Tú a mi no me llamas feminista

Aquí está el artículo publicado por Begoña Gómez para SModa (El País) sobre algunas mujeres famosas y el feminismo.

Tú a mi no me llamas feminista -Begoña Gómez

Os aseguro que había hecho más declaraciones pero a ver qué os parece.
Hace año y medio publicamos un artículo titulado ¿Feminista, yo? No, gracias repasando la nómina de mujeres de la esfera pública que no se identifican con la etiqueta y/o que suelen usar algún tipo de oración adversativa cuando se les pregunta al respecto: “Creo en la igualdad de la mujer PERO” o “Me encantan las mujeres fuertes PERO” (¿y las que no lo son?). Ahí estaban Taylor Swift, Katy Perry, Carla Bruni, Belén Rueda, Marissa Meyer, Melisa Leo, Lady Gaga, Demi Moore y Juliette Binoche en un recuento rápido.

Varias cosas han pasado desde entonces. La primera es que, debido a que el feminismo ha escalado posiciones en la lista de prioridades de la agenda mediática en los últimos tiempos, la pregunta se ha hecho casi obligatoria, algo que molesta a alguna de esas entrevistadas, que preferirían hablar de lo suyo y no de su género. La segunda es que, a pesar de esa preminencia del debate, la confusión permanece. A juzgar por muchas declaraciones, pocos tienen clara la definición de la RAE que ya dábamos entonces y repetimos: “teoría de la igualdad política, social y económica entre sexos”.

Así que la lista de femiescépticas ha ido aumentando. En ella están, casualmente, dos de las estrellas del verano: Shailene Woodley, que estrena hoy en España la película Bajo la misma estrella, el taquillazo de la temporada en Estados Unidos y protagonizó también Divergent, y Lana del Rey, cuyo segundo álbum, Ultraviolence, se colocó hace unas semanas en el número 1 de la lista Billboard y que actúa este fin de semana en el Vida Festival de Vilanova i la Geltrú (Barcelona).

La primera optó por el clásico “no soy feminista porque amo a los hombres” en una entrevista que concedió a la revista Time. Y añadió: “Creo que la idea de tomar el poder y sacar del poder a los hombres nunca va a funcionar porque se necesita equilibrio. Yo misma me siento muy en contacto con mi lado masculino, me siento 50% hombre, 50% mujer”. Woodley aclara que ella no está por el feminismo pero sí por la sororidad: “No sé cómo las mujeres esperamos que los hombres nos respeten cuando no nos respetamos ni las unas ni a las otras. Hay mucha envidia, comparaciones y celos. Eso es tonto y me parte el corazón”.

El problema que tiene con el feminismo Lana del Rey, a quien a menudo se ha acusado de fetichizar la sumisión de las mujeres en sus canciones y de perpetuar estereotipos como “la novia del gangster”, es que sencillamente le aburre. O eso dijo en una entrevista con la web The Fader: “para mí, el asunto del feminismo no es un conepto interesante. Estoy más interesada en, no sé, SpaceX y Tesla o qué es lo que va a pasar con nuestras posibilidades intergalácticas. Cada vez que alguien saca el tema del feminismo pienso ‘oh Dios, no me interesa”. Así que no le vengan a Lana que si igualdad salarial, que si La mujer eunuco, que si aborto libre y gratuito. Que bosteza.

Otra estrella del verano, Dolly Parton, que triunfó hace una semana escasa en Glastonbury, decepcionó a quienes la habían aupado a icono del movimiento por canciones como 9 to 5 con sus palabras en la revista Bust. Cuando le preguntaron si se consideraba feminista, contestó: “Me considero mujer y me considero alguien que es tan lista como cualquier hombre que conozco. No creo que haya que juzgar a alguien por ser hombre, mujer, blanco, negro, azul o verde. (…) Amo a los hombres, amo a las mujeres y estoy orgullosa de ser una”.

Cada vez que se publican declaraciones de éste tipo (como cuando Kirsten Dunst dijo que “a veces necesitas a tu príncipe azul. Un hombre es un hombre y una mujer es una mujer y así funcionan las relaciones”) se produce una minitormenta mediática que va de las webs feministas a los medios mainstream y un pequeño reguero de artículos y comentarios, generalmente censurando la actitud de estas artistas. Y muchos inciden en que estas mujeres quizá no han entendido de qué están hablando. ¿Al final se trata de una cuestión semántica? Nuria Varela, autora del libro Feminismo para principiantes, cree que no. “No es eso, es una cuestión de poder. El feminismo es una teoría crítica que cuestiona el poder establecido y que ya nació desacreditado (..) El coste de declararse feminista sigue siendo elevado, especialmente para las mujeres porque no hay nada que moleste más que una feminista inteligente y atractiva, y muchas no lo quieren pagar”. Varela sí cree sin embargo que “existe un gran desconocimiento. Lógico porque está casi vetado de la Universidad. Uno puede licenciarse en Filosofía, Historia o Derecho sin conocer un sólo título de Teoría Feminista” y que pronunciar en público la-palabra-que-empieza-por-f “es como soltar una bomba. La dices y empieza el lío. Pocas palabras tienen esa capacidad polémica”.

Por cada Kirsten, Shailene y Lana hay una Lorde, Lena, Beyoncé o Miley que sí se declara feminista. ¿Es necesario que lo hagan?, ¿tenemos que convertir en modelo a seguir y portavoz social a una chica de 21 años que acostumbra a no llevar pantalones encima de la ropa interior? “No, no están obligadas. A mí me gusta escuchar a mujeres inteligentes y con éxito que se definen como lo que son y no tienen miedo. Pero el feminismo es una teoría de la igualdad y la libertad. Quiero decir que no hemos llegado hasta aquí para ponermos aún más obligaciones. Unas mujeres sentirán el deseo y tendrán la fuerza para ser activistas y otras no, lo importante es que sean mujeres libres en sus vidas públicas y privadas”.

Otras tienen menos paciencia con las negacionistas. Lena Dunham asegura que no odia nada tanto en el mundo como “Las mujeres que dicen ‘no soy feminista’. ¿Crees que las mujeres deberían cobrar lo mismo por hacer el mismo trabajo?, ¿Crees que las mujeres deberían salir de casa y que hombres y mujeres tienen los mismos derechos? Bien, entonces eres feminista. A mí misma me daba vergüenza denunciar la misoginia porque entonces te ven como la chica quejica que no sabe superarlo. Pero lo cierto es que no tenemos que dejarlo pasar hasta que nos hayamos hecho oír”.

Fuente original: Tú a mi no me llamas feminista. Nuria Varela. [en línea] http://nuriavarela.com/tu-a-mi-no-me-llamas-feminista/ [Consulta: 09/07/2014]

La solución sueca para la prostitución: ¿Por qué nadie intentó esto antes?

Os adjuntamos este artículo del blog de Nuria Varela. Al final del mismo encontrareis el enlace.

La solución sueca para la prostitución: ¿Por qué nadie intentó esto antes?

La solución de Suecia para la prostitución: ¿Por qué nadie intentó esto antes? es un estupendo artículo publicado en pressenza que comparto como blog invitado:

En un mar de siglos de clichés desesperados porque ‘siempre habrá prostitución’, el éxito de un país sobresale como un faro solitario que ilumina el camino. En apenas cinco años, Suecia ha disminuido drásticamente la cifra de mujeres dedicadas a las prostitución. En las calles de la ciudad capital, Estocolmo, la cantidad de prostitutas ha sido reducida en dos tercios y la de clientes en un 80 por ciento. En otras grandes ciudades suecas, el comercio sexual en las calles casi ha desaparecido. Y en buena medida también ha ocurrido esto con los famosos burdeles y salas de masaje que proliferaron en el país en las últimas tres décadas del siglo 20, cuando la prostitución era legal.
Adicionalmente, es nula la cantidad de mujeres extranjeras que ahora están siendo traficadas a Suecia para comercio sexual. El gobierno sueco estima que en los últimos años sólo entre 200 y 400 mujeres y niñas han sido traficadas cada año hacia este país, cifras que no son tan significativas en comparación con las 15,000 a 17,000 mujeres traficadas anualmente hacia la vecina Finlandia. Ningún otro país y ningún otro experimento social siquiera se acercan a los prometedores resultados que están siendo observados en Suecia.
¿Cuál compleja fórmula ha utilizado Suecia para lograr esta proeza? Sorprendentemente, su estrategia no es en absoluto compleja. De hecho, los principios de ésta parecen tan simples y anclados con tal firmeza en el sentido común que de inmediato nos llevan a preguntar: “¿Por qué nadie intentó esto antes?”

La trascendental legislación sueca de 1999
En 1999, luego de años de investigación y estudios, Suecia aprobó una ley que: a) penaliza la compra de servicios sexuales y b) despenaliza la venta de dichos servicios. La novedosa lógica detrás de esta legislación se estipula claramente en la literatura del gobierno sobre la ley:
“En Suecia la prostitución es considerada como un aspecto de la violencia masculina contra mujeres, niñas y niños. Es reconocida oficialmente como una forma de explotación de mujeres, niñas y niños, y constituye un problema social significativo… la igualdad de género continuará siendo inalcanzable mientras los hombres compren, vendan y exploten a mujeres, niñas y niños prostituyéndoles”.
Además de la estrategia legal de dos vías, un tercer y esencial elemento de la ley sueca sobre la prostitución provee que amplios fondos para servicios sociales integrales sean dirigidos a cualquier prostituta que desee dejar esa ocupación; también provee fondos adicionales para educar al público. Siendo así, la estrategia única de Suecia trata la prostitución como una forma de violencia contra las mujeres, en la cual se penaliza a los hombres que las explotan comprando servicios sexuales, se trata a las prostitutas, en su mayoría, como víctimas que requieren ayuda y se educa al público para contrarrestar el histórico sesgo masculino que por tanto tiempo ha embrutecido el pensamiento acerca de la prostitución. A fin de anclar sólidamente su visión en terreno legal firme, la ley sueca referida a la prostitución fue aprobada como parte de la legislación general de 1999 sobre la violencia contra las mujeres.

Un primer obstáculo en el camino
Es interesante observar que, a pesar de la extensa planificación que tuvo lugar en Suecia previo a la aprobación de la ley, durante los primeros dos años de vigencia de este novedoso proyecto casi no ocurrió nada. La policía efectuó muy pocos arrestos de clientes y la prostitución, que antes había sido legalizada en el país, continuó casi como si nada. Los pesimistas del mundo reaccionaron a la muy publicitada falla con un estridente recordatorio: “¿Ven? La prostitución siempre ha existido y siempre existirá”.
Pero los suecos, muy seguros del pensamiento detrás de su plan, no prestaron atención a las críticas. Rápidamente identificaron el problema y luego lo resolvieron. El punto de falla, donde los mejores esfuerzos se habían estancado, era que las fuerzas de seguridad no estaban haciendo su trabajo. Se determinó que los agentes de policía necesitaban capacitación a profundidad y orientación en lo que el público y la legislatura del país ya comprendían perfectamente. La prostitución es una forma de violencia masculina contra las mujeres. Los explotadores/compradores deben ser castigados y las víctimas/prostitutas necesitan recibir ayuda. El gobierno sueco invirtió cuantiosos fondos, de modo que policías y fiscales, desde los más altos niveles hasta los agentes que trabajaban en las calles, recibieron una intensa capacitación y el mensaje de que el país hablaba en serio. Fue entonces que Suecia empezó a ver resultados sin precedentes.
Hoy día no sólo el pueblo sueco continúa apoyando firmemente el enfoque del país a la prostitución (el 80 por ciento de la gente lo respalda, según los sondeos de opinión), sino también policía y fiscales se encuentran ahora entre sus más fuertes apoyos. Las fuerzas de seguridad de Suecia han descubierto que la ley sobre prostitución les beneficia en el manejo de todos los crímenes sexuales, en particular porque les habilita para virtualmente erradicar el elemento del crimen organizado, que es una plaga en otros países donde la prostitución ha sido legalizada o regulada.

La falla de las estrategias de legalización y/o regulación
El experimento de Suecia es un ejemplo único y solitario, en una población de tamaño significativo, de una política sobre prostitución que sí funciona. En el 2003, el gobierno de Escocia, con miras a reformar su propio enfoque a la prostitución, le encargó a la Universidad de Londres la elaboración de un análisis integral de resultados de políticas sobre prostitución en otros países. Además de revisar el programa sueco, el equipo de investigación seleccionó a Australia, Irlanda y los Países Bajos a fin de representar varias estrategias orientadas a legalizar y/o regular la prostitución. No revisó la situación en aquellos países donde la prostitución está totalmente penalizada, como es el caso en los Estados Unidos, pues el resultado de dicho enfoque es muy conocido. El mundo ya está bien familiarizado con las fallas y la futilidad del mecanismo de arrestar prostitutas y dejarlas en libertad para luego volver a arrestarlas.
Tal como lo reveló el estudio encargado a la Universidad de Londres, los resultados en los estados bajo revisión que habían legalizado o regulado la prostitución fueron tan desalentadores como la penalización tradicional, o tal vez aún más. En cada caso los resultados eran drásticamente negativos.

Según el estudio, la legalización y/o regulación de la prostitución condujeron a:
un drástico aumento en todas las facetas de la industria del sexo,
un marcado incremento en el involucramiento del crimen organizado en la industria del sexo,
un dramático aumento en la prostitución infantil,
una explosión en la cantidad de mujeres y niñas extranjeras traficadas hacia la región, así como
indicaciones de un incremento en la violencia contra las mujeres.

En el estado de Victoria, Australia, donde fue creado un sistema de prostíbulos legalizados y regulados, hubo tal explosión en la cantidad de éstos que la capacidad del sistema para regularlos fue de inmediato abrumada, y con igual rapidez esos establecimientos se convirtieron en un nido de crimen organizado, corrupción y crímenes relacionados. Además, las encuestas de las prostitutas que trabajan bajo sistemas de legalización y regulación revelan que ellas mismas continúan sintiéndose coaccionadas, forzadas e inseguras en este negocio.

Una encuesta de prostitutas legales bajo la política de legalización en los Países Bajos muestra que el 79 por ciento de ellas dice querer salir de la industria del sexo. Y aunque cada uno de los programas de legalización/regulación prometieron ayuda para aquéllas que deseaban abandonar la prostitución, esa ayuda jamás se concretó en ningún grado significativo. En contraste, el gobierno sueco sí cumplió con proveer amplios fondos para servicios sociales destinados a ayudar a prostitutas que querían salir de la industria. El 60 por ciento de las trabajadoras sexuales en Suecia aprovechó los bien financiados programas y tuvo éxito en abandonar el comercio sexual.*

* El informe íntegro del gobierno de Escocia acerca de políticas sobre prostitución puede ser leído en www.scottish.parliament.uk

Entonces, ¿por qué nadie intentó esto antes?
Con el éxito de Suecia alumbrando el camino con tal claridad, ¿por qué otros países no están adoptando rápidamente ese plan? En realidad, algunos sí lo están haciendo. Tanto Finlandia como Noruega están a punto de seguir esos pasos. Y si Escocia escucha los consejos de su propio estudio, también irá en esa dirección. Pero la respuesta a la pregunta de por qué otros países no están apurándose a adoptar el plan de Suecia probablemente sea la misma que respondería por qué los gobiernos no han probado antes la solución sueca.
Considerar a las prostitutas como víctimas de coerción y violencia por parte de hombres requiere que un gobierno primero pase de ver la prostitución desde la óptica masculina a verla desde los ojos de las mujeres. Y los países, en su mayoría si no es que prácticamente todos, continúan viendo la prostitución y cualquier otro asunto desde una óptica predominantemente masculina.
Suecia, en contraste, ha sido líder en promover la igualdad de las mujeres durante mucho tiempo. En 1965, por ejemplo, penalizó la violación dentro del matrimonio. En los Estados Unidos, hasta en la década de 1980 había estados que aún no habían hecho ese reconocimiento fundamental del derecho de las mujeres a controlar su propio cuerpo. Suecia también destaca por tener la más elevada proporción de mujeres en todos los niveles del gobierno. En 1999, cuando aprobó la trascendental ley sobre prostitución, el Parlamento sueco estaba conformado casi en un 50 por ciento por mujeres.
La política sobre prostitución de Suecia fue originalmente diseñada y cabildeada por las organizaciones de albergues para mujeres. Luego la promovieron y lucharon por ella, en un esfuerzo bipartidario, las singularmente poderosas y numerosas parlamentarias suecas. Y el país no se ha detenido ahí. En el 2002 aprobó legislación adicional que complementaba la ley original sobre prostitución. Ese año, la Ley de Prohibición del Tráfico Humano para el Propósito de Explotación Sexual llenó algunos de los vacíos que había en la legislación previa y fortaleció aún más las facultades del gobierno para perseguir a la red que rodea y apoya la prostitución, como reclutadores, transportadores y anfitriones.

¿Por qué no copiamos aquí el éxito de Suecia?
Aunque quizás sea cierto que los Estados Unidos y otros países aún están mucho más inmersos que Suecia en la oscuridad patriarcal, no hay razón por la que no puedan impulsar ahora cambios de políticas como los que esa nación ha realizado. La belleza del asunto es que una vez que se ha abierto el terreno y la prueba del éxito ha sido establecida, tendría que ser mucho más fácil convencer a otros de ir por ese mismo camino.

Reservados © todos los derechos, Marie De Santis, Women’s Justice Center,
www.justicewomen.com
rdjustice@monitor.net
Traduccion por Laura E. Asturias / Guatemala

Se autoriza copiar y distribuir esta información siempre y cuando el crédito y el texto se mantengan intactos.

Fuente: La solución sueca para la prostitución. Blog de Nuria Varela. [en línea] http://nuriavarela.com/la-solucion-sueca-para-la-prostitucion-por-que-nadie-intento-esto-antes/ [Consulta 06/06/2014]

Fuente original: La solución sueca para la prostitucución. Pressenza [en línea] http://www.pressenza.com/es/2014/01/la-solucion-de-suecia-para-la-prostitucion-por-que-nadie-intento-esto-antes/ [consulta: 06/06/2014]

¿A quién pertenece el cuerpo de las mujeres?

¿A quién pertenece el cuerpo de las mujeres?

Amparo Ariño Verdú, doctora en Filosofía por la Universidad de Valencia, envía a Núria Varela, autora del blog nuriavarela.com, este interesante artículo que ella comparte como blog invitado y nosotras como blog con artículos muy interesantes.

http://nuriavarela.com/quien-pertenece-el-cuerpo-de-las-mujeres/
Enlace

¿A quién pertenece el cuerpo de las mujeres?

Amparo Ariño Verdú

Voy a centrarme en la alienación del propio cuerpo que sufre la mujer por el hecho de serlo. Es decir, la que sufre exclusivamente por ser mujer. Se trata por tanto de una situación específicamente femenina. Desde esa perspectiva es desde la que planteo la cuestión: ¿a quien pertenece el cuerpo de las mujeres?
¿Les pertenece a ellas mismas, como sujetos que son? ¿Pertenece sus parejas? ¿Pertenece a su familia, a la sociedad? ¿Son entonces realmente sujetos, y sujetos de derecho las mujeres, o son sólo objetos y objetos-para-otros?

Desde hace más de un siglo se han producido avances, diríase que innegables, en la situación legal de la mujer en Occidente -incluido, aunque con bastante retraso y con incierto futuro-, nuestro país. Pese a ello parece como si, de modo no siempre explícito, el cuerpo propio continuara sin pertenecerle a la mujer.

En el pensamiento dominante a la mujer se la ha venido identificando con su cuerpo y por ende con la corporeidad, cosificandola así. El ser de la mujer es su cuerpo, y cuerpo sexuado. “Tota mulier in utero” escribió Tomás de Aquino, el filósofo que cristianizó a Aristóteles. Del pensamiento aristotélico-tomista (que tiene más de tomista que de aristotélico) nutre la iglesia católica muchos de sus dogmas y trata de darles una pátina de pensamiento racional. Y ese cuerpo del que habla Tomás de Aquino es mera «cosa», repito, mero objeto. Pero las cosas no son personas, no son sujetos. Las cosas no tienen derechos. Por eso los derechos de las mujeres, aun allí donde son reconocidos formalmente, no son respetados de hecho.

Esta concepción de la mujer como cuerpo-cosa, objeto y no sujeto, cosa y no persona, sería la causa última de la violencia contra la mujer. Y estaría implícita en la justificación de los asesinatos, violaciones y malos tratos a las mujeres que tan frecuentemente son noticia .

Hay hechos que sustentan esta afirmación aparentemente tan escandalosa: la afirmación de que a la mujer se la ha considerado como mera cosa, como objeto y no como sujeto, no como persona. Lo cierto es que esta concepción de la mujer no siempre se hace explícita, al menos en la cultura occidental, aunque sí en los dogmas y creencias religiosas, incluso en los códigos sociales de ciertas culturas. Pero cuando analizamos cual es la situación en general de la mujer, la idea subyacente de mujer-cosa sí se hace patente. Analicemos algunas de estas situaciones.

Así el tratamiento de la mujer en la publicidad. La cosificación de la mujer en la publicidad resulta muy evidente. Se utiliza la imagen del cuerpo de la mujer como reclamo publicitario. Una imagen modelada según el patrón del gusto masculino, de su deseo: mujer joven, de rasgos agraciados, a veces perfectos, en la que se combinan esbeltez y exuberancia. Una imagen mejorada artificialmente en ocasiones con las técnicas del “photoshop”, que resulta una meta inalcanzable para la mujer real, pero que se le trata de imponer como canon de belleza. Como se le impone tener y mantener, a costa de lo que sea, incluida la cirugía llamada «estética», un aspecto joven.

El cuerpo de la mujer, como de hecho no le pertenece a ella misma, debe ser una cosa moldeable que se adapte a la imagen que se le impone, la imagen que debe tener. Es el varón quien designa cómo, qué y quien es una mujer: mujer es quien despierta el deseo del varón heterosexual. Como denunciaba Simone de Beauvoir en El segundo sexo, aunque variable en sus formas, esta imagen suele estar vinculada a la sumisión: desde los pies diminutos con los huesos triturados exigibles cómo canon de belleza en la antigua China, al engorde forzado propiciado tambien por la inmovilidad, en el harén. O la delgadez exagerada y obligatoria que a tantas adolescente y mujeres ha empujado a la anorexia en toda la cultura occidental en la época actual y en otras. Porque aunque el canon estético de la belleza femenina puede variar, lo que no varía es el hecho de que siempre es impuesto. Este canon suele propiciar la limitación de movimientos. Así los corsés de varillas metálicas para conseguir 40cms. de cintura en tiempos pasados, que cortaban la respiración, o los tacones aguja y combinados con faldas «tubo» en épocas más recientes. Incluso en la diferencia de calzado para niños y niñas puede percibirse ya: en los niños prima la comodidad y robustez que garantizan seguridad para correr, saltar… Las niñas se impone la estética delicada (las llamadas merceditas o las bailarinas) sin cordones, de empeine escotado que dificultan las carreras y la rapidez de movimientos tan propios de la infancia.

Y es que la mujer es cosa en tanto que es o debe ser objeto sexual. La mujer es el objeto de deseo, la cosa deseada para el varón heterosexual. La desea para disfrutar sexualmente de ella. Y para asegurarse ese disfrute instituye un modo de derecho de posesión, el llamado débito conyugal, y lo garantiza con el amparo de la institución matrimonial. Pero el acceso a la mujer como cosa sexualmente deseada puede lograrlo tambien el varón mediante las transacciones comerciales en las que consiste la prostitución. En esa situación puede utilizar a la mujer-prostituta como explícita sirvienta sexual, como un objeto comprado o alquilado, con el fin de lograr placer. En ocasiones, la situación de humillación en que se encuentra la mujer prostituida, la completa cosificación de su cuerpo como obediente instrumento de placer y la subsiguiente deshumanización de la relación, no son ajenos a la obtención del fin que el cliente /comprador persigue. Como cosas, es decir en tanto que deshumanizadas, las mujeres son vendidas y compradas. Se trafica con ellas como con una mercancía. Se las explota económicamente, muchas veces son otros, en general hombres, quienes se lucran de ese comercio. Y los cliente que utilizan sus servicios no desconocen estas circunstancias. Pero la prostitución se justifica y se pretende que es inevitable (legislaciones a discutir sobre ella aparte) porque las necesidades sexuales masculinas son consideradas no sólo respetables, sino sagradas.

Y, por antonomasia, el cuerpo de la mujer es el instrumento utilizable y utilizado para la generación de nuevas vidas. El modo de utilización por excelencia del cuerpo/cosa de la mujer es la maternidad impuesta. Se trata del modo tradicional de sometimiento de la mujer. Obligada a gestar, a parir y a criar a los hijos «que mande Dios». Puesto que la religión, y me voy a referir aquí fundamentalmente a los tres monoteísmos, legisla sobre el papel de la mujer en la procreación condenando el uso de métodos anticonceptivos y sacralizando el sometimiento de la mujer, no sólo a los designios de una supuesta divinidad, sino a los de su dueño y señor en este mundo: su esposo. Patriarcado sobre patriarcado. En el mismo sentido va la prohibición del derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. La mujer no tiene derecho a decidir. Su cuerpo no le pertenece.

Como nos recuerda Toni Martinez (en la web de La Marea el 12 de noviembre) el arzobispo de Granada, Javier Martinez , que apoya la publicación del libro «Cásate y sé sumisa» de Constanza Miriano, ya se hizo famoso por unas declaraciones contra el aborto en las que venía a defender que si una mujer aborta, el varón puede abusar de ella: «el aborto da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar del cuerpo de la mujer» .

A mi entender, lo que está queriendo afirmar el obispo es que la mujer no es, en absoluto, dueña de su propio cuerpo. De modo que si decide interrumpir la gestación está actuando como si lo fuera y, en este caso, merece sufrir cuantos abusos quieran infligirle los varones, para que entienda que su cuerpo no le pertenece.

Además, en tanto que pareja (novia, esposa, incluso amante) la mujer es propiedad del varón, una cosa más entre sus propiedades. Puede exhibirla y ufanarse de ella ante los otros varones, de la belleza cuyo uso y disfrute entiende que le pertenece en exclusiva. Hace ostentación del cuerpo de «su» mujer y, en su caso, de las joyas o ropajes caros con las que se adorna, del mismo modo que hace ostentación de un coche caro o de cualquier otra propiedad que muestra ante los demás como señal de poder. Pues, en tanto que cosa, su mujer puede ser considerada una propiedad más.

Esta concepción de la mujer como, cosa y no como persona, como objeto y no como sujeto estaría también en el origen de la actitud podríamos decir algo «pasiva» de la sociedad, y en la falta de una reacción proporcionada, con honrosísimas excepciones, a la gravedad de los hechos por parte de las autoridades: policías, jueces… El trato que a veces reciben las mujeres que denuncian agresiones es, en ocasiones, vejatorio, se desconfía de su testimonio o se argumenta que algo habrá hecho la mujer que «justifica» el maltrato que ha recibido. No hay verdadero rechazo social del maltratador, no se le aísla . En muchos casos ni siquiera se le aleja suficientemente de la víctima. Eso sí, en caso de resultado de muerte, se aplaude al paso del féretro y, a veces, hasta se guarda un minuto de silencio.

Es aquí, en el hecho de que la mujer pueda ser considerada como propiedad de otro, donde encontramos la verdadera raíz de la justificación de la violencia contra la mujer: malos tratos, violaciones, asesinatos en manos de sus parejas, exparejas e incluso pretendientes rechazados. En otros tiempos, lugares o culturas, tambien en manos de padres, hermanos o de cualquier varón que pueda considerar dañado su «honor” por el comportamiento de una mujer de su familia.

En contraste con el avance que supone para los derechos de las mujeres, el reconocimiento judicial de violación dentro del matrimonio como delito en nuestra legislación, no es menos cierto que en nuestro país ha habido jueces que han llegado a justificar una violación por la mera atracción que un varón sienta ante una mujer que «va provocando» por su vestimenta, por el lugar solitario o las horas en las que pasea a solas por determinados lugares. Es lo que se conoce como desplazamiento de la culpa. Yo preferiría hablar de causa o de responsabilidad. Se pretende que la supuesta culpa, y responsabilidad cierta, está en el objeto que atrae, no en quien se siente atraído. La existencia de la mujer resulta ser un peligro, hace pecar o, en su caso, delinquir al varón. La mujer, su cuerpo, resulta así ser un objeto pecaminoso, peligroso. Si atrae al hombre es culpa suya (de ella). De ahí la imposición de ocultar su cuerpo con vestimentas especiales: velo, burka, cabeza cubierta, «modestia” en el vestir, que es común a las tres religiones del libro. Y no sólo eso, en otras culturas a la mujer que ha sido víctima de una violación, incluso en los casos en que ha sido considerada botín de guerra y violada por el enemigo, se la considera culpable de causar el deshonor de su familia. Puede llegar a ser condenada a muerte por lapidación, igual que si comete adulterio.

Voluntariamente o no, si mantiene relaciones sexuales fuera del matrimonio la mujer está incurriendo en un delito. Porque, repito por enésima vez, su cuerpo no es suyo. Puede aducirse que estos castigos y estas situaciones se dan en culturas aparentemente muy distintas a la nuestra pero, en realidad, lo que a estas subyace es un concepto de mujer que es esencialmente universal: la mujer es objeto y no sujeto de pleno derecho, por eso, en realidad, su cuerpo no le pertenece y no se le reconoce derecho a decir libremente sobre él: ni sobre su sexualidad, ni sobre su aspecto, ni sobre sus actos. Ni siquiera su vida le pertenece. Cuando escribo este texto (14 noviembre 2013) ya han sido asesinadas 62 mujeres en España, en lo que va de año, víctimas de crímenes de género.

Feminismo para principiantes

Feminismo para principiantes, nueva edición disponible desde septiembre

El 18 de septiembre llegó a las librerías la nueva edición de Feminismo para principiantes.
Lo publica Ediciones B en formato bolsillo.
La portada, casi igual que la edición anterior.
mujeres masonas 017

Sitio Web:
http://www.edicionesb.com/catalogo/autor/nuria-varela/500/libro/feminismo-para-principiantes_2870.html

No es no

No es no

No es no. Siempre.

Ante el aumento de las noticias de violencia sexual, violaciones y agresiones, comparto este video de la Fundación Aspacia.

Fuente original: http://nuriavarela.com/no-es-no/ Enlace

Los tópicos: Ya está todo hecho (por Nuria Varela)

Los tópicos: Ya está todo hecho

Actualmente, se utilizan distintos argumentos para desactivar la lucha feminista. Son argumentos más sutiles que conviven con el descrédito de las feministas. Uno es el de considerar el feminismo como un movimiento trasnochado, antiguo, ocultando así la cantidad de corrientes nuevas que en los últimos años han nacido y nacen en su seno. Otro es llamar feminismo a cualquier cosa que se haga a favor de las mujeres o que hagan las mujeres siguiendo su voluntad, o, ni siquiera eso, cualquier cosa, sin más. Es el todo vale, –el mismísimo Bertín Osborne, nunca visto defendiendo los derechos de las mujeres, ni en primera fila ni en la retaguardia, declaraba en una entrevista: Soy más feminista que las feministas. ¡Glup! Y el argumento más habitual: se intenta desarticular la lucha asegurando que ya está todo hecho, que vivimos en sociedades democráticas donde la discriminación por sexos no existe. ¡El patriarcado ha muerto! Como bien sabemos las mujeres y los hombres justos, el patriarcado no ha muerto, desgraciadamente, en ningún rincón del planeta. Y dependiendo dónde se diga que la lucha ya está terminada puede resultar ridículo, atrevido o insultante –violencia de género, mutilación genital, tráfico de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, índices de paro, tasas de pobreza, discriminación salarial, cuotas de representación…–

Enlace directo a la fuente: Enlace Nuriavarela.com

Amelia Valcárcel responde sobre la teoría Queer

Comparto en Feminismo para tod@s, el post de Heroínas con el video de Amelia Valcárcel en el que hace referencia a la teoría Queer:

“El feminismo no se resuelve en un debate sobre las identidades afectivas. El feminismo es un internacionalismo y una cadena es lo fuerte que sea el eslabón mas débil. La libertad de las mujeres no esta planetariamente conseguida.
En este planeta, en muchos sitios, nacer mujer es estar condenada al infierno, directamente.
Sigan teniendo sus debates pero no olviden el contexto general. El contexto general es el terrible contexto anterior. El feminismo no es una teoría del deseo, es una teoría de las libertades elementales mínimas: que no te casen contra tu voluntad, que no te violen, que no te golpeen , que no te den menos de comer, que no te asesinen cuando eres niña. Es una agenda terrible, todo eso y más…”


Fuente original de este artículo: Blog de Nuria Varela
http://nuriavarela.com/amelia-valcarcel-responde-sobre-la-teoria-queer/

Micromachismos

Ayer tuve una larga conversación con Luis Bonino. Habíamos quedado para hablar de micromachismos a propósito de un reportaje que acabo de escribir para el número de agosto de la Revista 21.

Hablar con Luis siempre es un placer pero lo cierto es que hay pocos aspectos positivos que mencionar en lo que se refiere a violencia de género en general y al uso y abuso de los micromachismos, en particular. Fue en los años 90 cuando Bonino le puso el nombre de micromachismos a las maniobras cotidianas que los hombres realizan para conservar, reafirmar o recuperar el dominio sobre sus parejas. Maniobras invisibles pero dañinas.

El nombre nace en la estela del término micropoderes del sociólogo francés Foucault y como en este caso, micro no se refiere a “poca cosa” o “poco importante” sino a que son casi imperceptibes, están especialmente invisibles y ocultos para las mujeres que los padecen y para la sociedad en general. “Es como un microbio –explica Bonino-, lo pequeños que son y el mal que algunos causan”.

Asegura Luis que si el modelo clásico se definía con las tres p, la obligación de los varones de ser proveedores, protectores y procreadores; “ahora hay muchos hombres que ni proveen ni protegen ni procrean, son más afectivos, incluso encantadores pero ¿qué aportan a las mujeres? ¿Están construyendo relaciones igualitarias o simplemente mejorando aún más su status? Es decir, van dejando sus obligaciones tradicionales pero no dejan de ejercer su poder”.

Algunos micromachismos son violencia en sí mismos, otros, son la antesala de la misma. Saber verlos, tener a mano una lupa para identificarlos, supone una medida de protección, especialmente con esos “hombres supuestamentte encantadores” a los que se refiere Bonino que aparentemente están modificando el modelo tradicional de masculinidad y en realidad están ejerciendo violencia. Eso sí, mucho más sutil.

TIPOS DE MICROMACHISMOS
Para intentar mantener esta posición, los varones se sirven de diferentes modalidades de micromachismos que Bonino agrupa en cuatro categorías:

1. Los micromachismos utilitarios, que tratan de forzar la disponibilidad femenina aprovechándose de diversos aspectos “domésticos y cuidadores” del comportamiento femenino tradicional. Se realizan especialmente en el ámbito de las responsabilidades domésticas.

1.1. No responsabilización sobre lo doméstico
1.2. Aprovechamiento y abuso de los roles tradicionales que asignan el cuidado a las mujeres.

2. Los micromachismos encubiertos, que intentan ocultar su objetivo de imponer las propias razones abusando de la confianza y credibilidad femenina.

2.1. Creación de falta de intimidad
• Silencio
• Aislamiento y mal humor manipulativo
• Avaricia de reconocimiento y disponibilidad
2.2. Pseudonegociación
2.3. Inocentización
• Inocentizacion culpabilizadora
• Autoindulgencia y autojustificación
? Echar balones fuera
? Hacerse el tonto y el bueno
? Impericias selectivas
? Minusvaloración de los propios errores
? Delegar responsabilidad por propios errores
2.4. Engaños y mentiras
2.5. Paternalismo
2.6. Abuso de confianza
2.7. Desautorizaciones encubiertas

3. Los micromachismos de crisis, que intentan forzar la permanencia en el statu quo desigualitario cuando éste se desequilibra, ya sea por aumento del poder personal de la mujer o por disminución del poder de dominio del varón.

3.1. Resistencia pasiva y distanciamiento
3.2. Darse tiempo
3.3. Aguantar el envite
3.4. Refugio en el estilo

4. Los micromachismos coercitivos que sirven para retener poder a través de utilizar la fuerza psicológica o moral masculina.

4.1. Uso expansivo-abusivo del espacio físico y del tiempo para sí.
4.2. Apelación a la superioridad de la lógica varonil.
4.3. Las coacciones a la comunicación
4.4. La insistencia abusiva para lograr fines

Fuente original de este artículo: http://nuriavarela.com/dia-12-micromachismos/

John Stuart Mill: el marido de la feminista

Nuria Varela

Celia Amorós en Carne Cruda

John Stuart Mill: el marido de la feminista
Mujeres Masonas Wtaylor4

Quizá parezca irrespetuoso presentar así a uno de los grandes pensadores del siglo XIX. Todo lo contrario, es un homenaje a un hombre que esperó veinte años para casarse con Harriet Taylor, la mujer que amaba y junto a la que construyó una relación de amor y respeto rebosante de pasión, cariño, complicidad y confianza entre iguales. Pero no sólo eso. Harriet Taylor y John Stuart Mill pusieron las bases de la teoría política en la que creció y se movió el sufragismo.

El feminismo respeta a John Stuart Mill especialmente por su libro “La sujeción de la mujer” –publicado en 1869–, y también, por su trabajo político como diputado en la Cámara de los Comunes (el Parlamento inglés). Mill no consiguió ninguna de sus iniciativas, tuvo que soportar la sorna de sus compañeros diputados e incluso en el periódico Times se escribió con ironía que Mill intentaba realizar “una gran reforma social” mediante el cambio de una simple palabra cuando éste pretendió cambiar hombre por persona en la reforma electoral que se discutía en ese momento. Sin embargo, llevar la petición del voto al parlamento fue muy importante para las sufragistas y para que la cuestión llegara a la opinión pública. Como ejemplo del agradecimiento feminista a la obra de Mill y la repercusión que ésta tuvo entre las mujeres de su época, nada mejor que la carta que Elizabeth Cady Stanton, líder de las sufragistas norteamericanas, le escribió tras leer La sujeción de la mujer:

“Terminé el libro con una paz y una alegría que nunca antes había sentido. Se trata, en efecto, de la primera respuesta de un hombre que se muestra capaz de ver y sentir todos los sutiles matices y grados de los agravios hechos a la mujer, y el núcleo de su debilidad y degradación”

Pero no sólo Elizabeth Cady Stanton se deslumbró por la lectura del libro de Mill, feministas de todo el mundo se sintieron impresionadas:

“El ensayo de Mill, La sujeción de la mujer, publicado en 1869, fue la biblia de las feministas. Es difícil exagerar la enorme impresión que causó en la mentalidad de las mujeres cultas de todo el mundo. En el mismo año en que se publicó en Inglaterra y Norteamérica, Australia y Nueva Zelanda, también apareció traducido en Francia, Alemania, Austria, Suecia y Dinamarca. En 1870 fue publicado en polaco e italiano, y también las estudiantes de San Petersburgo hablaban de él con entusiasmo. Hacia 1883, la traducción sueca dio lugar a un debate entre un grupo de mujeres de Helsinki que fundaron el movimiento femenino finlandés tan pronto como terminaron de leer el libro. Desde toda Europa llegaron testimonios impresionantes del impacto inmediato y profundo que ejerció el opúsculo de Mill; su publicación coincidió con la fundación de movimientos feministas no sólo en Finlandia, sino también en Francia y Alemania y muy posiblemente en otros países”.

Además de respeto intelectual y político, el feminismo guarda especial cariño a Mill por su vida privada. Era un romántico que se enamoró completamente de Harriet Taylor y juntos formaron una pareja sorprendente, provocadora para su época. John Stuart y Harriet Taylor se conocieron en el verano de 1830. Harriet tenía 23 años y John Stuart 25. Ella se había casado a los 18 con John Taylor, un hombre de negocios interesado en la política radical y al que Harriet quería y respetaba aunque ni estaba –ni ella lo consideraba–, a su nivel intelectual. Harriet era una mujer de grandes cualidades, inteligencia y belleza. Y lo que parece indiscutible es que deslumbró a Mill y Mill la deslumbró a ella. Cuando se conocieron, ella era madre de dos hijos y al año nacería Helen, la pequeña. Harriet era hija de un cirujano acomodado y había recibido una buena educación. En aquella época, colaboraba en la revista Monthly Repository, una publicación política y radical en consonancia con su grupo de amigos y su círculo más próximo. Neus Campillo nos presenta a una Harriet que antes de conocer a Mill mostraba ser una madre feliz y buena esposa aún con distintos gustos a su marido y con ideología feminista y anticonvencional.
Cuando Mill conoce a Harriet, éste se encuentra en medio de una fuerte depresión. Mill era un hombre extraño con el que su padre, James Mill, había experimentado desde que era muy pequeño educándole de manera extraordinariamente precoz. De hecho, le trató y le educó como si nunca hubiese sido un niño. “No guardo memoria del momento en que empecé a aprender griego. Me han dicho que fue cuando tenía tres años”.
Mill llama a su propia depresión “una crisis en mi historia mental” y parece que fue provocada por la falta de interés sobre lo que hasta entonces había sido el centro de su vida, “ser un reformador del mundo”. Cuando esto dejó de interesarle, se derrumbó . Esa depresión, sin embargo, no le había paralizado. Mantenía una intensa actividad intelectual y completaba su formación visitando y conociendo a fondo a los pensadores más destacados de su época, buena parte de ellos, amigos de su padre. Sus males melancólicos desaparecieron cuando conoció a Harriet y juntos protagonizaron una relación apasionada que rompió todos los tópicos: componen una serie de libros y escritos esenciales en la historia del pensamiento. Dos personas con una enorme complicidad intelectual y personal y, además, una gran pasión que no encajaba de ninguna manera en los ideales románticos de la época en los que las mujeres sólo eran receptoras pasivas del amor. Dos apasionados que renuncian a las relaciones sexuales por respeto al marido de Harriet y a las convenciones del momento, puesto que no existía divorcio en la Inglaterra de mediados del siglo XIX, en plena época de puritanismo victoriano. Dos personas, una mujer y un hombre, que se tratan de igual a igual en una época en la que las mujeres comenzaban la pelea por sus derechos políticos y empezaban a soñar con los derechos civiles.
Aunque la época no daba para pasiones dentro de los límites de lo respetable, por la correspondencia que se conserva, ésta, aunque contenida, debió de ser arrolladora y supuso una gran crisis en el matrimonio de Harriet. Para resolverla, la pareja –parece que no sin largas discusiones–, decidió separarse durante seis meses . Harriet se mudó a París y Mill también. Seis meses felices que Harriet resolvió con un acuerdo con su esposo: conservar su vida familiar con él y sus hijos y mantener también la relación de amistad con Mill .
Tanto su marido como Mill aceptaron la solución de Harriet. Ella evidenciaba con su propia vida, con sus sentimientos y deseos, que las normas y las leyes que la sociedad había creado para las mujeres eran sólo diques de contención ante su libertad. Esas mismas mujeres no se parecían a la caricatura que la sociedad les había dibujado sobre lo que debía de ser una mujer. A Harriet, culta e inteligente, no le bastaba con tener un marido, una casa y unos hijos, quería una vida propia y buscó la rendija del dique para conseguirla.
La situación era extraña y se convirtió en objeto de murmuraciones de todo tipo que ni Harriet ni Mill dejaron que enturbiaran su especial amistad. La desaprobación fue general, pero ellos prefirieron romper con las actividades sociales e incluso con los amigos que criticaban sus vidas antes que con su relación.
Mill fue, además, un hombre consecuente. Lejos de aprovecharse de las leyes del momento que le regalaban toneladas de privilegios por ser varón, reniega de ellas. Así, el 6 de marzo de 1851, después de veinte años de amistad, Harriet Taylor y John Stuart Mill van a casarse. Con ese motivo él escribió la siguiente declaración:

“Estando a punto –si tengo la dicha de obtener su consentimiento–, de entrar en relación de matrimonio con la única mujer con la que, de las que he conocido, podría haber yo entrado en ese estado; y siendo todo el carácter de la relación matrimonial tal y como la ley establece, algo que tanto ella como yo conscientemente desaprobamos, entre otras razones porque la ley confiere sobre una de las partes contratantes poder legal y control sobre la persona, la propiedad y la libertad de acción de la otra parte, sin tener en cuenta los deseos y la voluntad de ésta, yo, careciendo de los medios para despojarme legalmente a mí mismo de esos poderes odiosos, siento que es mi deber hacer que conste mi protesta formal contra la actual ley del matrimonio en lo concerniente al conferimiento de dichos poderes; y prometo solemnemente no hacer nunca uso de ellos en ningún caso o bajo ninguna circunstancia. Y en la eventualidad de que llegara a realizarse el matrimonio entre Mrs. Taylor y yo, declaro que es mi voluntad e intención, así como la condición del enlace entre nosotros, el que ella retenga en todo respecto la misma absoluta libertad de acción y la libertad de disponer de sí misma y de todo lo que pertenece o pueda pertenecer en algún momento a ella, como si tal matrimonio no hubiera tenido lugar. Y de manera absoluta renuncio y repudio toda pretensión de haber adquirido cualesquiera derechos por virtud de dicho matrimonio”.

De esa unión extraordinaria quedó una obra extraordinaria. En 1832 publican Los ensayos sobre el matrimonio y el divorcio. En ellos indagan en una nueva manera de entender y vivir las relaciones de pareja que no supongan la esclavitud de la mujer, sino un contrato entre iguales. Como queda reflejado en la carta previa a su propio matrimonio, fueron consecuentes en su vida con las ideas que quedaron reflejadas en los ensayos.
Su matrimonio se produjo dos años después de la muerte de John Taylor, el marido de Harriet. Éste murió por un cáncer y Harriet le cuidó hasta el final. En la correspondencia quedó reflejado el respeto –mutuo–, con el que Harriet Taylor también había conseguido vivir ese primer matrimonio.
Harriet falleció en noviembre de 1858. A partir de la muerte de su esposa, fue su hija, Helen, a quien Mill consideraba también hija suya, la que le ayudó en su trabajo intelectual. Helen era digna heredera de su madre en ideas sociales y políticas y especialmente respecto a los derechos de las mujeres.
Mill, respetuoso en cuanto a las aportaciones que tanto Harriet como Helen hacían a su obra, se encargó de reseñar ese trabajo en su autobiografía e incluso en las introducciones de los propios textos. La sujeción de la mujer fue escrito en 1861, pero Mill lo publicó en 1869. En su autobiografía explica sobre este libro:

“Fue escrito por sugerencia de mi hija para dejar constancia de las que eran mis opiniones sobre esta gran cuestión, expresadas de la manera más completa y conclusiva de que fuese capaz. (…) Tal y como fue hecho público en última instancia, contiene importantes ideas de mi hija y pasajes de sus propios escritos que enriquecen la obra. Pero lo que en el libro está compuesto por mí y contiene los pasajes más eficaces y profundos pertenece a mi esposa y proviene del repertorio de ideas que nos era común a los dos y que fue el resultado de nuestras innumerables conversaciones y discusiones sobre un asunto que tanto ocupó nuestra atención”.

La trascendencia de La sujeción de la mujer fue excepcional. Se convirtió en el libro de referencia, algo así como la música de fondo de todo el Sufragismo. Su tesis principal, que Mill desarrollará no sólo con argumentos racionales, sino también apelando a la emoción –pues, como él mismo explica, los prejuicios son difícilmente desmontables desde la lógica–, es la afirmación nítida de las mujeres como individuos libres.
Para los Mill, el matrimonio, tal como estaba regulado, era una forma de prostitución –“acto de entregar su persona por pan”– y defienden el cambio de la ley de matrimonio, el divorcio y la necesidad de que las mujeres recibieran una educación que permitiera su independencia económica y que sólo por amor decidieran la relación con un hombre.
El único punto sobre el que discrepan es sobre el derecho de las mujeres al trabajo. Para Mill no era deseable cargar el mercado laboral con un número doble de competidores. Esta controvertida afirmación de Mill fue muy discutida por Harriet Taylor. Para ella, las mujeres no deberían sufrir ningún límite en sus actividades. Harriet defiende que si hubiera igualdad, no harían falta leyes sobre el matrimonio puesto que las mujeres se formarían para trabajar en lo que gustasen.
Frente al argumento que se esgrimía en aquella época, a saber, que con la entrada de las mujeres en el mercado laboral bajarían los salarios, Harriet defiende que aunque así fuera y la pareja ganara menos que lo que podría ganar sólo el hombre, aún así, se produciría un cambio notable en el matrimonio: la mujer pasaría de sirvienta a socia. Para Harriet Taylor, la desigualdad de las mujeres es un prejuicio debido a la costumbre y mantenido por la ley del más fuerte –en sintonía con lo ya explicado por Poulain de la Barre y Mary Wollstonecraft–, pero Harriet añadía que además, el sexo y el ámbito emocional hacen que la dominación del hombre sobre la mujer sea distinta a todas las demás .
Quizá sea el desarrollo de esta idea en La sujeción de la mujer, la que proporciona la novedad y el punto de vista original a esta obra, “los sutiles matices” de los que le habla Elizabeth Cady Stanton a John Stuart Mill en su carta. Así, además de subrayar la dificultad que tiene acabar con esta desigualdad por la relación íntima y sentimental que se da entre hombres y mujeres, Mill señala que el caso de las mujeres es diferente al de cualquier otra clase sometida lo que hace muy difícil una rebelión colectiva de éstas contra los varones. La peculiaridad, según Mill, consiste en que sus amos no quieren sólo sus servicios o su obediencia, quieren además sus sentimientos: “no una esclava forzada, sino voluntaria”. Para lograr este objetivo han encaminado toda la fuerza de la educación a esclavizar su espíritu:

“Así, todas las mujeres son educadas desde su niñez en la creencia de que el ideal de su carácter es absolutamente opuesto al del hombre: se les enseña a no tener iniciativa y a no conducirse según su voluntad consciente, sino a someterse y a consentir en la voluntad de los demás. Todos los principios del buen comportamiento les dicen que el deber de la mujer es vivir para los demás; y el sentimentalismo corriente, que su naturaleza así lo requiere: debe negarse completamente a sí misma y no vivir más que para sus afectos”.

Para los Mill, los seres humanos son libres e iguales. Desde ese punto de vista su trabajo se esfuerza en criticar y desarticular todas las formas de dominio de las mujeres por parte de los hombres.

Este artículo fue publicado por Nuria el marzo 19, 2013 a las 4:14 pm, y está archivado en 2013, Feminismo para tod@s, Historia del feminismo, Marzo, Sufragismo.