Las desaparecidas de la historia

Las desaparecidas de la historia

mujeres masonas
Por Nicole Pellegrin

Historiadora y antropóloga

¿Quién, en Francia, conoce a la autora de la Declaración de los derechos de la mujer y ciudadana aparecida el 14 de septiembre de 1791? ¿Una candidata a la presidencia a la caza de los votos femeninos en las elecciones de 2007? ¿Un puñado de feministas y algunos historiadores e historiadoras que sueñan con hacer entrar en el Panteón a una mujer de letras honestamente revolucionaria? ¿Acaso no supo aplicar para sí misma el principio “la mujer tiene derecho a subir al cadalso; debe tener también el de subir a las tribunas” (artículo X)? Este pasaje, el más citado de todos los escritos de Olympe de Gouges, tiene un acento dramático que gusta tanto más que el resto de la Declaración, que se contenta con corregir, feminizando el texto de 1789. Dar – de forma concreta y no en abstracto- todos los derechos a todos, comprendido “un sexo superior en belleza y valor”, era pensar de otra manera, también hay que decirlo: con fuerza y humor, tomar en cuenta todas las relaciones sociales y meterse de lleno en un debate europeo sobre la auténtica igualdad, debate abierto por la Ilustración -en el Siglo de las Luces- y que sigue siendo actual.
Ignorada durante mucho tiempo (se publicaron algunos extractos en 1840, pero la primera versión completa la publica Benoîte Groult en 1986), la Declaración firmada (y por tanto plenamente asumida) por de Gouges es dedicada a la reina.
Este folleto parece haber pasado desapercibido en su tiempo, al contrario de lo que sucedió con la “Vindication of the Right of Women, de Mary Wollstonecraft, traducida ya en 1792 y bastante menos radical en la forma. La publicación precedió en dos años a la muerte en el patíbulo de de Gouges, por federalista y antirobespierrista, el día 3 de noviembre de 1793.
Reeditado bajo una forma a menudo truncada, este documento va a tender a convertir a Marie Gouze, viuda Aubry, llamada Olympe de Gouges, un icono internacional del feminismo. Sin embargo, esta fama, que todavía desconoce ampliamente Francia, se queda corta. Cuando se la conoce, es el final trágico de la segunda guillotinada de la historia de Francia (María Antonieta la precedió un poco antes) el que eclipsa el resto de los títulos gloriosos de una mujer transgresora: hija no reconocida de un padre aristócrata y de la hermosa esposa de un carnicero de Montauban, occitana que va a París después de quedar viuda muy joven, novelista autobiógrafa y escritora de teatro maltratada, esta antiesclavista fue una innovadora propagandista que supo hacer circular sus ideas por medio de carteles y a través de la prensa: abolir la trata de negros, reformar el sistema de impuestos y la Constitución, salvar la cabeza de los reyes, dar a todas y a todos el derecho al divorcio, a la educación, etc.
De sus muchas luchas, han quedado sobre todo los ataques frontales en favor de las mujeres. Puesto que “la mujer nace libre y es igual en derechos al hombre” (Declaración, artículo I), “la ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos deber participar personalmente, o a través de sus representantes, en su creación; debe ser la misma para todos: todas las ciudadanas y todos los ciudadanos siendo iguales a sus ojos, deben ser admitidos a todas las dignidades, plazas y empleos públicos, según su capacidad, y sin otras distinciones que aquellas que marquen su virtud y talento” (artículo VI).
Su vida e ideas comienzan a ser bien conocidas gracias al trabajo de Olivier Blanc y a muchas reediciones de sus piezas de teatro y de otros textos (Côte-femmes, Mille et une nuits, Cocagne). Distintos trabajos universitarios bastante recientes proyectan una luz cada vez más matizada sobre una obra singular (Joan Scott, Eléni Varikas, Christine Fauré, Gabrielle Verdier, Catherine Masson, etc).
Pero el destino sufrido por la notoriedad póstuma de de Gouges, incluyendo su carácter de feminista, merece atención en tanto que afecta a un aspecto que generalmente afecta a las innombrables (semi) olvidadas de la historia. Por haber tomado la palabra y hecho utilización de un talento juzgado masculino, estas mujeres pasaron en su tiempo, por mujeres-hombre y marimachos. Ésta reputación inicial, acrecentada a menudo por situaciones que las hacían social y financieramente vulnerables, ha devorado o marginalizado a estas mujeres, cuando no las ha metamorfoseado en arpías y/o en mártires.
George Sand no escapó a este tipo de desfiguración a la vez física y moral; tampoco Madame Roland. En cuanto a sus colegas escritoras, feministas o no, esperaron mucho tiempo antes de reconocer las aportaciones de de Gouges a la reflexión política general y a la causa de las minorías (mujeres o esclavos)en partiuclar. Flora Tristan ¿no se autoproclama en 1843 en La Unión obrera, “La primera que ha reconocido el principio de los derechos de la mujer? ¿Negación o desprecio de la antecesora? No lo sabemos, pero las diferentes etapas del feminismo también han conocido otros olvidos semejantes.
La misoginia de los “descubridores” recurrentes de de Gouges en el siglo XIX, tiene un acento feroz y estúpido: “heróica y loca” (los Goncourt), enferma de “paranoia reformataria” (un tal doctor Guillois), “una pirada en sus días malos, muchísimos, y una perdedora en los que tenía buenos” (Léopold Lacour), etc. Pero en este principio de siglo XXI, sería verdaderamente enojoso ver asentarse una visión que, por querer ser más ponderada, no estaría menos tergiversada y truncada.
Activista de las letras francesas, de Gouges es inseparable de los debates de su tiempo y de un mundo violentamente dividido por la diferencia de sexos, en el que las mujeres comienzan a practicar, sin el maquillaje del anonimato, una brecha visible y controvertida. En medio de escritoras francófonas de talento como Isabelle e Charrière, Germaine de Staël, Stéphanie de Genlis, Constance Pipelet, Louise de Kéralio y muchas otras a menudo olvidadas, de Gouges es, según Fortunée Briquet en 1804, “una de las mujeres más interesantes de su tiempo.
El contexto en el que a autora de la Declaración de derechos de la mujer y de la ciudadana formuló sus ideas, y sobre todo sus sentido hoy día, serán tratados durante dos días, el 14 de noviembre en la sede de la UNESCO y el 15 en Montreuil (Escuela nacional de música y de danza) de 10:00 a 17:30, por especialistas en su obra y “grandes testigos” de la lucha actual por la igualdad de derechos.
Organizado por Le Monde Diplomatique con el apoyo del Sector de ciencias sociales y humanas de la UNESCO, de la Comisión francesa para la UNESCO, de la ciudad de Montreuil, del Consejo Regional de Île de France y de TV5 Monde
Entrada libre previa reserva en www.unesco.fr

Fuente original: Las desaparecidas de la historia. Blog memoria masónica. [en lnea] http://memoriamasonica.blogspot.com.es/2008/10/las-desaparecidas-de-la-historia.html?m=1 [consulta: 09/07/2014]

Tres escritos pioneros del feminismo (3)

Recordamos a Christine de Pisan, Mary Wollstonecraft y Olympe de Gouges

Por Montserrat Barba Pan

La Ilustración marca el punto de inicio del movimiento feminista que se ha construido en las calles y en las casas pero ha encontrado un marco teórico fundamental gracias a escritoras, filósofas y sociólogas cuyas obras son una referencia para la lucha por la igualdad y la comprensión del concepto de ciudadanía universal. En los siglos XV y XVIII, tres ciudadanas publicaron tres escritos básicos para entender los orígenes del movimiento feminista:

cación de los derechos de la mujer”, Mary Wollstonecraft
“Mary Wollstonecraft”© Foto:Stifts- och landsbiblioteket i Skara

mujeres masonas

“Enseñadas desde su infancia que la belleza es el cetro de las mujeres, la mente se amolda al cuerpo y, errante en su dorada jaula, sólo busca adornar su prisión”. Vindicación de los derechos de la mujer.

Casi en paralelo a la de Olympia de Gouges, nace la obra clave de la británica Mary Wollstonecraft (1759-1797), escrita en 1792 y considerada “la primera formulación de una ética feminista” (Celia Amorós). Defiende que la mujer sea educada “en la razón” al igual que el hombre respondiendo así a la propuesta de una educación diferenciada que realiza Rousseau en uno de sus tratados clave, ‘El Emilio’. Para el filósofo ilustrado, las mujeres debían ser educadas en “el placer”, lo cual para Wollstonecraft supone una incoherencia con su propio pensamiento racionalista.

La escritora, madre de Mary Shelley, autora de ‘Frankenstein’, murió muy joven, a los 38 años, debido a complicaciones tras el nacimiento de su hija y dejó varios escritos inacabados. Su vida personal fue muy intensa y tras un escándalo amoroso se fue a vivir a Francia, donde viviría en primera persona los acontecimientos revolucionarios de 1789. El pensamiento previo y posterior a la Revolución Francesa y el desplazamiento de la mujer como ciudadana de derecho a pesar de su papel activo en las revueltas, marcaron sus ideas políticas y sus escritos.

En su obra póstuma, ‘Mary o las injusticias que sufre la mujer’, publicada en 1797, defiende el divorcio, la reforma del matrimonio y la exigencia de acabar con ley con la subordinación de la mujer al hombre.

Feminismo about.com. Tres escritos pioneros del feminismo. http://feminismo.about.com/od/historia/tp/tres-escritos-pioneros-del-feminismo.htm [consulta: 21/01/2013]
Enlace

Tres escritos pioneros del feminismo (1)

Recordamos a Christine de Pisan, Mary Wollstonecraft y Olympe de Gouges

Por Montserrat Barba Pan

La Ilustración marca el punto de inicio del movimiento feminista que se ha construido en las calles y en las casas pero ha encontrado un marco teórico fundamental gracias a escritoras, filósofas y sociólogas cuyas obras son una referencia para la lucha por la igualdad y la comprensión del concepto de ciudadanía universal. En los siglos XV y XVIII, tres ciudadanas publicaron tres escritos básicos para entender los orígenes del movimiento feminista:
“La ciudad de las damas”, Christine de Pizan
“Portada de ‘La ciudad de las damas'”Foto: Cea.
mujeres
“El más grande es aquel o aquella que tiene mayores méritos. La excelencia o la inferioridad de las gentes no reside en su cuerpo según el sexo, sino en la perfección de sus costumbres y virtudes”. ‘La ciudad de las damas’.

La obra ‘La ciudad de las damas’ (‘La cité de les dames’) fue escrita en 1407 por Christine de Pizan (también conocida como Cristina de Pisán), considerada la primera mujer escritora profesional. La autora veneciana, aunque de nacionalidad francesa, construye una ciudad literaria simbólica, habitada por todas las mujeres con méritos no reconocidos o que han dejado huella en la historia, como poetas, filósofas o emperatrices. Critica el abuso de poder de los varones, el maltrato físico y la misoginia en la literatura.

Para algunos especialistas se trata del primer tratado sobre feminismo, “la primera página fuerte de la conciencia feminista” (Romeo de Maio). Otros, como Celia Amorós, ven en ella “un alegato vibrante en defensa de las mujeres”, pero no la consideran todavía una obra feminista al considerar que forma parte “del memorial de agravios”, pero carece de la carga vindicativa o “nervio del feminismo”.
Más allá de las etiquetas, Christine de Pizan fue la primera mujer que se ganó la vida como escritora, además de tener un papel activo como ciudadana, recuperar la memoria de las mujeres y ser la editora de sus propias obras. Es, junto a Juana de Arco, la mujer más destacada de la etapa feudal.
Su obra clave tiene además un gran valor artístico gracias a las hermosas ilustraciones, que puedes ver aquí.

Feminismo about.com. Tres escritos pioneros del feminismo. http://feminismo.about.com/od/historia/tp/tres-escritos-pioneros-del-feminismo.htm [consulta: 21/01/2013]
Enlace

Ruth Benedict. Pionera de la antropología cultural y pionera feminista dentro de las ciencias sociales

R.Benedit

Ruth Benedict (Nueva York, 1887 –1948) Antropóloga y escritora estadounidense. Pionera de la antropología cultural y pionera feminista dentro de las ciencias sociales. Fue una de las primeras en aplicar la antropología al estudio de las sociedades avanzadas. A Benedict se la recuerda hoy en día por sus trabajos relacionados con el carácter nacional de los distintos grupos culturales. Se formó en el Vassar College de Nueva York. En 1914 se casó, pero su marido no quería que trabajara fuera de casa, así que Benedict comenzó un proyecto de biografías de mujeres fuertes, comenzando con las feministas Mary Wollstonecraft, Margaret Fuller y Olive Schreiner, pero el proyecto fracasó al no poder encontrar un editor. Comenzó a publicar poesía bajo el seudónimo de Ruth Stanhope y Anne Singleton. En 1918 empezó a estudiar en la Universidad de Columbia, donde más tarde ejercería la docencia. A partir de 1919 se dedicó a los estudios de antropología. De 1922 a 1929 llevó a cabo investigaciones acerca de los indígenas norteamericanos cuyas conclusiones formuló en sus Esquemas de cultura (1934), obra en la que definió metodológicamente la compleja relación entre individualidad y modelo cultural. Unos años después, trabajando como asistente en las clases del profesor Boas conoció a Margaret Mead, con la tuvo una relación, primero de amor, más tarde de amistad que duraría toda la vida. En 1934 publicó, “Patrones en la Cultura”, en la que defendía la tesis de que cada cultura valora y privilegia ciertas conductas y tipos de personalidades. Así, uno no puede evaluar una cultura usando los estándares de otra. La cultura de cada pueblo es única y sólo puede ser comprendida desde sus propios términos. También señaló que cada cultura ejerce presión en sus miembros para conformar los patrones de la sociedad y tiende a premiar a quienes lo hacen. Otras de sus obras fueron, Zuni Mythology (1935)y Raza: Ciencia y Política (1940). En 1946 publica El crisantemo y la espada: patrones de la cultura japonesa, un profundo estudio sobre la cultura japonesa. Al finalizar la guerra, la Oficina de Investigación Naval comenzó un programa sobre comportamiento humano y Benedict fue elegida para encabezar uno de los proyectos iniciales. Entre quienes nombró para dirigir con ella estaban Ruth Valentine y Margaret Mead. En 1946 fue elegida la primera mujer presidente de la Asociación Antropológica Americana.
Ruth Benedict fue un espíritu libre, tanto en su vida personal como en la exploración audaz de otras culturas y sus sistemas de valores .Hizo hincapié en la importancia de la tolerancia, y en poner fin a la persecución de otras personas sobre la base de la “desviación”
Ana Rquia
Publicado en fuente original:
http://mujericolas.blogspot.com.es/2013/06/ruth-benedictpionera-de-la-antropologia.html?spref=fb&m=1
Mujerícolas

Personas que habitan un cuerpo de mujer
martes, 4 de junio de 2013
Ruth Benedict.Pionera de la antropología cultural y pionera feminista dentro de las ciencias sociales

El poder de las mujeres

No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas

Mary Wollstonecraft

mujeres masonas mary wollstonecraft