Dones Afganeses

Dones afganeses desafien la tradició i enterren la jove linxada per una turba

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El varón, arma de destrucción masiva

Artículo que invita a una profunda y seria reflexión

La violencia y las guerras han estado dominadas siempre por un sesgo de género
El 70% de las mujeres sufre algún tipo de agresión durante su vida

José Ignacio Torreblanca 25 ENE 2014 – 18:07 CET

 
mujers masonasUna mujer aterrorizada camina a las afuertas de Bangui, capital de la República Centroafricana. / JEROME DELAY (AP)
 
Una de las noticias más esperanzadoras del año 2014 es la apertura de negociaciones con el régimen iraní en torno a su programa nuclear. Con razón, a la comunidad internacional le preocupa la proliferación de estas armas, de ahí que, de forma excepcional, al otro lado de la mesa nos encontremos actuando unidos a EE UU, Rusia, China y la Unión Europea. Pero pese a la increíble capacidad de destrucción de estas armas, hay quienes sostienen que no tienen tanto de excepcional; son, dicen, nada más que muchas toneladas de explosivos juntas. Algo de razón no les falta: el genocidio más importante de la historia, el cometido contra el pueblo judío, no requirió de armas nucleares, como tampoco fueron necesarios más que unas decenas de miles de machetes de fabricación china para terminar con los 800.000 tutsis que fallecieron en el genocidio ruandés. Las aproximadamente 135.000 víctimas de Hiroshima desafían nuestra comprensión, pero también lo hacen los casi 300.000 muertos en la batalla por Verdún. La cruda realidad es que, desde la noche de los tiempos, el ser humano ha mostrado una increíble capacidad de matar, y de hacerlo en masa y sostenidamente, y para ello se ha servido de cualquier cosa a su alcance: un machete, un AK-47, explosivos convencionales o bombas atómicas.

Los genocidios más grandes de la historia no han requerido misiles

mujeres masonasFuente: INE / EL PAÍS

Un momento: “¿el ser humano?”. No exactamente. La práctica totalidad de todas estas muertes tienen en común un hecho tan relevante como invisible en el debate público: que fueron varones los que los cometieron. La historia militar no deja lugar a ninguna duda: los ejércitos han estado formados por varones, que han sido los ejecutores casi en exclusiva de este tipo de violencia, y sus principales víctimas. Cierto que guerrillas y grupos terroristas han incluido históricamente mujeres, a veces muy sanguinarias (en España, por desgracia, conocemos el fenómeno), pero la violencia bélica en manos de las mujeres ha sido una gota en un océano. El resultado, no por conocido, es menos trágico: solo en el siglo XX, las víctimas de estos conflictos desencadenados y ejecutados por varones se cobraron la vida de entre 136 y 148 millones de personas.

Podemos prohibir las bombas, pero detrás siempre hay un hombre

Se dirá que las guerras son cosas del pasado, típicas de sociedades predemocráticas. Pero ¿cómo explicar entonces el sesgo de género que domina la violencia en nuestras sociedades? No hablamos de sociedades atávicas, sino de sociedades occidentales, democracias plenas donde, como en Estados Unidos, las estadísticas nos indican que el 90% de todos los homicidios cometidos entre 1980 y 2005 lo fueron por varones, mientras que solo el 10% por mujeres. De todos esos homicidios, algo más de dos tercios (68%) fueron cometidos por varones contra varones, mientras que en uno de cada cinco (21%) un varón mató a mujer. Aunque sí que hubo mujeres que mataron a hombres, solo representaron el 10% de todos los homicidios, mientras que, significativamente, el porcentaje de mujeres que mataron a mujeres fue ridículo (2,2%). Así pues, las mujeres no matan mujeres, solo varones y, en gran proporción, en defensa propia. Claro que EE UU es una sociedad más violenta que otras, pero los datos de España, Reino Unido u otros países de nuestro entorno no son muy distintos: reveladoramente, la población penitenciaria española está compuesta en un 90% por hombres y en un 10% por mujeres. Al igual que la guerra, el homicidio y, en general, el crimen parecen ser fenómenos casi puramente masculinos.

Las violaciones son el capítulo más vergonzoso de los conflictos bélicos

Los efectos de una cultura patriarcal dominada por varones son tan demoledores que pareciera que en el mundo se libra una guerra (invisible, pero guerra) de varones contra mujeres. Según Naciones Unidas, el 70% de las mujeres han experimentado alguna forma de violencia a lo largo de su vida, una de cada cinco de tipo sexual. Increíblemente, las mujeres entre 15 y 44 años tienen más probabilidad de ser atacadas por su pareja o asaltadas sexualmente que de sufrir cáncer o tener un accidente de tráfico. En España y otros países de nuestro entorno, casi la mitad de las mujeres víctimas de homicidios lo fueron a manos de sus parejas, frente a un 7% de hombres, lo que significa que la probabilidad que tiene una mujer de morir a manos de su pareja es seis veces superior a la de un hombre.

mujeres masonas

La violencia sexual contra las mujeres es omnipresente y constituye uno de los capítulos más vergonzosos, y más silenciados, de la historia de los conflictos bélicos. Ello pese a la evidencia de que esa violencia no solo ha sido consentida sino alentada como arma de guerra. Según Keith Lowe, autor del libro Continente salvaje, la Segunda Guerra Mundial batió todos los récords de violencia sexual, especialmente contra las mujeres alemanas a medida que el ejército soviético se adentraba en Alemania (se calcula que dos millones fueron violadas como consecuencia de una política de venganza sexual deliberada). Hoy en día, la ONU estima en 200.000 las violaciones ocurridas en la República del Congo, una cifra similar a la ofrecida para Ruanda. Lejos de África, en el corazón de la Europa educada, la violación también fue un arma de guerra interétnica en el conflicto de la antigua Yugoslavia, donde se estima que entre 20.000 y 50.000 mujeres fueron violadas. A lo que se añade una larga lista de crímenes que solo las diferencias de género pueden explicar y que incluye el aborto selectivo de niñas, los crímenes de honor, el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual o la mutilación sexual, que afecta a 130 millones de mujeres. No hace falta adentrarse en las sutilezas de la discriminación política, económica y social, en sí un hecho muy revelador de la subordinación generalizada de la mujer: el nivel de violencia física contra las mujeres que hay en el mundo lo dice todo. Algunos describen la violencia que se ejerce contra las mujeres solo por el hecho de serlo como “feminofobia”. ¿Por qué no nos suena nada este término, o alguno similar?

El 90% de la población española penitenciaria es masculina

Reconozcámoslo: los varones son el mayor arma de destrucción masiva que ha visto la historia de la humanidad, y hay unos 3.500 millones de ellos por ahí sueltos. Podemos prohibir las armas largas, las armas cortas, las minas antipersona, las bombas de fósforo o de fragmentación, las armas bacteriológicas, químicas y nucleares, pero al final estaremos siempre en el mismo sitio: detrás de cada arma habrá un varón. De ahí que Naciones Unidas haya adoptado varias iniciativas de alcance mundial, recurriendo para ello al propio Consejo de Seguridad, que en su Resolución 1.325 de 31 de octubre de 2000 hizo visible por primera vez la necesidad de una protección explícita y diferenciada para las mujeres y las niñas en escenarios de conflicto, así como la contribución fundamental que las mujeres hacen y deben hacer en lo relativo a la resolución de conflictos y la construcción de la paz.

Existen muchas posibles, y complejas, explicaciones sobre estos hechos. Tampoco son fáciles las respuestas que debamos dar, y mucho menos las medidas a adoptar. Pero los hechos están ahí, y son incontestables: los varones matan y se matan, mucho, y ejercen mucha violencia contra las mujeres. Sin embargo, el debate público sobre este hecho es inexistente. Antes que repuestas, este debate requiere preguntas, en realidad una sola pregunta: ¿son los varones armas de destrucción masiva?

Fuente original de este artículo:
El País. Sociedad. El varón, arma de destrucción masiva. [en línea] http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/25/actualidad/1390669671_059501.html [consulta: 28/01/2014]
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¿Quién se empodera?

¿Quien se empodera?

mujeres masonas

Cuando pensamos en como ayudar a una mujer víctima de violencia, aparece el término “empoderar” casi de inmediato. En esta entrada pretendemos historizar un poco el término y profundizar en su significado.

La idea de empoderamiento tiene su origen en la década del 60 con el enfoque de la educación popular de Paulo Freire, quien postula la necesidad de ofrecer al pueblo una educación que lleve a la responsabilidad sobre sí mismo, “una educación que le facilitase la reflexión sobre su propio poder de reflexionar y que tuviese su instrumentación en el desarrollo de ese poder, en la explicación de sus potencialidades, de la cual nacería su capacidad de opción” (Freire 1992,p.52). En la misma línea argumental Gramsci y Focault definen al “poder como el acceso, uso y control de recursos tanto físicos como ideológicos, en una relación social siempre presente” (Leon, 1999, p. 2).
Si bien no hay un común acuerdo de quien fue la persona que establece este concepto específicamente al colectivo de mujeres, la mayoría de los textos coinciden que fue propuesta en 1985 “para referirse al proceso por el cual las mujeres acceden al control de los recursos (materiales y simbólicos) y refuerzan sus capacidades y protagonismo en todos los ámbitos”i . Es decir, que podemos entender el empoderamiento como una expresión de la libertad de elegir y actuar, y como el poder de las mujeres sobre los recursos y decisiones que afectan su vida. Empoderarse implica ser protagonistas de sus propias vidas.

La idea del empoderamiento de las mujeres no es condición exclusiva de aquellas que están siendo víctimas de violencia ya que por el hecho de ser parte de esta cultura, todas y todos reproducimos en más o menos, la subordinación de las mujeres como género. Sin embargo, en aquellas que están siendo violentadas por el hecho de ser mujeres, la violencia provoca un arrasamiento subjetivo que la despoja mucho de esta capacidad de control sobre los propios recursos y derechos.
Es por eso que una parte fundamental del empoderamiento es la toma de conciencia de los propios derechos e intereses, y de como estos se relacionan con los de otras personas; el objetivo es que las personas vulneradas puedan posicionarse más sólidamente, participen en el cambio social, se agrupen colectivamente y estén en condiciones de influir en la toma de decisiones. Es decir que el empoderamiento tiene una dimensión individual relacionada con los propios niveles de autoestima y la autonomía, y otra dimensión colectiva, que implica la necesidad de unirse con otras personas con objetivos comunes, a fin de que aumenten su capacidad de participación y llegada.

El poder que el empoderamiento pregona, se separa ampliamente de la concepción clásica de poder en término patriarcales. Se transforma de su significado de dominación sobre otrxs, para poner al sujeto en el centro de la escena. Desde esta perspectiva hablaremos de:

a) Poder propio: La toma de conciencia de su subordinación, el aumento de la confianza en sí mismas, y al registro de como es capaz de influir en su vida y realizar cambios-
b) Poder con: La capacidad organizarse con otrxs, negociar y defender un objetivo común.
c) Poder de: La identificación de sus intereses, de tomar decisiones y de desarrollar opciones creativas y de potenciar sus capacidades intelectuales-

Así, la mujer que logra empoderarse deja de ser sujeto para otrxs (de la historia, de la cultura) para ser sujeta de su propia su vida y protagonista de la historia, de la cultura y de la política, con libertad y legitimidad para opinar, participar, actuar y crear. Como proceso subjetivo, implica desarrollar la conciencia de la propia capacidad, del derecho a tener derechos, de ganar legitimidad con una misma, y autonomía y seguridad subjetiva para tomar decisiones propias, para elegir, para ser quien quiere ser.
Esquemáticamente, podemos pensar el empoderamiento como el elemento espaciador entre la vulnerabilidad y las mujeres. Las situaciones de violencia llevan a estas a quedar bajo la sombra del discurso hostil del violento, siendo la vulnerabilidad un efecto de esto. Empoderarse implica reducir esa vulnerabilidad e incrementar la propia capacidad de configurar la vida y el entorno, y tomar decisiones para el cambio. Como es necesario tomar conciencia de lo propio, empoderarse es algo que le sucede a cada quien, es un proceso absolutamente personal. Una SE empodera, no LA empoderan. El resto de lxs actorxs -llámese familiares o institucionales- acompañan el proceso; el cambio se concreta cuando esa mujer se individua, es decir se constituye como un ser único e independiente y con capacidad para decidir.
Considerando que a lo largo de la historia, las mujeres hemos sido un colectivo inhabilitado para ejercer poder, empoderarse es un logro que nos compete a todas y que nos permitirá tomar contacto con nuestro potencial transformador para defender nuestros derechos de manera individual, y posteriormente de manera grupal para trabajar en sororidad hacia una mayor equidad de género. Porque, como dice la popular consigna, “lo personal es político”.

Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino

Fuente: De(s)generando el género [en línea] http://desgenerandoelgenero.blogspot.com.ar/2014/01/quien-se-empodera.html?m=1 [Consulta 19-01-2014]
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¿PROSTITUYENTE ESTÁS?

Masculinidades en deconstrucción
Contra el régimen político de la heterosexualidad
lunes, 13 de julio de 2009

Como el lobo de caperucita que acecha sigilosamente en el bosque, el prostituyente se esconde en la calle. No hay mejor manera de esconder a un prostituyente que entre miles de otros prostituyentes.

Los prostituyentes circulan en masa por Buenos Aires y otras ciudades y pueblos y pueblitos del país, entre una lluvia de volantes y afiches publicitarios ofreciendo el intercambio de cuerpos de mujeres por dinero masculino. Naturalizar la violencia es la forma más efectiva de esconderla, de invisibilizarla, de taparla.

Pero la conducta típica de un prostituyente deja marcas concretas sobre la salud de las mujeres. Y aunque nadie quiere hablar sobre el cuerpo y la salud mental de las mujeres explotadas sexualmente, existen relatos, testimonios y algunos datos disponibles que sirven para desnaturalizar la violencia del prostituyente, visibilizando así las conductas violentas y el dolor de las víctimas.

Sigue leyendo en…
http://masculinidadesendeconstruccion.blogspot.com.ar/2009/07/prostituyente-estas.html
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El discurso político es la clave | Sociedad | EL PAÍS

El discurso político es la clave
La crisis económica que atravesamos es muy grave, pero también lo es una sociedad desigual e injusta.
Inmaculada Montalbán Huertas 23 NOV 2013

Temo que la violencia de género desaparezca de la esfera pública. Está siendo relegada en las prioridades políticas, en el debate social y en la propia agenda de los medios de comunicación, que tiende a concentrar las noticias en torno a días concretos, como el 25 de noviembre. Unos y otros se realimentan.

La crisis económica que atravesamos es muy grave, pero también lo es una sociedad desigual e injusta. Asistimos a corrientes sutiles que, bajo el paraguas de palabras mágicas como eficacia o racionalización, pretenden ocultar retrocesos. Retrocesos, como la supresión de la propia expresión “violencia de género”, que se desvanece en las últimas reformas legales, o la desaparición de la asignatura Educación para la Ciudadanía, fundamental para conocer las causas últimas de la violencia, combatir la intolerancia y crear unas generaciones de jóvenes activos y responsables.

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/11/23/actualidad/1385227726_143048.html
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Polémica jurídica: Hacia la impunidad.

Los juristas avisan de que la postura de España puede dejar sin castigo determinados delitos y causar la desprotección de víctimas
J. G. ALBALAT
BARCELONA
La violencia contra la mujer es uno de los actos más perseguidos por la justicia española. (FERRAN NADEU)
La mayoría de los juristas consultados consideran que la reserva de España en la aplicación del convenio sobre la violencia contra la mujer es contradictoria con la jurisprudencia de los tribunales españoles y puede provocar la impunidad en determinados delitos y, sobre todo, la desprotección de las víctimas. « Encuentro inadmisible que, una vez más, nos desmarquemos del resto de países en el ámbito de la tutela judicial a las víctimas de delitos graves», explica el magistrado Santiago Vidal.
La ley orgánica del poder judicial establece que la Audiencia Nacional es competente para perseguir los delitos cometidos fuera del territorio por españoles o extranjeros que hubieran adquirido la nacionalidad después de la infracción. «Parece que la ley excluya a los extranjeros extracomunitarios residentes en España que delinquen fuera. Sin embargo, el Tribunal Supremo ha dicho que no es así, pues eso significaría que el culpable queda impune, y ha aclarado que el juzgado del lugar donde vive el acusado o la víctima puede perseguir el delito», según Vidal. «La reserva española contradice esa jurisprudencia» , agrega.

Los choques culturales

Mirentxu Corcoy, catedrática de Derecho Penal y consultora del despacho González Franco, afirma que no entiende «el por qué» de la reserva, ya que «básicamente lo que pretende el convenio es se apliquen siempre medidas respecto a hechos que, por razones culturales, ideológicas o religiosas puedan ser vistas como actuaciones lícitas por personas de otras culturas» . Sostiene que el convenio no encaja con la política criminal española, que tiende a penalizar cada vez más estos casos y aplicarlo a residentes extranjeros. Un ejemplo: el proyecto de Código Penal introduce el matrimonio forzoso.
Para el catedrático de Derecho Penal Ramón Ragués, seguramente el motivo de la reserva es que España «no quiere ampliar excesivamente su jurisdicción y tenerse que encargar de hechos entre no españoles». La decisión, agrega, se puede entender hasta cierto punto por motivos prácticos, pues si se trata de un acto aislado que pasa fuera de España es complicado probarlo ante los tribunales españoles. «Pero la violencia doméstica no acostumbra a ser un hecho aislado, sino que se presenta de manera reiterada» y si la familia extranjera vive en España es posible que los hechos se reproduzcan aquí.
Laura Parés, del Col·legi d’Advocats de Barcelona, alega que «la necesidad de defender a la mujer de una forma completa no debe satisfacerse por medio de normas de dudosa eficacia, sino priorizando el objetivo del proceso, que consiste en la condena del culpable o la absolución del inocente». Y el enjuiciamiento «exige cercanía del tribunal». En su opinión, «procede mejorar los mecanismos de extradición y de cooperación entre los tribunales de los países que suscriben el acuerdo. La reserva es positiva si viene acompañada de una mejora de los mecanismos de comunicación internacional».

Fuente original [en línea] http://epreader.elperiodico.com/APPS_GetSharedNews.aspx?pro_id=00000000-0000-0000-0000-000000000001&fecha=03/10/2013&idioma=0&doc_id=83bc9698-f13d-44b7-97fa-3a4aa3023fde&index=no
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