Hipatia, un mito que perdura

Hipatia nació en Alejandría en una fecha incierta, pero si sabe el año de su muerte el 415. Estas dudas respecto al año de su nacimiento han propiciado todo tipo de elucubraciones en cuanto a la edad que tenía cuando murió. Era hija…

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García Lorca, un masón llamado Homero

LorcaMolina Fajardo publicó documentos sobre la pertenencia a la masonería del poeta. Los masones que ejercieron de enterradores en Víznar señalaron el lugar en el que fue sepultado.

NADA nuevo. Hace unas semanas se daba noticia a todo trapo de un informe de 1965 de la Jefatura Superior de Policía de Granada en el que se revela que Federico García Lorca fue asesinado junto a otra persona y define al poeta como “socialista y masón”, a la vez que le atribuye “prácticas de homosexualismo”.

http://www.diariomasonico.com/reportajes/garcia-lorca-un-mason-llamado-homero

La lucha de Ángeles López de Ayala

La intensa lucha de Ángeles López de Ayala

Ángeles López de Ayala ha sido una de las protagonistas más destacadas en la lucha por los derechos de la mujer en la historia contemporánea de España, a caballo entre el siglo XIX y el XX. Intentemos acercarnos a una figura, sin lugar a dudas, fascinante.

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Fondo de biblioteca: Madre mía, que estás en los infiernos

FONDO DE BIBLIOTECA

MADRE MÍA QUE ESTÁS EN LOS INFIERNOS, DE CARMEN JIMÉNEZ

Blanca d’Évreux, al oriente de Gijón

 

Hoy quiero comentar una novela de Carmen Jiménez, Madre mía que estás en los infiernos[1], que, en mi opinión, sin hacer alardes, rompe una lanza a favor de la masonería.

En estos tiempos en los que todo se vuelven acusaciones y sospechas de conspiraciones y conjuras, es agradable recuperar el buen nombre de la masonería y sentir el respeto que algunas personas sienten por esta Orden, Orden que solo aspira a la mejora personal y social del ser humano.

Carmen Jiménez es una periodista, escritora y cooperante, a la que se le notan estas tres facetas de su actividad en su novela Madre mía que estás en los infiernos, pues añade a su buen hacer como novelista, una crónica casi real, casi periodística, de los problemas que tienen las mujeres latinas que intentan sobrevivir en España, y lo hace además desde un punto de vista empático, comprendiendo y explicando cómo son en realidad las personas que intentan adaptarse a otro mundo, a otra cultura, haciéndonos comprender que no hay diferencias entre unas personas y otras, que nosotras somos como ellas y que ellas son como nosotras.

La novela es una trepidante narración del viaje y ida y vuelta de Adela Guzmán, de Santo Domingo, huyendo de su marido maltratador tanto en Coa, como después en Madrid, y su manera de hacerle frente y acabar con las amenazas y el temor, lo que le permite recuperar a sus hijos.

La historia que se narra se desarrolla en el tiempo en el que se escribe la novela, pero se hacen incursiones en el pasado de Santo Domingo, cuando el dictador Trujillo imponía su ley, lo que permite a la autora poner de manifiesto la corrupción del régimen y el terror en el que se vivía bajo la bota del dictador.

Central en la novela es el personaje de su madre, Melania, ejemplo de mala madre en casi todos los sentidos, con el contrapunto de Don Pericles, que funge como su padre a lo largo de toda la novela y es un personaje masculino positivo. Hay muchos hombres malos y alguno aceptable, en esta novela… exactamente igual que con las mujeres, las hay buenas, malas y regulares, por lo que el universo recreado es tan real como la vida misma.

La solidaridad que muestran su familia en España, y quienes no son familia, amigos, policía, etc., hace que nos reconciliemos con el género humano, aunque la realidad que

retrata es dura y no se escatima dureza en la narración

Don Pericles, el alcalde de Coa, comienza a vivir en el hotel de la abuela de la protagonista, Adela Guzmán, y se enamora de su madre, Melania, a la que escribe poemas para enamorarla, y comienza la felicidad de nuestra protagonista. Don Pericles es un hombre mayor, culto y masón. Así lo describe, en la página 25:

Don Pericles era hijo de un diplomático que había llegado a ser embajador plenipotenciario en España. Se había criado en los mejores colegios. Había viajado. Así se convirtió en el hombre culto y refinado que era. En toda la comarca se le reconocía por su pensamiento atlético, buen criterio e intachable moral. Por eso recurrían a él hombres de negocios necesitados de consejo y políticos de todo pelo que, día, tarde y noche, pasaban por casa en busca de asesoría. Cuando no tenía una reunión política, era una fiesta o una cena y, si no, misteriosos cónclaves, a los que yo no podía ni acercar la nariz, de la Logia Masónica Fraternidad, que Don Pericles lideraba como Paz Noble Padre.

Don Pericles le da libros para leer, le proporciona espacio propio, la ayuda a pelear con la superstición, la instruye sobre el racismo, le advierte en sueños lo que va a ocurrir, en resumidas cuentas, le inoculó la necesidad de aprender, de mejorar, de ser noble y honesta.

A lo largo de toda la novela surge una y otra vez su figura, en un par de frases, como de pasada, del tipo de: “Don Pericles decía que los chismes son como sartén de fogón. Si no te golpean, te tiznan”, (pág. 168)  o “Hay personas, como Don Pericles, que sacan de ti lo mejor que tú tienes”, (pág. 202) marcando lo importante que fue en su vida y en su formación moral, dándole un asidero para sobrellevar los sinsabores que tuvo que vivir.

No entro a valorar la novela, que mereció el premio Café Gijón en 2007, sino que lo que intento resaltar es su mirada positiva hacia un personaje, Don Pericles, que es masón y es el contrapunto de todos los seres detestables que pueblan la novela.

 

 

[1] Carmen Jiménez, Madre mía que estás en los infiernos,  Premio de novela Café Gijón en 2007, 2ª edición Siruela Nuevos Tiempos, Madrid 2008.