Julia Conesa, que mi nombre no se borre de la historia

En esta ocasión, desde la curiosa mirada de Hipatia queremos hablarles de una mujer que antes de morir le rogó a su madre que su nombre no se borrase de la historia. En su carta, Julia Conesa, antes de ser fusilada junto a sus doce compañeras, escribiría: “Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie. Salgo sin llorar. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente. Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar”. Julia cerraba su carta con una suplica, “que mi nombre no se borre en la historia”.
http://losojosdehipatia.com.es/cultura/historia/julia-conesa-que-mi-nombre-no-se-borre-de-la-historia/

La transición borró los nombres de las mayores defensoras de la educación pública

Una vida de película llevó a las hermanas Úriz, pioneras de la escuela moderna en España, a luchar contra el fascismo en la II Guerra Mundial, denunciar ante Naciones Unidas las condiciones de las presas en cárceles de Franco y a promover el Día Mundial del niño, aún vigente, entre otros episodios silenciados en la España democrática

PATRICIA CAMPELO Madrid 27/06/2014

hermanas Uriz

Tres décadas después de su fallecimiento en Berlín Oriental, los nombres de Josefa (1883-1958) y Elisa Úriz Pi (1893-1979) han resonado en un pequeño rincón de Navarra. Un amplio programa de actos organizados por el Ayuntamiento del Valle de Egües, su lugar de origen, ha recordado durante cuatro días el elevado compromiso social de estas hermanas que defendieron los derechos de la mujer y de la infancia ante Naciones Unidas, lucharon con la resistencia francesa en París durante la Segunda Guerra Mundial y se enfrentaron a la Iglesia en defensa de una educación igualitaria, entre otros hitos.

Desde la semana pasada, una plaza de esta localidad navarra lleva el nombre de las dos intelectuales. Además, un colegio público espera ahora la autorización del Gobierno de Navarra para poder rebautizarse con el nombre de una de ellas.

Poseedoras de una mentalidad progresista y una conciencia crítica, la vida de las hermanas Úriz Pi está plagada de episodios, dentro y fuera de España, en defensa de los valores democráticos. Ambas militaron en el Partido Comunista, y tuvieron que exiliarse en 1939. Con la Transición, y el regreso de la democracia tras cuatro décadas de dictadura sus nombres quedaron silenciados.

“Se olvidaron de ellas porque eran dos comunistas y aquí siempre se ha tratado de minimizar el trabajo intelectual realizado por militantes comunistas, a los que se les ha tildado más de saboteadores que de gente que quería ayudar y enseñar”, lamenta Olga García Domínguez, hija de miembros del PCE exiliados en Alemania y vecina de Elisa Úriz en Berlín Oriental. “En este país se ha ocultado todo”, subraya.

Olga es una de las personas que ha preservado el legado de las hermanas Úriz a través de los múltiples documentos que guarda de ellas, fruto de la estrecha convivencia que mantuvieron los padres de Olga con Elisa tras la muerte de la hermana mayor.

Pioneras de la escuela moderna en España
Maestras de profesión, se considera a Josefa y a Elisa como las precursoras de la escuela moderna en España. Introdujeron los avanzados métodos educativos de María Montessori, Celestine Freinet, Ovide Decroly y Jean Piaget, entre otros, décadas antes de que comenzaran a generalizarse en el país.

Democratizaron las aulas eliminando las tarimas, se opusieron a los castigos, promovieron las asociaciones de padres y madres, sustituyeron los manuales por apuntes e introdujeron el comentario de texto sobre lecturas relacionadas con la realidad social. Josefa Úriz, Pepita, que dirigió la escuela normal de Magisterio de Lleida, creó la primera cátedra de estudio del catalán, abrió una residencia laica para que las jóvenes no se tuvieran que alojar en conventos y modernizó la biblioteca de la escuela, con una sala de lectura y gestión de préstamo de libros, antes inexistente.

“Eran mujeres muy activas; estuvieron en París, en el Congreso de la Paz, y becadas en Europa” relata Olga. En concreto, Pepita trabajó en Bélgica con el doctor Decroly y Elisa en Ginebra, estudiando los nuevos métodos de aprendizaje musical de Dalcroze, según ha indagado el historiador y periodista Manuel Martorell, que ha investigado la vida de estas dos hermanas y, junto a Olga, participó en los actos de homenaje de la pasada semana en Navarra.

Desterrada por recomendar una lectura feminista
La llegada de Pepita Úriz a la escuela normal de Magisterio de Lleida, con sus métodos avanzados, llamó pronto la atención de los estamentos más conservadores de la ciudad. “El obispo Josep Miralles la denunció ante el rectorado de la universidad por haber recomendado a sus alumnas que leyeran un libro de Margarita Nelken”, cuenta Olga. La denuncia derivó en un expediente que acabó convirtiéndose en una cuestión de estado. “Intelectuales de la época como Menéndez Pidal, Ramón y Cajal y Julián Besteiro firmaron un manifiesto de apoyo a Pepita”, explica.

El propio presidente de las Cortes salió en su defensa, paralizando el proceso y provocando la dimisión del ministro de Educación. Pero la llegada de la dictadura de Primo de Rivera reabrió el expediente, y fue expulsada a 100 kilómetros de la ciudad sin empleo ni sueldo durante un año. “Hubo una campaña a su favor y sus compañeros hicieron una colecta para poder pagarle durante un año el salario”, añade.

Hasta 100.000 menús infantiles al día en plena guerra
Sensibilizadas con las víctimas más débiles de la Guerra Civil, los niños, ambas hermanas participaron en la ayuda de retaguardia. “Estuvieron muy activas en las colonias pedagógicas, alimentando a los niños”, indica Olga. Llegaron a dar, según datos contrastados por Martorell, hasta 100.000 comidas al día. Pepita fue, desde septiembre de 1938, directora general de Evacuación y Refugiados, nombrada por el gobierno de la República. Ayudaron también a cientos de profesores a partir hacia el exilio.

hermanas uriz 2

Antes del estallido de la guerra, las hermanas se habían afiliado al Partit Comunista de Catalunya, donde también militaba el que fuera marido de Elisa, el secretario general de la UGT catalana Antonio Sesé. “Lo mataron el día que iba a tomar posesión de su cargo de ministro”, apuntala Olga. El matrimonio junto a la hermana mayor, Pepita, promovió la fundación del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC). Esta última, además, fue elegida secretaria general de la rama catalana del principal sindicato de trabajadores de la enseñanza, FETE-UGT, en agosto de 1936, y elevada a presidenta año y medio después, según consta en la documentación que Olga conserva de las hermanas.

Con una trayectoria a sus espaldas en defensa del progreso y la democracia -en 1934 impulsaron la asociación Mujeres Antifascistas Españolas-, Elisa y Pepita Úriz no tenían sitio en la oscura dictadura que cercenó de raíz los avances republicanos. En febrero de 1939, dos meses antes de que los militares sublevados, con Franco a la cabeza, proclamaran su victoria en Burgos, las hermanas navarras abandonaron el país para no volver nunca más.

Lucha contra el fascismo en el maquis francés
Cruzaron la frontera por los Pirineos, y en el exilio en Francia volvieron a vivir de manera intensa otra guerra. Lucharon contra el nazismo al lado de la resistencia española en París, formando parte del núcleo dirigido por los hermanos Miret. Cuando este grupo fue desarticulado, en 1942, Josep Miret fue asesinado en el campo de concentración de Mauthausen. Elisa y Pepita lograron escapar.

“A Elisa no le gustaba mucho hablar de sus ‘batallitas’, como ella decía. Cuando empecé a mirar con detenimiento sus documentos comencé a saber más de su vida. Vi que tenía hasta un carnet para portar armas, consecuencia de su pertenencia al primer grupo armado de la resistencia parisina”, detalla Olga.

Tras años escasos de tranquilidad en París, el gobierno francés expulsó a los militantes comunistas en el marco de la denominada ‘Operación Bolero’, en 1950. Las hermanas navarras recibieron su expulsión en abril de 1951. La Guerra Fría las obligaba a vivir en su lado ideológico del mundo, y cruzaron el Telón de Acero para instalar su residencia en Berlín Oriental. Pepita murió y fue enterrada en esta ciudad. La hermana menor continuó su actividad intelectual, más sosegada en los últimos años, según recuerda Olga, estudiante de Medicina en aquel tiempo. “Era una mujer muy generosa y solidaria; mi padre era ciego y ella bajaba todos los días a leerle los periódicos. También le interesaba mucho la actualidad política, leía prensa de diferentes países a diario”.

En defensa de las mujeres presas en cárceles de Franco
Elisa Úriz, en el marco de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM), donde llegó a la secretaría general, propuso que cada 1 de junio se celebrara en todo el mundo una jornada para la infancia equiparable al 8 de marzo para la mujer. Tras años de trabajo, Naciones Unidas proclamó el Día Mundial del Niño, cita que muchos países siguen recordando. “Después, costó mucho que se mantuviera porque dentro de la Federación había mujeres de muchas orientaciones políticas que apoyaban que cada país tuviera su propio día de la infancia”, aclara Olga, cuya madre, Isabel Domínguez, sustituyó a Elisa como representante española en la FDIM.

Con esta organización, la menor de las Úriz denunció las condiciones en que vivían las presas en las cárceles de Franco, y logró en 1948 que una comisión de juristas visitara las prisiones madrileñas de Las Ventas y Yeserías. Elisa formó además parte de la Unión de Mujeres Españolas, organización integrada por grupos que actuaban en la clandestinidad durante la dictadura, y participó en el consejo de redacción de la revista Mujeres Antifascistas Españolas con Dolores Ibárruri, Victoria Kent y Teresa León, entre otras. “Este movimiento estaba originado por las mujeres de los presos, las que lucharon por las libertades de sus compañeros y por la libertad en general”, concreta Olga.

35 años después del fallecimiento de Elisa, el Valle de Egües (18.000 habitantes), ha reconocido la figura de estas dos mujeres, desconocidas en su país, que con su trabajo allanaron el camino por el que se han ido conquistando los derechos sociales de las mujeres en muchos países del mundo.

Fuente original (on line): Público.es http://www.publico.es/politica/530506/la-transicion-borro-los-nombres-de-las-mayores-defensoras-de-la-educacion-publica

El misterio del hombre que liberó París

Portada del periódico francés 'Libération' que muestra una foto en la que se puede ver a la derecha al primer soldado del ejército francés que entró en París para liberar la ciudad en agosto de 1944

Portada del periódico francés ‘Libération’ que muestra una foto en la que se puede ver a la derecha al primer soldado del ejército francés que entró en París para liberar la ciudad en agosto de 1944

A. Alvarez
Ciudadana española en Francia

Desde el pasado 6 de junio, en el país de los franceses se ha comenzado a celebrar el 70 aniversario de todo: desembarco, liberación… Pero se les olvida algo.

El 25 de Agosto de 1944, el periódico francés Libération publicaba en su portada la foto del primer soldado de Leclerc que entraba en París. El titular decía que era americano y no daba su nombre. En Francia se conocen obra y milagros de cualquier combatiente de última hora que pasaba por allí y no ha transcendido cómo se llamaba el primer soldado del ejército francés que el 24 de agosto entró en París para liberar la ciudad. ¿No les parece raro?

Fíjense bien en la foto de esa portada. Está tomada la noche del 24 en el Ayuntamiento de París. En el centro, George Bidault, presidente del Consejo Nacional de Resistencia, y a su derecha nuestro hombre, quien el 26 de agosto abría el desfile de la Victoria por los Campos Elíseos. Desfile en el que De Gaulle legitimó su posición frente a los aliados que hasta ese momento se frotaban las manos esperando “administrar” Francia.

A este soldado, sus convicciones democráticas le guiaron allí donde reside el poder civil de la ciudadanía. El Ayuntamiento de París se convirtió en símbolo del pueblo soberano por cuya defensa estaba dispuesto a morir. La Prefectura también se había sublevado, pero a esa no la vota el pueblo.

Nuestro hombre lleva uniforme americano, pertenece al ejército francés, ha luchado con Leclerc en el norte de África, pasado por Inglaterra, desembarcado en Normandía y por si fuera poco, se trata de un republicano español. ¿Acaso se le levantó un monumento al europeo del año? No, Francia se limitó a echarle de la historia con minúscula, la que se amolda a las necesidades políticas del momento.

Vichy creó escuela y la “razón de Estado” que todo lo justifica siguió ganando adeptos en la posguerra. Siempre hay alguien que quiere decidir lo que el pueblo debe o no debe saber. Necesitamos la verdad si queremos construir libertades.

Franceses y españoles siempre han estado preparados para saber la verdad
Los ciudadanos franceses y españoles, por mucho que sus gobernantes se hayan empeñado en lo contrario, siempre han estado preparados para conocer la verdad, cualquier verdad, incluso el nombre de este hombre y el de tantos miles de republicanos españoles que lucharon y murieron con las Fuerzas de la Francia Libre. En el ejército, en la resistencia y en la guerrilla. No fueron los únicos extranjeros, pero sí los más numerosos con diferencia. Ellos continuaban una guerra contra el fascismo que había empezado en España en el 36. Libertad, igualdad y fraternidad. Bonitas palabras que no significan nada si no hacemos justicia a la memoria de los hombres que sí creyeron en ellas y abrazaron la causa de Francia y de Europa porque era la causa de la libertad.

Qué inocencia o qué grandeza hacer la guerra por ideales y no por conquistar y mantener imperios que aseguren la explotación de los recursos del otro. Si el objetivo hubiera sido acabar con el fascismo, los aliados hubieran entrado en Madrid junto al ejército de la República española. Europa nos ha recordado, con la utilización de la crisis dentro de los parámetros de la doctrina del shock y los resultados electorales del 25-M, que no se acabó con el fascismo, más bien se le permitió mantenerse en un discreto segundo plano, a la espera de tiempos mejores.

Setenta años de silencio son demasiados. El hombre de la foto, el primer soldado aliado que entró en París, se llamaba Amado Granell. Oficial del Ejército Republicano Español y voluntario del Ejército de la Francia Libre, llegó al Hotel de Ville el 24 de agosto de 1944, tras ocho años de lucha contra el fascismo.

Granell no entró solo, le seguían sus hombres de La Nueve, la legendaria 9ª compañía del III Batallón de Marcha del Tchad, de la 2ª División Blindada (2ªDB), conocida como División Leclerc. Aunque había republicanos españoles en todo el ejército de la Francia Libre, La Nueve era conocida por su nombre en español, idioma oficial de la compañía. Dirigida por el Capitán Dronne y el Teniente Amado Granell, estaba compuesta por 160 soldados, de los que 146 eran españoles, ex combatientes del ejército republicano español. Habían empezado su lucha contra el fascismo de Hitler, Mussolini, Franco y Salazar en 1936, cuando la mayoría de ellos no contaba ni 20 años.

Con el Pacto de Múnich, Europa abandonaba a la República española, pero los republicanos españoles no abandonaron nunca ni sus ideales ni a Europa. Pagaban así una deuda de honor contraída con los Brigadistas Internacionales.

Los soldados eran héroes con un fuerte sentido de justicia y solidaridad

Granell y Dronne siguieron recorridos distintos y Granell llegó al ayuntamiento a las 21:20 horas después de cruzar el Sena. Hitler había dado la orden de destruir la ciudad y las Fuerzas del Interior (FFI) no aguantaban más. No había tiempo para comprobar si el puente estaba o no minado, Granell lo verificó sobre la marcha. Cruzando solo, al volante de su vehículo en un ejemplo de las muchas acciones casi suicidas que realizaban estos míticos soldados. Estaban hechos de otra pasta, héroes forzados por las circunstancias, con un fuerte sentido de justicia y solidaridad. Granell es el primer oficial del ejército francés que llega al ayuntamiento y es recibido por el Consejo Nacional de Resistencia que ocupa el palacio. En ese momento le toman la foto junto a G. Bidault.

Los half-tracks, vehículos blindados semiorugas de La Nueve, toman posiciones en la plaza del ayuntamiento y esperan acontecimientos. Llevan en el frente nombres como Gernika, Madrid, Don Quijote, Guadalajara, Teruel o España cañí. El Capitán Dronne llega más tarde con los tres tanques de la 501ª llamados Montmirail, Champaubert y Romilly, que curiosamente sí han pasado a la historia.

Suenan las campanas de Notre Damme y le siguen las de todo París. La radio entrevista a esos hombres y al exilio español ya no le cabe duda de que Madrid será la siguiente.
La Nueve era la compañía de choque de la 2ªDB de Leclerc. Siempre los primeros, siempre adelante, sin retroceder jamás. Desde Normandía hasta Berchtesgaden, el nido de las águilas de Hitler. De los 146 iniciales sólo llegaron 16. El General Leclerc conocía muy bien a estos hombres, por eso les confió París. Eran antimilitaristas e incluso pacifistas, pero estupendos soldados. Su iniciativa e independencia a la hora de hacer la guerra encajaba perfectamente con el espíritu indómito de Leclerc. Como él, no aceptaban órdenes estúpidas, necesitaban entender el objetivo y la razón de las mismas. Y sólo respetaban a los mandos que daban ejemplo en el combate y a los franceses libres de primera hora.

Los republicanos españoles salieron de España perseguidos por el ejército de Franco en el 39. Fueron internados como indeseables en los vergonzosos campos de concentración franceses. Al trasladarse la guerra a Europa, se ofrecieron como voluntarios para luchar bajo bandera española, pero sólo se les dio la opción de la Legión o la vuelta a España a una muerte segura. Algunos llevaban con Leclerc desde el principio, habían asistido al juramento de Koufra y participado en la epopeya del desierto desde el Tchad hasta la Cirenaica. Otros habían luchado desde Noruega a Bir Hakeim con la Legión. Muchos se unieron en cuanto pudieron desertar del ejército al servicio de Vichy tras el armisticio. No faltaban los que iban escapando de los campos de concentración franceses en el norte de África. Verdaderos centros de exterminio cuyos mandos fueron juzgados y algunos fusilados.

En la liberación de París, La Nueve participó en diversos combates y lo hizo junto a los cuatro mil compañeros españoles del exilio que estaban en la Resistencia y la guerrilla de la ciudad. La Nueve ocupa la posición de honor durante el desfile de la Liberación. El día 26, los half-tracks con nombres españoles y banderas de la República española escoltan a De Gaulle y al Consejo de las Fuerzas del Interior y reciben la aclamación y el cariño del pueblo francés. Los españoles ven más cerca el día en que los aliados les ayuden a entrar y liberar Madrid. Pero los aliados tienen otros planes y mantienen a Franco.

Granell vivió entregado a liberar a España del fascismo
Amado Granell sobrevivió a la guerra, recibió la Legión de Honor de manos de Leclerc y pasó el resto de su vida entregado a la causa de liberar pacíficamente a España del fascismo. No lo consiguió.

El 25 de a/gosto, 70 aniversario de la liberación de París, el presidente Hollande, que dice que “para que todo cambie no hay que borrar nada”, tiene la ocasión histórica de honrar la memoria de los luchadores por la libertad que parecen haber sido “borrados” de la historia de Francia. La Europa que ayudaron a liberar tiene una deuda de honor con los republicanos españoles.

El fin de semana del 24 de agosto, París tiene que ser una fiesta. Sin subvenciones ni ayudas se ha creado una asociación que ha organizado charlas, coloquios, teatro y una manifestación festiva por el recorrido de La Nueve. Estamos todos invitados.

Más información sobre actos en París en www.24-aout-1944.org

Fuente original de este artículo: [en línea] http://www.publico.es/politica/533393/el-misterio-del-hombre-que-libero-paris [consulta 29/07/2014]

¿Quién fue el responsable del “millón de muertos” de Hernando?

¿Quién fue el responsable del “millón de muertos” de Hernando?

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Ante las declaraciones del portavoz adjunto del PP en el Congreso sobre la II República, ‘Público’ ha contactado con cuatro historiadores de conocido prestigio para explicar por qué hubo una Guerra Civil y quién fue el culpable de las más de 500.000 víctimas mortales que causó el conflicto bélico.

Alejandro Torrús – Público – 01/09/2013
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Rafael Hernando, portavoz adjunto del PP en el Congreso, acudió al programa de televisión La mañanas de Cuatro con una estrategia clara: comparar la apología del fascismo y de la dictadura de Franco con el apoyo a la Segunda República. Ante la insistencia del presentador para que contestara a la pregunta de si aboga por expulsar a los jóvenes de Nuevas Generaciones (NNGG) que muestren símbolos franquistas, Hernando perdió los papeles y acabó diciendo que “las consecuencias de la Segunda República llevaron a un millón de muertos”.

El argumento no es nuevo. A la hora de justificar la Guerra Civil, que acabó en genocidio, diversos políticos conservadores, como Esperanza Aguirre o Manuel Fraga, así como historiadores neofranquistas, han utilizado como argumento el fracaso de la II República. “La II República fue un auténtico desastre para España y los españoles”, escribió Aguirre en un artículo publicado en ABC. Fraga fue aún más lejos y en una entrevista concedida a El País en el año 2007 señaló: “Pero los muertos amontonados son de una guerra civil en la que toda responsabilidad, toda, fue de los políticos de la II República. ¡Toda!”, dijo.

Para aclarar esta cuestión y con la intención de evitar que a base de repeticiones se pueda terminar convirtiendo en verdad, Público ha contactado con cuatro historiadores de reconocido prestigio en el campo de la historiografía de la Guerra Civil repitiendo una única pregunta: ¿Quién fue el responsable del millón de muertos de la Guerra Civil? Estas son sus contestaciones.

Julián Casanova
Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza

La Guerra Civil es resultado de un golpe de Estado y de una sublevación militar. Sin ese golpe de Estado habrían pasado muchas cosas pero nunca se hubiera abierto una Guerra Civil. No se puede decir nunca que la República provoca un millón de muertos. Primero porque la Guerra Civil cuenta 600.000 muertos más 50.000 asesinados después de la guerra por el régimen. De esos 600.000 muertos, 130.000 son asesinados en las zonas controladas por los rebeldes y unos 55.000, en la zona republicana. El resto muere en el frente de batalla.

Además, la República, que llega por un proceso de elecciones libres, no tiene ningún plan de exterminio. A la República, como dice Azaña, le obligan a hacer una guerra. Es obvio que por abajo hubo un sector de gente que aprovechó la situación para tratar de eliminar al que consideraba su enemigo, pero la República paró esa dinámica en diciembre de 1936 y eso se puede ver perfectamente en el registro de defunciones. En bando franquista, sin embargo, las voces dirigentes, incluidas la Iglesia católica, defienden hasta el final el exterminio del contrario. Las fuentes históricas son muy claras respecto a este tema, pero este país nunca ha tenido educación histórica en las aulas y la educación política es como es.

Mirta Nuñez
Directora de la cátedra de Memoria Histórica de la Universidad Complutense de Madrid

El señor Hernando ha bebido de leyendas franquistas. Por varios motivos. Como ya está más que demostrado, nunca hubo un millón de muertos aunque evidentemente la guerra fue sangrienta, terrible y triste. Lo que debería saber el señor Hernando es que lo que causó la guerra fue un golpe de Estado encabezado por militares insurrectos que tenían en su cabeza al general Mola y al general Franco. Por tanto, al millón de muertos, como él dice, se les puede poner cara. Cabe decir también que la República fue el primer régimen democrático de España.

Fue el primero en salir de unas urnas limpias y el primero en llevar una reforma progresista del Estado en forma de revolución burguesa, tantas veces frustrada en España. Además, fue una reforma que se intentó hacer desde la ley y el Parlamento por lo que fue un proceso mucho más lento de lo que hubieran querido muchos sectores sociales. Las investigaciones han mostrado también como los llamados rebeldes, de modo frecuente, elaboraban en pueblos y ciudades listas de miembros de partidos políticos o sindicatos dando lugar a una brutal represión, a veces legal y otras veces irregular. No hay que olvidar que los enemigos de los insurrectos no eran sólo los partidarios del marxismo sino también los demócratas. El odio de los insurrectos hacia la democracia se puede probar.

José Luis LedesmaHistoriador e investigador. Coautor de Violencia roja y azul

Las declaraciones de Hernando lo retratan mejor que una descripción. El problema es que no se le debería prestar ninguna atención si no fuera por el cargo que ostenta. Desde un punto de vista histórico, político y moral, sus declaraciones son aberrantes. Sus declaraciones, además de falsas y contrarias a un 99% de los historiadores, son aberrantes moralmente. Si tenemos que discutir sobre quién causó “el millón de muertos” no son los republicanos sino los que provocaron la Guerra Civil, es decir, una parte del Ejército español que se sublevó contra la legalidad, contra un Gobierno legítimamente constituido y el fracaso de ese golpe de Estado provocó la guerra.

La única participación de la República en aquella guerra fue defenderse. Sus afirmaciones muestran como una parte del Partido Popular utiliza aún hoy argumentos rancios que proceden de la propia propaganda del régimen franquista. Sus declaraciones son tan aberrantes como decirle a Alemania que la República de Weimar provocó el holocausto judío. Lo más grave es que su afirmación busca absolver de cualquier tipo de responsabilidad al otro bando y justificar la Guerra Civil.

Francisco Sánchez Pérez
Profesor Historia Universidad Carlos III. Coordinador de Los mitos del 18 de julio

Las declaraciones de Hernando responden a un patrón habitual de mezclar la Guerra Civil y la República. Esta es una manera frecuente de deslegitimar la democracia que hubo en este país antes de Franco, es decir, la República. La Guerra Civil es producto de un golpe de Estado militar que contó con el apoyo de civiles de extrema derecha. De todo esto, la República no tiene ninguna culpa. En otros países hubo tensiones similares y no se resolvieron con un golpe de Estado ni una Guerra Civil. En España tenemos el problema de quién ganó la Guerra Civil.

Mientras en Europa las democracias liberales y el comunismo ganaron al fascismo, en España, la Guerra Civil la ganó el fascismo doméstico. En Europa no puedes hacer símbolos nazis, aquí hasta dirigentes de NNGG se hacen fotos con símbolos fascistas. Este es un problema histórico que tenemos en este país. La derecha española tiene el problema de que reivindica la derecha antiliberal que existió durante la República, la derecha de Gil Robles o Calvo Sotelo. No citan a Alejandro Lerroux o Alcalá Zamora. Beben de la derecha más extrema. La República tuvo sus problemas, pero los muertos tienen que ver con los que estaban en contra de la República y no aceptaron el juego democrático. Su argumento es completamente insostenible. El problema de todo esto es que la frase la ha dicho el portavoz adjunto del Congreso del PP. Estaría bien saber qué libro de referencia sobre la República y la Guerra Civil tiene Hernando. Sería interesante ver qué ha leído sobre el tema. Esta es una incógnita que ocupa muchas conversaciones entre los profesores.

Fuente de este artículo: Enlace a buscameenelciclodelavida

Homenaje a mujeres represaliadas ante la tumba de Queipo de Llano

El general franquista está enterrado con honores en la basílica de La Macarena, en Sevilla.

Vestidas de riguroso luto, un grupo entró tímidamente y en silencio sepulcral en la iglesia depositando sobre la tumba de Queipo una corona de flores blanca con un lazo rosa en el que se podía leer ‘Las mujeres no olvidamos. 1936-2013’.

Colectivos feministas recuerdan sus discursos en los que animaba y justificaba la violación de mujeres “por mucho que berreen y pataleen”.

Este viernes era el Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme. Una treintena de mujeres rindieron homenaje a las represaliadas durante el alzamiento golpista contra la II República, la guerra civil y la dictadura de Franco. La acción, promovida por algunos colectivos feministas de Sevilla, quiso recordar especialmente a aquellas que sufrieron la represión en Andalucía de la mano del teniente general Gonzalo Queipo de Llano, que en sus discursos desde Radio Sevilla llegó a animar y justificar la violación de las mujeres del bando republicano.

Una grabación de estos discursos sonó ayer frente a la basílica de la Macarena, donde el general fascista está enterrado con honores: “Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad y de paso también a sus mujeres. Esto está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”.

Parte del grupo de mujeres, vestidas de riguroso luto al estilo de los años de aquellos sucesos, entró tímidamente y en silencio sepulcral en la iglesia depositando sobre la tumba de Queipo una corona de flores blanca con un lazo rosa en el que se podía leer ‘Las mujeres no olvidamos. 1936-2013’. Rápidamente, uno de los trabajadores de la basílica se acercó extrañado por la presencia del grupo y, al encontrarse una cámara grabando el momento, espetó un “oye, aquí no se puede grabar sin permiso”. En apenas 30 segundos abandonan la iglesia sin mediar palabra. Fuera, un grupo más amplio esperaba, junto al arco de la Macarena, con una réplica en madera de la lápida de Queipo de Llano, sobre la que realizaron un baile flamenco a modo de acción artística-política. Silencio, luto, dos mujeres se miran y empieza la coreografía. Suena compás flamenco y los tacones en golpes secos bailan sobre la tumba del líder militar, cuyo golpe supuso el asesinato, solamente en Sevilla entre julio de 1936 y enero de 1937, de más de 3.000 personas.

Tras el simbólico zapateado, dieron lectura a un texto en el que recordaron la vida y valentía de aquellas mujeres sobre las que se ensañaron, porque representaban “la transgresión del modelo tradicional de mujer, participando activamente en la vida cultural, económica y social”. Juzgadas por el tribunal militar, condenadas a una represión de carácter ejemplarizante, “afeitándoles la cabeza, exponiéndolas a la vergüenza pública ataviadas con un camisón. También fueron violadas y usadas como botín de guerra”.

Hasta 2008, Gonzalo Queipo de Llano era hijo adoptivo de Sevilla; hasta 2009, la Virgen de la Macarena vestía su fajín. El año pasado, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, expedía el título de marqués al nieto del general, algo que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica consideró un insulto a las víctimas de la dictadura. Sus restos son aún venerados y reposan en un lugar privilegiado de la iglesia como Hermano Mayor Honorífico.

“Queremos decir que nosotras, igual que aquellas mujeres, queremos seguir construyendo un mundo libre, igualitario y justo”, afirmaron. Con la frase “los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”, cerraban la lectura del texto y justo en ese instante las campanas de la iglesia empezaron a repicar, sumándose en una metáfora paradójica al aplauso del público congregado. Finalizado el acto con cantos, las mujeres abandonan el lugar con celeridad. “Han llamado a la policía”, se escucha.

En este vídeo más completo se observa el recorrido histórico por las calles de Sevilla que hizo este grupo de mujeres, que este viernes se ha sumado al Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme con varias representaciones y cánticos en homenaje a las represaliadas:

Artículo de Público: Mujeres en guerra: resistencia ‘roja’ y ‘liberada’

Adjuntamos artículo publicado en el Diario Público.es, que podeis ver directament en el siguiente enlace:

Lleva por título: Mujeres en guerra: resistencia ‘roja’ y ‘liberada’ y es obra de Alejandro Torrús.

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Mujeres en guerra: resistencia ‘roja’ y ‘liberada’

La resistencia al régimen de Franco no se puede entender sin el rol de la mujer. Mujeres que, en el punto de mira del dictador por su ideología y por su género, tuvieron que sacar adelante a sus familias con sus hombres fusilados, encerrados o desaparecidos y el cartel de ‘roja’ en la frente.

ALEJANDRO TORRÚS Madrid 05/03/2013 07:00 Actualizado: 05/03/2013 15:57

A Juliana Cortés, en 1947, a la edad de 64 años, la metieron en una poza con el agua hasta las rodillas para forzarla a decir dónde estaba su hijo, republicano huido en los montes de Escañuela, en Jaén. A Dolores Martínez la condenaron a muerte en 1941 por ser una “mal bicho procaz”. Enriqueta Martín tenía que andar 34 kilómetros, el camino de ida y vuelta hasta el pueblo vecino, para introducir tabaco, harina y aceite en su pequeño pueblo de Granada, y alimentar, así, a sus cuatro hijos. Su marido, pastor de profesión, y sus dos hijos mayores desaparecieron en 1937. Rosa Cañadas, con apenas 20 años, tuvo que limpiar casas, picar piedra y coser pantalones, entre otras funciones, para sacar adelante a una familia de cinco hermanos cuyo padre, alcalde de Guadalajara durante la República, había sido fusilado y todas sus pertenencias requisadas.

Todas estas historias son historias reales, con nombres reales, que sucedieron en la larga noche de la dictadura franquista. Son sólo un pequeño número de casos tan comunes como ciertos. Mujeres que, en el punto de mira del régimen por su ideología y por su género, tuvieron que sacar adelante a sus familias con sus hombres fusilados, encerrados o desaparecidos y el cartel de ‘roja’ en la frente. Heroínas que a base de trabajo, sacrificio y agallas consiguieron sacar adelante a sus familias sin olvidar que la lucha por la democracia dejó en la cuneta a muchos de sus seres más queridos.

Emilia Cañadas, una mujer de 84 años que con tan sólo ocho primaveras vio cómo los falangistas fusilaron a su padre, Antonio Cañadas, alcalde de Izquierda Republicana de Guadalajara, resume a la perfección el sentimiento de toda una generación de mujeres que trabajó por la dignidad y la democracia: “He luchado en mi infancia para sacar adelante a mis hermanos. Después, para alimentar a mis hijos y ahora, mi obligación, a pesar de mi edad, es morir luchando. No tengo otra misión en esta vida. Siempre me he sentido feminista, revolucionaria y comunista. Con 14 años entré a una fábrica y allí sentí la opresión del trabajador. Después pasé a trabajar en una oficina de seguros y jamás logré entender por qué cobraba menos que mi compañero hombre”.

La República significó para la mujer el inicio de la conquista del espacio público. El derecho al voto, a la educación y al divorcio fue el reflejo legislativo de un espíritu liberador que agitó España. Las esperanzas de emancipación, no obstante, fueron cortadas de raíz por la cruzada católica emprendida por el autodenominado bando nacional.

La represión de la mujer en la dictadura franquista, cuenta Pura Sánchez, autora del libro Mujeres de dudosa moral, fue doble. Por “rojas” y por “liberadas”. Por tanto, el castigo también fue doble. Por una parte, las mujeres fueron juzgadas y condenadas por tribunales militares por delitos de auxilio, incitación o excitación a la rebelión. Es decir, por rojas. Por otro lado, se produce una segunda condena social. La condena a la reclusión en el espacio doméstico y al abandono de los espacios públicos que sólo podían ser ocupados única y exclusivamente por hombres.

Emilia: “Mi obligación, a pesar de mi edad, es morir luchando. No tengo otra misión en esta vida”
“Además, hay otra forma de represión protagonizada por las fuerzas paramilitares del régimen”, cuenta Pura Sánchez. “Fue un tercer tipo de represión extremadamente violenta y arbitraria que tenía un fuerte carácter ejemplificador. Consistía en llegar al pueblo recién conquistado por el bando franquista, escoger a un grupito de mujeres, afeitarles la cabeza, hacerles beber aceite de ricino y exponerlas a la vergüenza pública. Las demás ya sabían a qué se arriesgaban si decidían desobedecer al régimen”, explica Sánchez, quien añade que la mujer fue utilizada durante la Guerra Civil como un “botín de guerra”. “El cuerpo femenino sirvió para evidenciar el poder de los hombres”, sentencia Sánchez.

Con la cabeza ‘pelada’
La explicación histórica de Pura Sánchez encuentra su reflejo en la realidad en la vida de Juliana Cortés, una mujer de Escañuela (Jaén) a la que pelaron dos veces, una al terminar la guerra y otra un poco después, cuando ya le había crecido el pelo y fue un día a por agua, con tan mala suerte que se encontró a “una mujer de derechas, que avisó de nuevo a los falangistas” de que Juliana se había dejado ver por el pueblo.

“A mi madre y a nueve mujeres más las “pelaron”; a mi madre no la pasearon, pero a las otras sí, con tambores por la calle, a finales de abril del 39. Se echaron a la calle los falangistas, que eran del pueblo. Las “pelaron” en la cárcel y en la casa de Falange y les dieron aceite de ricino. La gente, los de derechas, iban a mirar, los niños y los mayorcitos iban detrás. Las mujeres de nuestra clase no iban a ver, pero las otras sí”, recuerda hoy María González, hija de Juliana.

“Con nosotros, el régimen se encabronó sobremanera”, resume María
La vida de María, no obstante, no fue más fácil que la de su madre. Cuando estalló la guerra civil esta mujer tenía 17 años recién cumplidos. Conoció a su marido, y padre de sus ocho hijos, Joaquín Pérez Sicilia, durante la Guerra Civil , en la cárcel de Jaén, donde compartía celda con uno de sus hermanos. Su padre había muerto poco antes del inicio del conflicto, uno de sus hermanos fue fusilado en noviembre del 39 y el otro huyó a la sierra para no correr la misma suerte que su familiar. “Con nosotros, el régimen se encabronó sobremanera”, resume María, quien en los años de la Guerra tuvo que trabajar para poder llevar alimentos a su hermano encarcelado.

Tras “picar mucha piedra”, como ella misma señala, María y su marido deciden emigrar a Madrid, en 1947, para intentar mejorar su vida y la de los suyos. No había sabido nada de su hermano huido. Sin embargo, al poco de llegar a la capital un guardia civil de Escañuela se presentó en la casa de María y se llevaron preso a Joaquín, su marido. Se trataba de una acción destinada a forzar la entrega de su hermano Adriano, que seguía en la sierra. Al día siguiente, María fue a buscar a su marido con ropa y comida, iba con su hijo de 17 meses en brazos, y embarazada de otro, pero también fue apresada.

María pasó dos días y una noche en el cuartel de Vallehermoso. En ese tiempo le pegaron varias veces con un vergajo para quitarle al niño, pero ella resistió. Al mismo tiempo, habían encarcelado en Jaén a su madre, Juliana Cortés, de 64 años, a la que pegaron y metieron en una poza con el agua hasta las rodillas para forzarla a decir dónde estaba su hijo. Pero nadie lo sabía. Hasta cinco familiares llegaron a estar procesados por esta causa. A María, a Joaquín -su marido- y a su madre -Juliana- les condenaron a seis años de cárcel; a su hermano Miguel, a 20.

María recuerda, como si fuera ayer, el día del juicio: “Se celebró en una sala enorme, como un pabellón de deportes, en el que juzgaron de una vez a unas trescientas personas. Estaban unos sentados en bancos y otros de pie y levantaban la mano conforme eran nombrados. Entramos todos como una manada de cerdos, serían las nueve de la mañana, y a las dos de la tarde estaba todo el mundo fuera…. Todo estaba escrito ya”, recuerda hoy María, quien tras cumplir condena y dar a luz a su segundo hijo en la propia cárcel volvió a Madrid para proseguir su vida. Vivió durante casi 20 años en una chabola, hasta que los ahorros conseguidos, de trabajar de limpiadora en el Ejército del Aire le permitieron a ella y a su marido comprar su actual casa en un barrio obrero de Madrid.

Recuperar la cotidianidad
El mérito de estas mujeres fue doble. Durante la guerra trabajaron a deshoras para tratar, como fuera, de mantener con vida a sus familiares encarcelados o huidos. Llevaban comida a la prisión, introducían mensajes secretos para los presos o lavaban la ropa a sus presos. También echaban una mano, en lo que podían, a los encarcelados sin familia. Una vez terminada la Guerra, no obstante, la función a desempeñar era otra. Se trataba de resistir, porque en la medida en la que ellas pudieran hacerlo, también sobrevivirían sus familias. Debían reconstruir la cotidianidad destruida, “rehacer un hogar desde las cenizas de la Guerra en las condiciones que fuera”, asevera Pura Sánchez.

La resistencia de la mujer durante la Guerra Civil mediante la creación de redes de cooperación de carácter informal para proporcionar ropa limpia, comida e información a los presos la ejemplifica la lucha de Francisca Gámez, quien acaba de cumplir 91 años. “La única pena que me queda en el cuerpo, después de todo lo que he sufrido en esta vida, es que me muera sin que los jóvenes sepan todo lo que hemos luchado para tener una democracia en este país. Aunque ahora la quieran destruir. Deben saber cuánto nos ha costado llegar hasta aquí”, cuenta Francisca a Público.

El padre de Francisca, ex guardia civil, fue condenado a muerte, en un primer momento, y , después, su condena fue conmutada a 30 años de prisión por ayudar al bando republicano desde la retaguardia. Durante el tiempo que su padre estuvo en la cárcel, antes de ser enviado a campos de trabajo forzosos, Francisca llevaba todos los días a su padre ropa limpia y comida en un cesto de alambres que aun conserva, “para no olvidar sus orígenes”. Tenía 16 años, pero debía comportarse como una adulta.

Concha: “El cuerpo de la mujer sirvió para que el hombre demostrara su poder”, denuncia SánchezA través de las zapatillas, que tenían un falso fondo, se intercambiaba cartas con su padre y el resto de presos. “No me daba cuenta del peligro que corría. Cuando eres joven todo lo ves más normal. Ahí dentro morían como chinches: unos por enfermedades y otros fusilados durante la madrugada”, recuerda.

Sin embargo, lo más duro para Francisca no fue la Guerra Civil sino la larga noche de los 40 años. “Durante la Guerra sabías que luchabas por la libertad. Una vez terminada, no había nada. Ni comida, ni futuro, ni libertad. La miseria nos comía por todos lados y vi a mi abuela morir de hambre”, señala esta mujer, a quien la Guerra le había quitado a un hermano, fusilado, y a su padre, preso durante décadas.

“Cada vez que escucho la frase de ‘”¡Que frío hace!” se me viene a la mente aquel tiempo. No sé cómo pudimos sobrevivir. Me tiré años picando piedra para conseguir unas pesetas. Nos llamaban para trabajar en el campo de la lástima que dábamos”, se lamenta.

A base de esfuerzo, trabajo y de sacrificar su vida por la de los demás, Francisca consiguió sacar adelante a su familia y formar la suya propia. Una vez llegada la democracia, su gran pena era no haber tenido la oportunidad de escribir para que sus descendientes no olvidaran los orígenes de su familia. Por ello, se apuntó a una escuela de mayores y aprendió a leer y a escribir. “Allí empecé a escribir poesía y, a mi manera, he hecho poesía medianamente de todo lo que he vivido. Si no me escuchan hablando, que me escuchen recitando”, concluye.

“Nunca serviremos en casa de señoritos”
El deseo de aprender a escribir poesía de Francisca es compartido por Concha Martín, vecina de una pequeña localidad de Granada. A Concha, sin embargo, no le gusta escribir la historia de su familia, prefiere escribir de amor, aunque no olvida ni por un segundo su pasado. “Mi padre está en un monte perdido por ser de izquierdas y eso no lo voy a olvidar mientras viva”, asevera.

Concha es el vivo ejemplo de una mujer a la que ningún obstáculo ha conseguido borrar la sonrisa de la cara. Sonríe hasta cuando llora. Sonríe hasta cuando narra cómo los “señoritos del pueblo” vinieron a buscar a su padre para ajusticiarle. “El 2 de marzo del 37”. Él no estaba entonces en casa, sino con sus cabras. Era pastor. Cuando regresó decidió huir junto a sus dos hijos varones. “Me voy, a ver si me salvo”, dijo. José, que así se llamaba su padre, murió congelado en la sierra, según contó un vecino del pueblo que sí consiguió regresar. De sus dos hermanos, nunca más se supo.

Los falangistas volvieron pocos días después buscando a la madre de Concha, Enriqueta. No eran del pueblo. “¡Enriqueta!”, gritaban desde las calles. Ella se escondió. No así una vecina del mismo nombre y de reconocida “ideología de derechas” que salió a ver qué pasaba. Nadie la reconoció y fue rapada. La Enriqueta de izquierdas, la matrona de esta pequeña localidad, se libró de la humillación.

Con el marido muerto y dos hijos desaparecidos, Enriqueta tuvo que sacar adelante a sus otros cuatro hijos. La consigna de partida estaba clara: “Nunca serviremos en casa de ningún señorito”, repetía esta mujer, según relata Concha, quien en 1936 tenía solamente seis años. Y así fue. Enriqueta y Concha, madre e hija, realizaban casi semanalmente un trayecto de 34 kilómetros para traer tabaco, harina y aceite de estraperlo. 20 kilos a cuestas. El tabaco y el aceite lo vendían. Con la harina hacían pan.

Concha: “Pido justicia para el pueblo y justicia para los que nos han estado robando tantos años”
Manuela y Encarna, las hermanas de Concha, trabajaban en casa cosiendo pantalones, cocinando pan o con cualquier otra labor. Así como cuidando de Miguel, el pequeño de los hermanos, quien pronto también tuvo que empezar a trabajar. “Dicen que ahora están mal los tiempos, pero es que lo de antes no tiene nombre. Cada día era una lucha por la supervivencia. Cuando te ibas a la cama no sabías qué desgracia podía pasar mañana”, asegura Concha.

El recuerdo de lo vivido, la dureza de la dictadura y la seguridad de que la democracia sólo es viable a través de la justa y equilibrada distribución de recursos hizo de Concha y de sus hermanas unas mujeres de fuertes convicciones progresistas. Ninguna de las tres pudo aceptar jamás que un partido cuyo fundador provenía del régimen franquista pudiera defender los intereses del pueblo.

Concha sabe que el futuro está complicado. Lo ve en su pequeña localidad donde cada vez hay menos trabajo. “Se están perdiendo valores”, asegura. Ahora, tras una vida de incansable lucha, pasa las tardes devorando novelas y escribiendo algunos versos. La fórmula para un futuro mejor la tiene clara. Aunque nadie con poder la escuchará. “El único futuro viable pasa por que se haga justicia de una vez por todas. Justicia con el pueblo y justicia para los que nos han estado robando tantos años”, sentencia.

Pies de foto:
Imagen 2. Emilia Cañadas posa con la Constitución española de 1931
Imagen 3. Bando del comandante militar de Fuente de Cantos (Badajoz). Cedido por Pura Sánchez
Imagen 4. Sentencia de muerte de Dolores Martinez. Cedido por Pura Sánchez
Imagen 5. Enriqueta y José.