17 de febrero: aniversario de la muerte de Francisco Giner de los Ríos

mujeres masonas

Creador de la Institución Libre de Enseñanza

Eco Republicano: Antonio Machado sigue en el exilio 75 años después de su muerte

Eco Republicano: Antonio Machado sigue en el exilio 75 años después de su muerte

Antonio Machado sigue en el exilio 75 años después de su muerte

mujeres masonasAntonio Machado

La sepultura del poeta en Collioure se ha convertido, tras no pocas peripecias y polémicas, en el memorial más conocido y concurrido del medio millón de republicanos que pasaron derrotados la frontera, con quienes el poeta quiso compartir el destino hasta el final.

El 22 de febrero se cumplen 75 años de la muerte de Antonio Machado en el exilio de Collioure. Ya era considerado el primer poeta vivo en lengua castellana, una venerable figura patriarcal de 61 años, cuando decidió no marchar de España al inicio de la Guerra Civil, a diferencia de lo que hicieron Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro, Azorín, Pío Baroja, José Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Gregorio Marañón, Pedro Salinas, Salvador de Madariaga, Ramón Pérez de Ayala y otros. Él quiso permanecer en el domicilio familiar de Madrid como gesto de apoyo a la legalidad republicana.

Pero con el precedente del fusilamiento de Federico García Lorca por los franquistas en agosto de 1936 en Granada, en noviembre se presentaron León Felipe y Rafael Alberti en casa de Machado para rogarle que aceptase la evacuación a Valencia, como ya había hecho el gobierno de la República en peso desde el día 7 de aquel mes, ante la amenaza de bombardeos y el asedio sobre la capital por parte de los sublevados. De entrada se negó, fue precisa una segunda visita para convencerle. Finalmente el 24 de noviembre dejó Madrid por Valencia, donde permaneció con su familia hasta finales de abril de 1938 en que fue evacuado de nuevo, este vez a Barcelona, conjuntamente con el gobierno de la República.

Primero se alojó en el hotel Majestic del Paseo de Gracia, convertido en residencia de invitados y corresponsales extranjeros. El ajetreo del céntrico establecimiento aconsejó trasladar a Machado y su familia al cabo de un mes a la Torre Castanyer, en el Paseo de San Gervasio nro. 21, un palacete incautado al vizconde de Güell. Contaba con amplio jardín, aunque la casa conocía problemas de calefacción y suministro eléctrico como la mayoría de la ciudad en aquellos momentos. El hecho de no saberse de ninguna salida de Machado de la Torre Castanyer durante los once meses de estancia en Barcelona trasluce su delicado estado de salud y el cariz que la guerra había empezado a tomar en el ánimo de todos.

El domingo 22 de enero de 1939, a les tres de la madrugada, Machado abandonó Barcelona en dirección a la frontera francesa, igual que todos los mandatarios republicanos, en una comitiva de coches y ambulancias formada por el poeta (con su madre, el hermano José Machado y su mujer Matea Monedero) y los hermanos Joaquim y Josep Xirau Palau con sus familias. Tomaron por la carretera litoral hasta Malgrat. Al alba del lunes 23 de enero atravesaron la ciudad de Girona, repleta de evacuados, bajo los bombardeos franquistas. Se alojaron en la masía Can Santamaria, en Raset. Allí se les unió una segunda comitiva integrada por el pedagogo Joan Roura Parella, el doctor Emili Mira, el lingüista Tomás Navarro Tomás, el médico Joaquim Trias i Pujol, el periodista Corpus Barga, el astrónomo Pedro Carrasco, el naturalista Enrique Rioja, el neurólogo José Miguel Sacristán y el geólogo José Royo Gómez, algunos con sus familias. El grupo quedó inmovilizado durante cuatro días, debido a la creciente inseguridad de las carreteras y al cierre de la frontera mantenido por las autoridades francesas. Royo Gómez tomó, en el patio de la casa, la última foto en vida de un Machado envejecido, demacrado, visiblemente abatido.

Tras recibir la noticia de la caída de Barcelona el jueves 26 de enero, aquel mismo día prosiguieron camino de noche en varios vehículos y por grupos separados. Una ambulancia condujo a Machado y sus familiares hasta el Mas Faixat, en una loma boscosa de Viladesens, a tan solo un par de kilómetros de trayecto. Allí pasaron la noche en blanco. Se les sumó un tercer grupo de intelectuales evacuados, encabezado por el presidente de la Institución de las Letras Catalanas, Josep Pous i Pagès, y su vicepresidente, el poeta y profesor Carles Riba.

En el Mas Faixat Carles Riba entregó a Machado un fragmento que acababa de componer, con la dedicatoria: “Con admiración y afecto, en la común esperanza que aún nos alienta, a don Antonio Machado, de su fiel amigo Carles Riba”. Aquellos versos aparecerían pocos años más tarde como íncipit de las célebres Elegies de Bierville: “Tristes banderes/ del crepuscle!/ Contra elles/ sóc porpra viva./ Seré un cor dins la fosca;/ porpra de nou amb l’alba”.

La comitiva retomó la marcha al alba del viernes 27 de enero y llegó al puesto fronterizo de Cerbère al anochecer. Pese al colapso de la carretera por la cantidad de refugiados, la gendarmería tomó en consideración el estado del poeta y de su anciana madre y les condujo en coche hasta la estación de tren de la localidad, donde pasaron la noche a un vagón sin calefacción. A la mañana siguiente todos los integrantes de la comitiva de Machado (intelectuales bajo protección del gobierno de la República que no eran deportados por las autoridades francesas a los campos de concentración de las playas vecinas como los milicianos ni dispersados obligatoriamente hacia el interior de Francia como el resto de civiles) tomaron el tren para dirigirse a Perpiñán o a París, donde los medios de subsistencia eran más presumibles.

El consulado de la República española en Perpiñán ofreció a Machado la ayuda que necesitase y le recomendó trasladarse a París, donde era esperado. El poeta, tras más de dos años bajo la protección de las autoridades republicanas, esta vez declinó la ayuda. Sin fuerzas para continuar, decidió tomar él solo con sus familiares y el amigo Corpus Barga un tren local hasta algún discreto lugar cercano donde dejar caer sus huesos. Se apearon después de tan solo quince minutos de viaje, indefensos bajo la lluvia, en la diminuta estación de Collioure. Apenas había dejado atrás las estaciones de Banyuls y Port-Vendres. Solo faltaban dos más, Argelés y Elna, para llegar a la ciudad de Perpiñán, a quince minutos suplementarios de recorrido.

El joven ferroviario Jacques Baills, jefe suplente de la estación de Collioure, vio apearse del tren el sábado 28 de enero de 1939, a las cinco y media de la tarde, bajo la lluvia, a Machado y sus familiares. El poeta, exhausto, tan solo sobrevivió 26 días en Collioure, acogido por la propietaria del hotelito Bougnol-Quintana. Murió el 22 de febrero, “ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar”, tal como auguraban sus versos. La madre falleció dos días después en la misma habitación. Fueron enterrados en el cementerio viejo de la localidad.

Dentro de la sencillez vocacional de Machado, su sepultura en Collioure se ha convertido, tras no pocas peripecias y polémicas, en el memorial más conocido y concurrido del medio millón de republicanos que pasaron derrotados la frontera, con quienes el poeta quiso compartir el destino hasta el final. Hoy no son recordados solamente sus versos o su vida, también su muerte. Por eso la tumba mantenida en Collioure tiene el mismo sentido que el primer día. Es el memorial del éxodo de 1939. A nadie se le escapa que Machado se encuentra allí en el exilio, porque precisamente de lo que se trata es de recordarlo.

Xavier Febrés

Fuente: www.eldiario.es

Fuente: http://www.ecorepublicano.es/2014/02/antonio-machado-sigue-en-el-exilio-75.html?m=1
Enlace

Sin referencias de mujeres en los manuales del sistema educativo: la transmisión de una cultura adulterada

Sin referencias de mujeres en los manuales del sistema educativo: la transmisión de una cultura adulterada

Fuente original:
http://blog.educalab.es/inee/2014/02/05/sin-referencias-de-mujeres-en-los-manuales-del-sistema-educativo-la-transmision-de-una-cultura-adulterada/
Enlace

El feminismo es para la buena vida. Entrevista con Francesca Gargallo

Había escuchado a Francesca Gargallo (Siracusa, Italia, 1956) un par de veces antes de entrevistarla. La primera vez hace varios años en el Centro Cultural España y, más recientemente, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde habló de su libro más reciente, Feminismos desde Abya Yala. Un lunes de noviembre Francesca Gargallo me recibió en su casa, un espacio acogedor que se antoja para platicar y curiosear entre los libros. Con una taza de té chileno hablamos sobre feminismo, su historia y sus diversos momentos. Francesca es una mujer que con la pasión inherente a su manera de hablar llena todo el espacio que la rodea.

Escritora, feminista, licenciada en Filosofía por la Universidad de Roma «La Sapienza» y doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, Francesca llegó a México hace más de veinte años. Entre sus obras literarias se encuentran Estar en el mundo, Marcha seca, La decisión del capitán, Los pescadores del Kukulkán, así como el poemario Verano con lluvia. En su trabajo académico destacan Garífuna, Garínagu, Caribe, Ideas Feministas Latinoamericanas, Feminismos desde Abya Yala, y Saharaui, el pueblo del sol.

—MARIANA OLIVER
RAZONES PARA ABRAZAR EL FEMINISMO

La mayoría de las mujeres que hemos llegado al feminismo en algún momento de nuestra vida no somos asalariadas del género, llegamos al feminismo haciendo lo que hacíamos. Somos feministas: personas que hemos pensado, dialogado y vivido la necesidad de cambio de esta sociedad tan injusta en muchos sentidos, injusta en clase, injusta en división geográfica, injusta por racismo, pero la primera de las grandes injusticias del mundo es que el 50% de la humanidad ha sido tratada por cientos de años como si debiera ser tutelada. Las mujeres no eran totalmente adultas, no eran totalmente humanas, no eran totalmente iguales a los hombres partiendo de la condición en que los hombres estaban. Y los hombres tenían el supuesto derecho de protegerlas. Toda persona tutelada es una persona no libre a la que se le quita la posibilidad de experimentar y, sobre todo, el reconocimiento de lo que hace: su creatividad, su capacidad reflexiva, el valor de sus pensamientos, la calidad de su escritura, la belleza de su música, la capacidad de trazo de su pintura eran tuteladas porque ellas eran tuteladas y por lo tanto pasaban a ser propiedad, orgullo, pero muchas veces también secreto del tutor.

Esa injusticia es la que me movió al feminismo, porque yo como la mayor parte de las mujeres en el mundo era víctima de esta situación de injusticia, sólo que a diferencia de la mayoría de las mujeres no sólo me había dado cuenta de ello, sino que tenía un ambiente donde mi enojo, mi rechazo, mi reflexión, podían manifestarse. A lo mejor mi abuela también se había dado cuenta o mi bisabuela, pero ellas no tenían un mundo en el cual su rebelión hubiera podido ser escuchada, recuperada, transformada. El feminismo de la década de los setenta nos ofreció algo a las mujeres: nos ofreció a las otras mujeres para construir con ellas algo diferente de aquello de donde veníamos.

FEMINISMO: ¿PARA QUÉ Y PARA QUIÉN?

El feminismo es para la buena vida. El feminismo es una reflexión que toca la vida toda: la ecología, la economía, las relaciones afectivas. Yo no renuncio a mis relaciones afectivas, claro, no las quiero en una familia patriarcal, pero eso no quiere decir que yo renuncie a nada. Tengo amigas y amigos maravillosos. Que no quiera una relación de pareja es otra cosa, pero afecto sí quiero, porque sin amor no se vive o se vive muy mal.

Eso es el feminismo: un instrumento de reflexión para la vida, organizado por las mujeres que tenían que pensar cómo se había construido el hecho de que eran una mayoría considerada una minoría y tratadas como tuteladas legalmente, como personas sin autonomía y con una cultura negada.

EL FEMINISMO: SU HISTORIA Y SUS ETAPAS

La historia de los feminismos nunca ha sido una sola. El feminismo tiene muchas precursoras, momentos en que las mujeres tienen cierta capacidad de reflexión, como durante la Querelle des femmes en Francia, pero en realidad el feminismo viene de la Revolución francesa. Ésta demostró que las mujeres son capaces de hacer de política, de ser manipuladas, de buscar la justicia por su propia cabeza y que tienen derecho a la igualdad, a una igualdad de trato, porque es desigual que tengas todas las responsabilidades y ningún derecho. Lo primero que dice Olympe de Gouges cuando escribe su Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana en 1791 es que las mujeres, puesto que pueden subir al cadalso, es decir, que pueden ser decapitadas (como le sucederá a ella), también deben tener derecho de subir a la tribuna, es decir, no puede ser que si pecas o si cometes un delito todo el peso de la ley recaiga sobre ti, pero que no tengas derechos, ni siquiera el acceso a la ley cuando se trata del goce de los derechos civiles, políticos y públicos.

A partir de este origen se empiezan a dar diversas formas de pensar. Durante todo el siglo XVIII tendremos un empuje de feminismo liberal para que las mujeres accedieran a espacios que les garantizaran una economía propia en caso del fallecimiento del padre o del marido. Se pidió derecho al estudio. ¿Quién estudiaba en ese entonces? La burguesía. ¿Quiénes eran las mujeres que pedían derecho al estudio? Las mujeres de la burguesía. Pidieron después el derecho de poder manejar sus propios bienes, el equivalente a tener una cuenta bancaria a su propio nombre. ¿Quién puede manejar sus propios bienes? Quien los tiene, o sea, nuevamente eran las mujeres de la burguesía.

El camino fue poco a poco así, derecho al estudio, derecho al manejo de los propios bienes, derecho a la custodia de los hijos en caso de divorcio. Muy tardíamente, por 1848, se dan también las primeras reivindicaciones del voto; hay que recordar que en el siglo XIX el voto no era universal, ni siquiera universal masculino, se votaba partiendo de determinadas clases sociales, votaban los propietarios, votaban aquellos que no hacían trabajos en las casas. Nuevamente son las mujeres de la burguesía las que piden el voto. Todas estas demandas sobre la ley burguesa eran demandas burguesas de mujeres burguesas, pero no se equivocaban; sus demandas eran muy limitadas, no eran capaces de romper con las relaciones de su propia clase, tenían muchísimo miedo de romper con la feminidad y con ciertas actitudes de construcción de algo que también es burgués, como la familia nuclear, nunca se fueron contra la familia.

A finales del siglo XVIII empiezan a surgir corrientes feministas, socialistas, que vienen de una relectura del trabajo de las mujeres en la producción de seres vivos y lecturas sobre la familia como núcleo de acumulación originaria, pero también de posesión del trabajo de las mujeres por parte de los hombres. Marx y Engels lo trabajan mucho y poco después las mujeres se hacen de este instrumento y empiezan a pensarlo. Así, tendremos una corriente feminista socialista, sus personajes más importantes se manifiestan a principios del siglo XX, pero vienen desde mediados del siglo XIX: Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Aleksandra Kolontái. Ellas son las primeras en decir que las mujeres tenemos una sexualidad, que no somos ajenas al deseo, que nuestro deseo nos pertenece, no le pertenece a los hombres.

A la par, quizás con más fuerza a finales del siglo XIX y principios del XX, surge una corriente muy radical, que no se llama feminista a sí misma porque identifica al feminismo con las demandas de las burguesas al voto, a la propiedad, al control de los hijos y a la educación. Son mujeres que vienen del trabajo fabril y que se levantan al grito «Ni Dios, ni patrón, ni marido». En ese sentido las anarquistas son las feministas más radicales y aquellas que han dado la pauta para pensar que no hay una verdadera separación entre la opresión de clase y la opresión de sexo-género-familia. Desde entonces no hay un feminismo, hay tres por lo menos, seguramente muchos más, seguramente había mujeres en Malasia o mujeres mayas que empezaron a decir en sus comunidades que había que obtener mejores formas de vida y de reconocimiento. Desgraciadamente no las conozco, no todavía.

Durante la primera mitad del siglo XX tenemos la derrota de las anarquistas, tenemos el voto concedido y por lo tanto la belicosidad de las mujeres disminuida por los estados que se los conceden. Por otro lado tenemos un gran movimiento nacionalista de mujeres de izquierda en América Central y en México, que luchan en contra de las intervenciones estadounidenses, intervenciones de características imperialistas. Son mujeres que fundan organizaciones, escriben cosas extrañísimas, como «proclamas a las señoritas de mi país», «a las señoritas y las damas», pero a final de cuentas lo que les piden es que sean activas políticamente, para ello deben de tener cierta libertad de movimiento y ciertos conocimientos.

Así que tenemos una primera mitad hasta los años cuarenta, ya en la Segunda Guerra Mundial, donde las mujeres son muy activas, en países donde han perdido todo: en la Italia fascista, en la Alemania nazi y en todos los países que estos dos invaden, las mujeres pierden los derechos que habían obtenido. En América Central todos los movimientos guerrilleros de reivindicaciones antiimperialistas pierden y con ellos pierden las mujeres, vuelven al silencio. Cuando reprimes a un pueblo provocándole miedo, reprimes antes a los sectores que son más débiles en la reivindicación de sus derechos y en la obtención del ejercicio de los mismos.

Yo diría que en los años cuarenta y cincuenta el feminismo casi desaparece de la historia de la modernidad, de no ser por una serie de mujeres increíbles, todas escritoras, que empezaron a pensar, reflexionar y plasmar el mundo desde la perspectiva de lo que no quieren. Estoy pensando en Teresa de la Parra, en Nellie Campobello (cada vez que puedo impulso que la traduzcan, me parece la más importante escritora de la Revolución mexicana, yo dejo a todos los hombres sólo para leer Cartucho), estoy pensando en diversas narraciones de construcción de vida en las que ya no se habla de la construcción de vida de una mujer para los hombres, aquí tenemos mujeres hablando de mujeres, describiéndose como mujeres y al describir lo que no les gusta de la sociedad hacia ellas, definen lo que es el machismo y el patriarcado. Son las escritoras quienes lo hacen y están acompañadas por otro grupo de grandísimas artistas: las pintoras, pintoras de todo el mundo.

Desde los años sesenta el feminismo resurge con mucha fuerza, sucede que se descubren los anticonceptivos orales y se piensa que nos podemos liberar del riesgo implícito en el ejercicio de la sexualidad, que es el riesgo de quedar embarazada, que era impuesto y convertido en obligatorio a través del matrimonio tradicional. Las mujeres estaban siempre en riesgo de estar embarazadas si estaban casadas, un riesgo terrible que además les interrumpía constantemente una, dos, tres, cinco, nueve veces sus proyectos inmediatos, porque a través del embarazo eran traídas de vuelta al cuidado de otra persona que dependía de ella para sobrevivir.

Cuando aparecen los anticonceptivos orales se empieza a pensar de otra forma el marxismo, como una filosofía o una mirada sobre la libertad, sobre el trabajo, sobre el derecho, sobre la alienación de las personas y entonces la mujeres descubren que son alienadas en el mundo patriarcal. En el 68 además son parte del movimiento estudiantil y resulta que nuevamente son hombres quienes lo dirigen y las tratan como si fueran sus secretarias, reducen su pensamiento al «aporte de la compañera» y esperan que ellas les sirvan el café y les pasen sus escritos a máquina. Hasta que las mujeres dicen «basta» y descubren que su liberación sexual va a ser suya sólo cuando el sexo deje de ser trabajo para ellas.

El feminismo fue un movimiento muy importante en la década de los setenta. Las mujeres salíamos por miles a la calle, había manifestaciones de 30,000 mujeres en París, en Roma; en Alemania había manifestaciones enormes. Es un gran momento de regreso a las demandas feministas que durante doscientos años estuvieron ahí, doscientos años de presencia feminista en la historia de la modernidad que el sistema hizo y hace de todo para ningunear; pero en los setenta no pudo, eran miles de mujeres en la calle, era su presencia en la vida de las ciudades.

Las feministas de la década de los setenta pensaban en todo: en el ingreso a la escuela, en la maternidad, en la importancia del trabajo, por qué llevas el apellido de tu padre, por qué no se castiga la violación, sino que se criminaliza a la mujer violada, por qué cuando secuestran a una mujer los familiares hacen mucho menos esfuerzo para reunir el rescate. Esto sigue siendo cierto, sólo que ahora nadie lo dice, nadie lo piensa, porque nos separaron de esa constante de ideas que venían, que se reproducían. En cambio, nos pusieron en una ONG que obligatoriamente debía trabajar la violencia, lo que implicó revictimizarnos, volver a vernos no como agentes de la transformación –cosa que éramos– sino como víctimas de la violencia del otro, y por lo tanto, ya revictimizadas no teníamos en nuestras manos los instrumentos de liberación. La porquería de giro que hizo la ONU junto con el Banco Mundial de ofrecernos organizarnos en ONG para al mismo tiempo liberar al Estado, adelgazar al Estado de sus responsabilidades.

El problema de la violencia no es un problema de mujeres, es un problema del Estado; el problema de la salud reproductiva no es un problema de una ONG de mujeres, es un problema del Estado y el Estado no es un gobierno, es la estructura en la cual estamos; los gobiernos pueden cambiar, el Estado es la estructura. Cuando se adelgaza el Estado, se quita la responsabilidad estructural al espacio en que vivimos para dárnosla de manera grupal o individual y, por lo tanto, garantizar que la justicia no llegue a todas. Eso son las ONG. Es terrible. Claro, nos liberaron de los gobiernos, podíamos aparentemente hacer algo más allá de un gobierno, romper con las fronteras nacionales y todo eso, pero nos quitaron la posibilidad de transformar la estructura de organización en la cual vivíamos. Eso significó el adelgazamiento del Estado, después de esto empieza a surgir un interés por las mujeres que hacen ciertas cosas y no otras.

Entonces tenemos un feminismo muy extraño en la década de los noventa que sale de la calle, que ya recluido en las ONG puede entrar a las universidades. La mayoría de las chavas jóvenes de hoy que admiten ser feministas es porque han tenido maestras feministas, porque han estudiado ciertas cosas del feminismo en la escuela, y porque obviamente se han hecho cotos de saber que implican becas, bequitas, sobre las diferentes situaciones de las mujeres. Las feministas escribíamos novelas, escribíamos poesía, tomábamos las calles, hacíamos radio, tocábamos rock en las plazas. Hoy las feministas son las que escriben o analizan cómo hacer y si existe la poesía de las mujeres. Pero, en fin, también son feministas; puede ser que de una forma que no irrumpe tan abiertamente en la realidad, pero como en todos los momentos de repliegue, es mucho mejor que existan a que no existan, es mucho mejor que exista, qué se yo, la escuela de feminismo de la UAM-Xochimilco a que no exista, porque tampoco estamos en la calle.

Esto es, hasta cierto punto, una concesión; es en parte el trabajo de las mujeres fundadoras de esa escuela, y es en parte un espacio de resistencia. Es muchas cosas. Por supuesto que si nos limitáramos a eso, estaríamos perdidas, pero qué bueno que eso existe, qué bueno que de ahí o de otros espacios similares puedan volver a salir mujeres que piensan o reconstruyen parte de la reflexión sobre la realidad.

SOBRE EL RECHAZO AL FEMINISMO

El rechazo al feminismo tiene que ver con el miedo, con el miedo a la revolución. El feminismo es un pensamiento revolucionario. Tiene que ver con el miedo a no acomodarte en esos resquicios de la realidad siempre más difícil en un país donde hay 120 mil muertos en menos de ocho años, donde hay grupos de sicarios que agarran a las mujeres, las ponen de rodillas, las desnudan y las degüellan. Tú quieres encontrar cierta protección y el lugar de la protección es casi siempre la prisión. Hay un miedo que va ligado con este aparente ordenamiento de la pérdida de la politicidad de la vida. En la década de los noventa se construyó una idea de que el arte no debe ser político, la reflexión debe ser objetiva y no ideológica, como si ese ordenamiento no fuera una ideología.

Se quiere hablar del arte, de las mujeres y de la vida como si pudiéramos no ocuparnos del lugar que habitamos y que intervenimos con nuestra sola presencia, eso es la política en el sentido más antiguo de la palabra. Hay una voluntad expresa del sistema de que nosotras perdamos politicidad, y una de las formas de perderla es decir que si te adscribes a cualquier pensamiento político, como se decía en esos años, a cualquier «ismo» (y en eso cabe el feminismo), entonces estás reduciendo el espacio de la reflexión libre y tus escritos dejan de ser válidos. Piensa en cuántas escritoras empiezan a tener miedo de declararse feministas porque pierden editoriales.

Hay todo un discurso que viene de los medios de comunicación más dispares: de la radio, la televisión, pero también la publicidad, el cura que habla y dice cualquier cosa. También estas nuevas revistas de sociales que extrañamente se inventan y que son espantosas, recuperando una especie de cultura de clase muy ignorante, pero que vende mucho, porque la gente se quiere identificar o ver o imitar ciertos modales de una clase alta a la que no tienen acceso.

Este tipo de cultura de masas para la desobjetivación del pensamiento, para la pérdida de reflexión, es aquella que impone que seamos apolíticos, que no pensemos con «ideología», «¡ay, las mujeres feministas, tan machorras!» ¿no? Es muy fuerte, pero sí, es el miedo, esta imitación de la vida de los sectores altos, es la pérdida de radicalidad de la escuela y es también una escuela que deja de ser autocrítica para volverse muy mecánica, es también una crisis económica real. No es sólo el salario, se pierden cada día más derechos laborales, los jóvenes están literalmente secuestrados en trabajos donde se les exige estar diez horas, tanto públicos como privados. En ciertos espacios te ponen a escoger entre la jornada de ocho horas o el seguro social, cuando los dos son tu derecho y los dos van juntos. Ahora te dan uno o te dan el otro.

En esta situación las mujeres tienen miedo de manifestar una posición política, hay todo un juego, va de la publicidad hasta todos esos periódicos de ínfima calidad que intentan construir una falsa sinonimia en la que el feminismo sería el antónimo del machismo, como si fueran lo mismo pero en contrario: «yo no quiero obviamente ni siquiera parecer una persona que tiene un vínculo con un sistema de opresión como el machismo, por lo tanto, tampoco quiero ser feminista: si el feminismo es el machismo de las mujeres, y el machismo es una cosa asquerosa, opresiva, yo no lo quiero ser». Pero, ¿cómo me pueden decir que el feminismo es sinónimo de «machismo de las mujeres»? Porque se ha perdido la historia del feminismo, porque a las mujeres ya no nos escuchan, porque ya no nos publican, ya no nos invitan al radio.

En 1975 salió Fem y entre 1975 y 1981 prácticamente todos los periódicos tuvieron un suplemento de mujeres en algún momento. Hoy no hay ninguno, ni uno. No nos publican, quieren sofocar nuestra historia una vez más. ¿Y cuál es la forma de sofocarla? No diciendo qué son y qué hacen las feministas.

Ahora se han inventado otro terminajo asqueroso que hasta algunas compañeras ingenuamente utilizan, que es el de «feminazi». Entonces me dicen: «Pero si tú no eres una feminazi» y yo digo «¿Qué? ¿Qué término es ése? ¿Quién lo ha inventado? ¿Por qué lo usas? ¿No te das cuenta de lo que dices?» El feminismo no tiene nada que ver con el nazismo. El nazismo fue un sistema de opresión, de autoritarismo absoluto, de negación del derecho de las personas y los colectivos. El feminismo fue una reivindicación de la justicia y de la vida de las mujeres en un sistema que las negaba. Ahora no hay nadie que no se divierta hablando de las «feminazis».

Debo decir que quizás por eso hay también una recuperación de una construcción de feminismos mucho más profundos y tranquilos, de pequeño grupo, nuevamente, como habían sido los primeros grupos de reflexión en los sesenta; algunos se dan en espacios de mixitud, hoy hay hombres que hacen un esfuerzo real para vivir según los elementos de deconstrucción del sistema patriarcal llevados adelante por el feminismo y que se reivindican feministas, tanto si son heterosexuales como si son gais porque entre otras cosas entienden cómo el sistema de género, al construir el género masculino, al construir a los hombres y al construir las mujeres, también los oprime, pero ¿cómo los oprime para permitirles oprimir a las mujeres? Yo veo también otras formas de construirse del feminismo.

LAS «CUOTAS DE GÉNERO»

Las «cuotas de género» me parecen una medida mínima de acercamiento, pero tienen una diferencia con lo que yo digo, todavía no es una mirada de las mujeres. Es importante porque la ciudadanía abstracta se construye sobre la existencia de ciudadanas y ciudadanos, sexualmente, materialmente definidos. La presencia de las mujeres y de los hombres es importante, pero no es suficiente.

Lo suficiente sería transformar las redes de organización social y política desde la mirada de las mujeres. Hay una verdadera guerra contra las mujeres, ahora nos dicen que debemos de trabajar también asalariadamente para el bienestar del núcleo familiar, que con un solo salario no funciona, pero al mismo tiempo debemos de tener todo el trabajo de reproducción de la vida. Ésa es una guerra contra las mujeres.

En el campo no hemos logrado que la tierra se asigne a las mujeres en las reparticiones, ni en las herencias de los ejidos, ni en la producción de las tierras comunales. Es guerra contra las mujeres. Somos todavía mucho menos de la mitad de las propietarias en el mundo. Si fuera cierto que las cuotas significan algo no sólo deberíamos ser el 50% de cualquier congreso del mundo, deberíamos ser el 50% de las propietarias de casas, el 50% de las propietarias de tierras, el 50% de las escritoras publicadas, el 50% de los cantantes y músicos que se escuchan por radio. Deberíamos poder pensar las matemáticas desde otro lugar que no sea la abstracción masculina sin vínculo con la vida. Deberíamos resimbolizar la realidad.

El conocimiento de las mujeres debemos buscarlo desde nosotras mismas y desde nuestros diálogos. El verdadero instrumento de reconstrucción de pensamiento feminista es el diálogo.

EL FUTURO DEL FEMINISMO

El feminismo debe mirar a la organización de las mujeres por las mujeres. El feminismo no es sólo una reflexión sobre la vida toda, es también la práctica de las mujeres en la construcción de su buena vida, y estas prácticas son múltiples, no hay una sola práctica; puede ser facilitado por una sociedad o puede ser contrastado con una sociedad, y puede ser facilitado en ciertas cosas y contrastado en otras, que eso es también un poco la ambivalencia del feminismo.

Ahora, lo que veo hoy con mayor fuerza es un esfuerzo para reconducir a las mujeres a un neutro indiferenciado que, sin embargo, es masculino. Este neutro que no es tal, porque es un masculino generalizado, es el espacio de nuestra derrota. Es cierto que vivimos en una sociedad mixta, qué bueno que sea una sociedad mixta. Hay espacio de mixitud donde construir diálogo, pero también hay espacios donde subrayar el encuentro de las mujeres entre sí, las acciones de las mujeres, las producciones artísticas de las mujeres es también muy importante.

Estoy trabajando sobre las mujeres del Salón de la plástica mexicana que acaba de cumplir sesenta años y que tiene aproximadamente 400 miembros, 200 son mujeres, ¿dónde están? Por ejemplo, en el pasado comité de organización del Salón había una sola mujer: Aliria Morales. Siempre lo mismo. Somos la mitad de los movimientos, pero somos una de siete en cualquier dirección, por lo tanto la dirección es masculina, te lo puedo asegurar. ¿Por qué masculina? Porque va a negar la especificidad de la mirada de las mujeres. Como una especificidad necesaria para construir la mirada humana. La mirada humana cuando es una mirada de hombres es la mitad de la mirada humana, hasta ahora hemos vivido el neutro global, general, la construcción de lo indefinido, sobre la mirada de la mitad de la humanidad.

EL SIGNIFICADO DE SER FEMINISTA

Ser feminista en la actualidad significa muchas cosas. Para mí significa fundamentalmente defender la vida, defender la buena vida, defender el derecho al afecto, el derecho a la libre expresión, la libertad de movimiento, la economía de subsistencia, el derecho a decrecer en la explotación de la tierra y de sus materias primas. También significa algo muy concreto: para mí, ser feminista significa tener el derecho a no vivir en una familia tradicional, tener el derecho de escribir y construir el imaginario para otras en mi literatura, desde personajes femeninos; significa repensar la historia, significa luchar contra la violencia contra las mujeres, porque es un instrumento de dominación, es una violencia dedicada a la dominación y, por lo tanto, a la obediencia y en particular, hoy en día, significa mi aporte para la vida, por la paz.

_________________

Mariana Oliver (Ciudad de México, 1986) es maestra en Literatura comparada por la UNAM, becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas y editora de la sección literaria de Cuadrivio.

Cuadrivio El feminismo es para la buena vida. Entrevista con Francesca Gargallo [en linea] http://cuadrivio.net/2013/12/el-feminismo-es-para-la-buena-vida-entrevista-con-francesca-gargallo/ [consulta 12/02/2014]

Enlace

MASONERÍA FEMINISMO Y LIBREPENSAMIENTO

Resulta frecuente que se entienda el movimiento feminista como forma de conflictividad social y de pensamiento reivindicativo, centrado en las manifestaciones políticas del sufragismo a partir del discurso de igualdad. Sin embargo, desde la perspectiva histórica se hace necesario establecer otros parámetros a partir de resortes socioculturales que se asienten en el reconocimientos de la diferencia de género y de roles sociales distintos para hombres y mujeres, rescatando como feminismo, actuaciones experiencias e iniciativas encaminadas al cambio social.

mujeres masonas

En España con la llegada del pensamiento liberal, la ilustración y la cultura fueron enriqueciendo la vida y la formación de muchas mujeres. Los salones literarios, las tertulias y la lectura fueron sembrando en la mujer inquietudes que irían más allá de las cuestiones “exclusivamente femeninas” de manera que puede decirse que el componente feminista de las corrientes librepensadoras en el tránsito de los siglos XIX al XX contribuyó y mucho a matizar las características del discurso igualitario de raíz ilustrada que suponía, en líneas generales, el abandono de la minoría de edad y la construcción de un espacio entre iguales aún cuando se dejaba la lucha activa a los poderes del hombre conformándose la mujer con adquirir su dignificación como compañera.
Las conexiones entre libre pensamiento, feminismo y masonería se hicieron patentes en la trayectoria de muchas mujeres fuera y dentro de España: Rosario de Acuña, Marguerite Durand, Amalia Domingo o Belén Sárraga entre otras.
En Alicante la logia Constante Alona en 1891, creaba una Cámara de Adopción femenina integrada por un total de veintiuna mujeres, todas ellas escritoras a excepción de dos artistas, lo que nos induce a pensar que se trataba de un colectivo de clase media. La conexión entre el incipiente discurso feminista y esta Cámara de Adopción femenina se producía a partir de los contactos establecidos entre los círculos masónicos alicantinos con dos pioneras del librepensamiento: Rosario de Acuña, la primera mujer que habló en el Ateneo de Madrid y que llevada por los ideales comunes; anticlericalismo, búsqueda de progreso humano, respeto y tolerancia, se inició el 12 de Febrero de 1886 en la Logia alicantina. Junto con Rosario de Acuña, la valenciana Belén Sárraga, fundadora de la Asociación Femenina de Valencia en 1897 y cuyas actividades masónicas en la ciudad conocemos tanto por la documentación existente de la citada logia Constante Alona como por sus intervenciones en distintos actos públicos junto a reconocidos masones alicantinos : Rafael Sevila, José Guardiola o José María Santaelices.
Si bien como dijimos al principio, este feminismo decimonónico estaba muy lejos de cualquier forma de reivindicación política, de lo que no cabe duda es que la preocupación de estas librepensadoras estuvo encaminada a fomentar un cambio de mentalidad que fomentara la educación igualitaria y reclamara la dignidad de la mujer como individuo desprendiéndose de la tutela del varón.
No obstante, es preciso señalar que se trataba de reducidos círculos femeninos, que tal y como afirma Mary Nash, además de sufrir la incomprensión de sus contemporáneos, tuvieron que enfrentarse a serias dificultades, como el abandono de sus familias, el silencio y la pobreza que terminaría siendo el destino de muchas de ellas.

Fuente: Blog de María Perales. http://www.enlalineadeltiempo.com/masoneria-feminismo-y-librepensamiento/
Enlace

El poder de las mujeres | Namentras – Asociación socio-cultural

El poder de las mujeres

Escrito por Berta Cao o 2/02/2014 en Actualidade, Opinión, Política | Comentarios desactivados
El poder de las mujeres

(*) Berta Cao.-El 1 de febrero llegó y se fue. Sin embargo, para miles de mujeres este día quedará marcado como una fecha histórica. Nunca antes las reivindicaciones de las mujeres habían tenido tal éxito de convocatoria por mucho que, remontándonos a los primeros ochenta, se puede recordar una manifestación similar.

Este triunfo se puede medir por el número, importantísimo, de asistentes. Muchísimas mujeres, muchos hombres. Luchadoras por la libertad, vindicadoras del aborto en los 70, en los 80. Mucha más menopausia que adolescencia. Y una juventud, en la manifestación, que tenía aire a madurez. Pero esto no da ni quita el carácter histórico a este día: el 1F puede ser el principio de una nueva etapa en la lucha por los derechos reproductivos, por el derecho a decidir y, también, por el derecho a la igualdad, a la real, esa que aún no había llegado cuando el gobierno empezó su política regresiva en el ámbito social.

El éxito de la convocatoria se mide, sin duda, en el hecho de habernos situado, las mujeres, como sujeto político. Justo lo contrario de lo que pretende el gobierno. Las mujeres, el derecho a decidir sobre el cuerpo y la maternidad ha estado los últimos días en el centro de la política, de la información, sin amarillismo ni victimismo. Alentando el debate, las mujeres han participado en él sin intermediarios. Porque en esta lucha, que encabezan las mujeres feministas, los demás –los partidos, los sindicatos, los otros movimientos sociales- acompañan. Y como hasta para ser acompañantes hay que saber estar, no está de más recordar que cuando se está en exceso, se corre el riesgo de asfixiar, y cuando se está en defecto, el riesgo es de abandono. Y si bien en la manifestación hubo corrección, en la asamblea posterior se visibilizó el exceso y el defecto. Y sí, esto está referido al PSOE, a IU y a otros partidos y movimientos que apoyan la lucha de las mujeres: ni tanto, ni tan poco.

No puede haber más protagonismos, no hay espacio para intermediarios. Las mujeres hemos salido a la calle para reivindicar nuestra mayoría de edad, nuestra capacidad de decidir, y nuestra voz. Porque lo que las mujeres hemos alentado en las calles de Madrid es una de las premisas del feminismo: lo personal es político. Nada tan personal como el derecho a decidir cada una, si quiere ser madre o no, en qué momento. Y nada tan político.

El reto ahora está en no morir de éxito. En articular las estrategias que mantengan el pulso a los ataques del patriarcado, de la religión y de sus sicarios en el gobierno. Del 1F salen reforzadas las asociaciones que han apoyado esta convocatoria, y más que ninguna sus promotoras de Les Comadres, aquellas que nacieron porque ya que “no nos dejaban parlamentar, decidimos compadrear”, como recordaba María José Capellín, una de sus fundadoras. Les Comadres hicieron lo que quizás no habían esperado: despertar a un número ingente de mujeres de cierto letargo; demostrar que con el feminismo como bandera, es obligatorio gritar “Sí se puede”.

El desafío está en ver que no se ha ganado ninguna batalla, sólo se ha indicado la disposición a batallar. Por el derecho al aborto, y por todos los derechos de las mujeres. Porque estamos en el punto de mira del gobierno español y de otros gobiernos reaccionarios europeos. Porque las mujeres europeas saben que si caen los derechos reproductivos en España, en muchos países pueden retroceder. Por eso han salido a la calle –el sábado se celebraron numerosas concentraciones en Francia (París, Estrasburgo, Nantes, Burdeos, Toulouse…), Gran Bretaña (Londres y Edimburgo), Italia (Roma, Florencia, Bolonia, Milán…), Portugal (Lisboa), Alemania (Hannover)…, que se suman a la realizada el miércoles 29 en Bruselas-. Y se siguen convocando concentraciones para los días 8 (Dublín, Ámsterdam, Lisboa y otras ciudades portuguesas) y 14 de febrero (Viena)… Y las mujeres latinoamericanas siguen reivindicando, en sus países, legislación que despenalice y regule la interrupción voluntaria del embarazo no en supuestos, sino en plazos.

Desde el feminismo habrá que continuar tejiendo redes para que esta marea no sea una marea viva, que sube arrasando y cuando baja la resaca arrastra todo lo que encuentra. Y estamos en pleno temporal.

Mantener el pulso, dar fuerza a los grupos, elaborar, estar en los medios, seguir en la calle (el próximo sábado, en Madrid, una nueva manifestación), debatir. Crecer teniendo claro quién es el enemigo. Entrenar para una carrera de fondo. Ganar la batalla es cuestión de poder.

Y las mujeres tienen poder, y poderío.

(*) Berta Cao es consultora de género y Máster en Género y Políticas de Igualdad.

Fuente: Cuarto Poder

El poder de las mujeres | Namentras – Asociación socio-cultural [en linea] http://namentras.org/actualidade/2105/ [Consulta 12/02/2014]

Enlace

La desconocida historia de la mujer que tuvo un sueño antes que Martin Luther King – ABC.es

La escritora Harriet Beecher Stowe fue una firme defensora de los derechos de las personas de raza negra durante el siglo XIX

mujeres masonas

Martin Luther King ha pasado a la historia junto a la frase «Tengo un sueño», con la que empezó su famoso discurso del 28 de agosto de 1963, en el que exigía igualdad de derechos para las personas de raza negra en Estados Unidos.

Sin embargo, aunque desde entonces esté ligada para siempre a su figura, Luther King no fue el primer defensor del colectivo afroamericano que empleaba esa frase en su lucha. Al menos, eso es lo que asegura un artículo del blog «Curistoria» que revela que su verdadero autor es la escritora Harriet Beecher Stowe.

Nacida en 1811 y fallecida en 1896, Stowe fue durante toda su vida una firme defensora de la abolición de la esclavitud y la lucha por los derechos de las personas de raza negra fue una constante en toda su obra literaria. De hecho, «La cabaña del tío Tom», su libro más conocido y un auténtico éxito de ventas desde el momento de su publicación, es considerado uno de los hitos más importantes en la lucha antiesclavista.

Su influencia fue tan grande que, según cuentan las crónicas de la época, cuando Abraham Lincoln conoció a Stowe en 1862, le confesó el placer que le causaba conocer a la mujer que había escrito el libro por el que había empezado a la Guerra Civil de Estados Unidos. Un conflicto que enfrentó a los estados del norte y del sur del país y finalizó con la victoria de los primeros y la abolición de la esclavitud.

Unos años después, según revela el historiador y periodista Pancracio Celdrán en el libro «Anécdotas de la historia», cuando estaba a punto de fallecer y probablemente hacía repaso mental de su vida y sopesaba su colaboración a la abolición, Stowe pronunció por primera vez las palabras que casi setenta años después Martin Luther King convertiría en un auténtico símbolo de la lucha contra el racismo: «Tuve un sueño». Ambos personajes no solo soñaron con un mundo mejor, sino que contribuyeron a conseguir que cada vez estuviera un poco más libre de racismo.

Cómo impedir el retroceso de los Derechos Humanos. | MASONERÍA MIXTA

Cómo impedir el retroceso de los Derechos Humanos.
feb 02, 2014 ~ 3 Comentarios ~ Escrito por Ricardo Fernández

En los temas sociales, y más en este de los Derechos Humanos, es conveniente para saber cómo actuar acotar bien de qué se está hablando, aclarar errores en su concepción y ser conscientes de cómo hemos llegado a esta situación para proponer algunas ideas de actuación.

Un primer error respecto a los “derechos humanos” es considerar que estos existen y son intrínsecos al hecho de ser persona; un segundo error es considerarlos inmutables, de modo que un recorte o eliminación se considera como un ataque a la dignidad de las personas; y un tercer error, como consecuencia del anterior, es pensar que son consustanciales y forman eso que se ha dado en llamar “la dignidad humana”.

En el primer caso, los que piensan que los “derechos humanos” existen como parte del ser humano olvidan que los que hoy consideramos como tales no lo han sido en la inmensa mayoría de las sociedades hasta fechas muy recientes -y aún no lo son en bastantes-, ni ha abarcado a todos los seres humanos. Para empezar, no consideraba a las mujeres, ni a los extranjeros a la “polis” (los bárbaros), ni a los vasallos, o a los que no tenían una determinada renta… Hay tantas excepciones en la consideración de los “derechos humanos”, que considerarlos asociados al hecho de ser persona es exagerado.

El segundo error, el considerarlos inmutables, olvida que los “derechos humanos” se han modificado a lo largo del tiempo. De las primeras normas sobre el “derecho de gentes” del derecho romano hasta la Declaración Universal de 1948 se han sucedido los “derechos del hombre y del ciudadano”, “de la mujer y la ciudadana”, “del niño”, etc., de modo que hasta los que actualmente conocemos ha habido una continua modificación y mejora. Por otro lado, su “inmutabilidad” supondría que están predeterminados, que se derivan de una supuesta ley natural al margen de la sociedad. Es el iusnaturalismo como explicación circular.

El tercer error, que considera la aparición del “género humano” como la aparición de los “derechos humanos”, olvida que éstos son un constructo del Derecho, que “los derechos no son algo que exista ya dado en la naturaleza y que nosotros nos limitemos a descubrir, como los cromosomas o los continentes. Los derechos los creamos mediante nuestras convenciones. Así que la pregunta relevante no es ¿qué derechos tiene tal criatura?, sino ¿qué derechos queremos que tenga?[1]

Si los “derechos humanos” son un largo proceso que se inician con la Revolución Francesa, luego con los movimientos del socialismo utópico y los feministas del XIX, en que las conquistas se logran muy poco a poco, hoy, el ataque viene, principalmente, por el debilitamiento de sus principios ideológicos manifestados en la aceptación del lenguaje del adversario.

Cuando se da por cierto y bueno que existe la “libertad de mercado”, que la “eficiencia” es la vara de medir, que la “competitividad” es el valor absoluto, que el “crecimiento”, sea a costa de lo que sea, legitima cualquier medida, entonces no puede sorprendernos que se modifique la Constitución en un tiempo récord por quienes han perdiendo su discurso para convertirse en los “gestores amables” de un capitalismo que sólo ha tenido que esperar a que sus propias contradicciones les hiciera caer, y con ellos a todo lo que en más de 150 años de luchas se había construido como derechos sociales y económicos.

Del qué importa que “el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones” al “bajar los impuestos es de izquierdas” se han ido dando un cúmulo de renuncias y complicidades en los que la pérdida de derechos ha sido la consecuencia lógica; pues si los que aceptaban, aún a regañadientes, que había ciertas líneas que no se podían cruzar han visto que quienes tenían que defenderlas eran los primeros en dar por buena la lógica del capitalismo, al ocupar el poder se han encontrado con una ocasión de oro.

Entonces, una parte de esa izquierda, faltos -por propia renuncia- de un lenguaje propio, se lanza a etiquetar de fascistas a las políticas de la derecha. Y ojalá fuera cierto. Así, al menos, tendrían un enemigo fácilmente identificable, al que contestar con el lenguaje social propio que construyó el Estado de Bienestar en el siglo XX, sin esas jerigonzas con que las “terceras vías” de las London´s Schools han deslumbrado a tantos y que sólo han servido para llegar a la anulación intelectual de la izquierda en toda Europa. Que en el caso de España ha llevado a que un ex ministro vea como normal cobrar un millón de euros sólo en dietas en una Caja de Ahorros en bancarrota o a que un Gobierno autonómico nombre Hija Predilecta a la duquesa de Alba.

Pero no son fascistas, por mucho que abusen de medidas autoritarias para acallar las protestas. Son esa mezcla de señorito calavera de la España de “cerrado y sacristía” con el Chicago´s boys de la escuela de negocios. Ojalá fuesen fascistas, al menos tendrían un tinte obrerista. Pero no. El ataque a los “derechos humanos” que vemos en los recortes a la investigación, educación, salud, manifestación, opinión, etc., son los que hace un contable: ¿puedo ganar algo con ello? Lo privatizo. ¿No dará más que pérdidas? Lo elimino. Y eso no es fascismo, es contabilidad pura y dura. Cuenta de resultados. Y en esas circunstancias, para quienes han adoptado el lenguaje y la lógica del “libre mercado” pensar o hacer algo distinto les es imposible. Todo lo más suavizar sus formas, sus tiempos o su alcance. A la larga: nada.

Impedir que los “derechos humanos” retrocedan o desaparezcan exige una acción decidida que cambie las condiciones. Muchos movimientos en todo el mundo, desde Seattle a Río han marcado algunas pautas, algunas ya muy antiguas, como la tasa Tobin, que aquí, diferentes grupos han hecho suyas tras la “indignación” de un 15M, que los partidos institucionalizados aparentan ningunear, aunque no hace tanto les eran propias.

El cambio, a mi entender, pasa por recuperar un discurso propio, que en lo institucional sea revolucionario, en lo económico alternativo y conservador en lo antropológico y medio ambiental.

Revolución institucional, por la que la libertad de elegir sea cierta y no una lotería sobre propuestas trucadas, hechas a la medida de los intereses personales de las cúpulas políticas para perpetuarse; que la reforma constitucional, la electoral y las listas abiertas y desbloqueadas sean una realidad. Revolución institucional para que los derechos sociales no sean una mercancía, de modo que la ciudadanía sea un hecho cierto siempre y no una excusa electoral. Revolución institucional para que la corrupción no sea un arma arrojadiza, de modo que corruptos y corruptores encuentren abrigo o disculpa entre “los suyos” o “los nuestros”.

Una alternativa a la economía de la acumulación que se ha ido apoderando de lo colectivo y universal para privatizarlo. Una alternativa basada en el bien común, que impida la explotación más allá de los límites de la naturaleza, que evite esa espiral de demanda, consumo, desperdicio que aniquila a marchas forzadas a todo un planeta, para desarrollar un régimen en el que los procesos de producción y distribución permitan el acceso universal a los bienes colectivos, generales y universales en una nueva redistribución de la riqueza.

Y por último, conservadores en lo antropológico y ecológico frente al consumo desmedido, en una recuperación de un discurso ilustrado que nos pide incorporar el pensamiento político y social como reconocimiento de la dependencia recíproca entre los seres humanos y su entorno, pues la Naturaleza ya no marca la vida del hombre sino que éste puede deformarla de tal manera que se convierte a la vez en su verdugo y en su víctima.

Como masones tenemos un lenguaje propio, un liderazgo moral en cada uno de nosotros y una historia de defensa de los derechos que son un valor aglutinante en estos momentos; saquémoslo afuera y ayudemos a construir ese frente común contra la lógica del mercado, en el que confluyan los movimientos sociales que no tengan por único objeto ni única explicación de la vida el valor económico. Colaboremos a construir un modelo social que combine las libertades políticas, sociales y económicas con un parlamento activo y vigilante apoyado en una sociedad adulta y participativa.[2]

He dicho.
Ricardo Fernández.

[1] Creando derechos. Mosterín, Jesús. El País, 29.08.1999

[2] Democracia y sociedad civil, Keane, John. Alianza Editorial, Madrid, 1992.

Cómo impedir el retroceso de los Derechos Humanos. | MASONERÍA MIXTA [En linea] http://masoneriamixta.es/como-impedir-el-retroceso-de-los-derechos-humanos/#.Uu6b6iOPXFo [consulta: 12/02/2014]
Enlace