El maestro zen y el emprendedor

No ha sido culpa de Bruce Lee y su “be water, my friend” sino de un lento proceso probablemente previsible: las prácticas de las tradiciones iluminativas de oriente se han convertido en recursos ortopédicos para el sustento de los operadores del capitalismo financiero. El yoga ha sido transformado, de fiera y austera manera de estar plenamente en el mundo conscientes en cuerpo y alma, en Prozac psicofísico. Ahora pretenden llevar el zen por el mismo camino: aquel “Aullido” de Allen Ginsberg quiere ser el suave ronroneo que acuna a los angustiados subempleados de la “crisis” para sobrellevar la precariedad: “Me siento zen”. La religión como opio del pueblo.

Un ejemplo de ese intento de asimilación de “lo zen” a la somnolencia como contrapeso de la productividad convulsa es la entrevista que El periódico del emprendedor le ha hecho a Dokusho Villalba. Villalba es un maestro zen de tradición Soto, abad del templo Luz Serena, en el País Valenciano, y uno de los primeros discípulos de Taisen Deshimaru en España, en los años 70. Este maestro zen se caracteriza por una fidelidad férrea a su tradición armonizada con una mirada muy crítica hacia el capitalismo y la sociedad de la explotación del hombre por el hombre. El entrevistador del periódico digital trata de averigüar si ese “zen” del que ha oído hablar contiene técnicas que puedan ser utilizadas en el marco de la productividad industrial, y pregunta:

– ¿Cómo pueden ayudar las técnicas ZEN a un emprendedor?

La respuesta del maestro zen es rotunda:

“El Zen no es una técnica sino una actitud. ¿En qué consiste esta actitud? En sentarse sin esperar nada, sin querer emprender nada, sin querer conseguir nada, sea lo que sea. Al sentarse, el emprendedor debe olvidar cualquier emprendimiento, cualquier afán. Uno de mis maestros solía decir a los principiantes: “Os advierto que la meditación zen no sirve absolutamente para nada. Sólo cuando practiquéis una meditación zen que no sirve para nada, vuestra meditación zen dejará de no servir para nada”. Estas palabras no son una ocurrencia”.

Para que no quede duda alguna de la no utilitariedad del zen, Dokusho Villalba prosigue:

“La meditación zen no es una técnica para conseguir algo, sino un estado de desprendimiento, de abandono y de olvido de sí y de las propias ambiciones. Sentarse en meditación zen es convertirse en un árbol muerto, o entrar en el propio ataúd. ¿Qué se puede emprender cuando uno está ya en el ataúd? Nada! No obstante, a partir de este estado, sin olvidar este estado, uno puede abrirse plenamente a la vida sin miedo y hacer cualquier cosa que deba ser hecha.
Sea como sea, tenemos que aceptar que el final último de todo emprendimiento no es más que polvo y cenizas. Incluso Steve Jobs ha terminado en cenizas. El Zen no es una técnica para producir mejor, para ser más brillante en los negocios, para ganar más … sino un puñetazo en las narices que nos hace darnos cuenta de que aunque consideremos la vida es una lucha a muerte con la muerte, la tenemos perdida de antemano. Sabiendo esto, ¿qué quieres emprender? ¿hasta dónde crees que llegarás? ¿esperas no morder nunca el polvo? No seas iluso.
La meditación zen sitúa al ser humano en la conciencia de su fragilidad y de su vulnerabilidad. Sólo desde la humildad podemos emprender algo que sea realmente beneficioso para uno mismo y para los demás. Lo demás es vanidad”.

Ahí resuena en la sabiduría oriental el eco del estoicismo de nuestra antigúedad clásica. Pero como hemos relegado la filosofía a la categoría de literatura de segunda fila, confinada en la jerga de los profesionales, los ciudadanos de la Europa que fue humanista no saben reconocer la sabiduría ancestral propia cuando resuena en otras voces. Y el periodista emprendedor muestra ahora que lo que le interesa del asunto es el opio religioso al servicio del taylorismo:

– ¿Qué puede hacer un emprendedor para relajarse? ¿Es posible hacerlo en el puesto de trabajo?

Dokusho Villalba: “Lo único que puede relajar a un emprendedor es el abandono de todo emprendimiento, o mejor dicho, el abandono del “yo que quiere emprender algo”. Desde el punto de vista del Zen, la acción justa sucede siempre en ausencia de yo. Si creo que soy “yo” quien emprende algo, la vanidad me ciega. La verdadera empresa es aquella que te emprende, te prende, te coge y te lleva, como las olas al surfista. El surfista no puede fabricar una ola. Solo puede dejarse llevar por ella, por su fuerza y aprovechar su centímetro cúbico de oportunidad.
El utilitarismo es una plaga emocional que nos tiene enfermos. Vivimos en un sueño. El Zen no es algo que pueda ser utilizado para conseguir las ambiciones que fabricamos en nuestro sueño. Es un camino para despertar de toda ensoñación ilusoria. Cuando vives despierto cualquier instante y cualquier lugar son buenos para vivir y para morir”.

Confieso que de haber recibido una respuesta semejante de un entrevistado, un servidor hubiera hecho mutis por el foro o, mejor, un esfuerzo por comprender. Pero el hombre va y espeta a quien ha afirmado que “cuando vives despierto cualquier instante y cualquier lugar son buenos para vivir y para morir”:

– ¿En qué momento el día es recomendable realizar ejercicios relacionados con las técnicas ZEN? ¿Es mejor a primera hora del día o finalizada la jornada?

La inmensa compasión propia de un practicante de budismo mahayana se hace entonces patente: “El Zen es una actitud interior que consiste en salir de la jaula y coger a manos llenas la vida que se te ofrece. Cualquier momento del día o de la noche es adecuado para sentarse en meditación zen. Sentarse y sentirse. Cuando nos aterra sentirnos y tomar conciencia de nosotros mismos, no encontramos ningún momento adecuado durante el día ni durante la noche para sentarnos y sentirnos. El amanecer y el anochecer son momentos especialmente propicios para entrar en contacto íntimo consigo mismo. Una vez establecida esta relación de intimidad con uno mismo, cualquier momento del día es una buena puerta para acceder a esta intimidad y vivir desde ella”.

Así, pues, como colofón, el abad y maestro de sabiduría recibe la pregunta final:

– ¿Recomendaría realizar ZEN conjuntamente con los empleados, o es mejor en solitario?

“Podemos sentarnos y sentirnos junto con otros. En ese momento, ya no hay empleados ni empleadores, ni yo ni tú. Aunque te sientes en el fondo del valle más remoto, todas las existencias del cosmos te observan y están presentes en tu conciencia. Aunque te sientes en medio de una multitud, nadie podrá nadar contigo en el océano de tu soledad”.

No me estoy burlando del periodista “emprendedor” que no entiende lo que le dice su entrevistado. Probablemente es una víctima más de un sistema de enseñanza que adiestra a los adolescentes en el literalismo, les proporciona una expresividad de léxico reducido y les mantiene ignaros de ironía, niveles de interpretación y no digamos ya de cultura humanística. A menudo somos nosotros, quienes nos reclamamos de las tradiciones sapienciales, quienes nos ponemos el dogal al cuello: los profesores de yoga venían reclamando una “legalización” y ya la tienen: disposiciones reglamentistas que les convierten en monitores de gimnasia mal pagados y al servicio de una nueva forma de opio del pueblo, y no voces disruptivas que alertan para el despertar. Guste o no, ahí tenemos ya al “zen” de masas que nada tiene que ver con el que practican los discípulos del gigantesco Deshimaru. La demanda es la demanda y ella corresponderá, tarde o temprano, la consiguiente oferta.

Comunidad Budista Soto Zen Luz Serena

Blog de Dokusho Villalba

Centro Zen Barcelona

Fotografía: Dokusho Villalba, dirigiendo una sesión de zazen.

Fuente original: El maestro Zen y el emprendedor [en linea] http://universusmundus.wordpress.com/2014/07/01/el-maestro-zen-y-el-emprendedor/ [Consulta 29/07/2014]

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