mexicana residente en España y directora de este festival, que estrena presencia en Madrid (en Barcelona “ya hubo en 2007 otro encuentro de magdalenas”, explica). Osorio salió, cuenta, de un abismo personal y gracias a las artes escénicas y a la complicidad con otras mujeres teatreras aprendió “a bailar con la oscuridad”.

Otras artistas la cantan y la iluminan, como las tres mujeres de la compañía francesa Voix Plyphoniques, que funden su voz como una sola, de sirena inquieta, en sus Cantos del Mar Negro. Y otras mujeres, como la japonesa Keiin Yoshimura (cuya actuación cierra A solas), expresan en silencio, con movimientos pausados, la explosión de sentimientos y simbolismos que animan la trayectoria vital. Con su espectáculo Wa no Kokoro, donde sus gestos, su abanico y su pañuelo trazan los giros de la historia, quiere transmitir “todos los giros del corazón… la paz y la armonía, la alegría, la desolación, la nostalgia…” “Aún no existe en Japón el Proyecto Magdalena, pero ya estoy luchando por ello”, dice esta veterana intérprete y coreógrafa de Kamigata-mai, un género de danza de protagonismo femenino nacido en el siglo XVI en la región de Kioto y que bebe de la estética del Kabuki, el Noh o el Bunraku (teatro de marionetas).

El festival A solas llega como una embajada del Proyecto Magdalena, una red internacional de mujeres embarcadas en un periplo de teatro contemporáneo “sin fronteras de países ni generaciones”, como explica su fundadora, Jill Greenhalgh, quien hace 27 años empezó esta aventura en Gales y está “muy contenta” de ver cómo su iniciativa “ha crecido tanto y con tantas aportaciones artísticas”. La propia Greenghal –profesora de Estudios de Performance en la Universidad de Aberystwyth- mantiene su activismo teatral y participa en esta edición española con un laboratorio de creación, Daughter, donde las participantes reflexionan sobre las experiencias emotivas de ser o tener una hija.

El nombre de este activo grupo –que se comunica de forma presencial y a través de Internet- es un homenaje a la figura de María Magdalena, siempre en la oculta cara ‘B’ de las historias bíblica. Lo recuerda Amaranta Osorio, que no duda en lanzar un zarpazo feminista a la hora de reivindicar el papel de las mujeres en los escenarios. Precisamente el Proyecto Magdalena nació -y sus miembros tienen ese compromiso- para manifestar la visibilidad de las mujeres en el teatro contemporáneo. Osorio no solo se queja de la actitud de los programadores teatrales, sino de la falta de reconocimientos en el mundo de las artes: “¡Solo hay un premio de teatro para la labor de las mujeres!”.

La red Proyecto Magdalena se teje de forma conjunta, aunque cada lugar de celebración de los festivales tiene autonomía para desarrollar los eventos artísticos. México, Cuba, Dinamarca, India, Chile, Brasil… son algunos de los países (más de una veintena) donde el magdalenismo teatral ha echado fructíferas raíces. Gracias a la persuasiva intervención de la mexicana Amaranta Osorio se produjo la conexión magdalénica con Madrid y su intención es que este “hola” de septiembre sea un “hasta pronto”.

Fuente original [En línea] http://cultura.elpais.com/cultura/2013/09/04/actualidad/1378324810_671562.html
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