La geógrafa israelí Tovi Fenster aboga en la ULL por un modelo de ciudad que tenga en cuenta la noción de género

El patriarcado atraviesa transversalmente todo hecho social y cultural. Esta investigación cursioamente lo analiza en el mismo epicentro de donde surge: la ciudad de Jerusalén, cuna de las tradiciones monoteístas del llibre fonamentadoras del patriarcado.

mujeres masonasFoto: Ull. Diario digital Universidad de la Laguna

martes, 21 de enero de 2014

La geógrafa israelí Tovi Fenster aboga en la ULL por un modelo de ciudad que tenga en cuenta la noción de género

La ciudad es un hecho geográfico, pero también cultural y social, en el que los sesgos de género afectan al uso que los ciudadanos pueden hacer de sus espacios. Para la investigadora israelí Tovi Fenster, es necesario comprender la multiplicidad de capas que existen en lo urbano, y aboga por pasar del “derecho generificado a la ciudad” a otro más radical: “el derecho a la ciudad generificada” (“gendered city”).

Fenster ofreció hoy, martes 21 de enero, en una conferencia celebrada en el edificio de Económicas y Empresariales de la Universidad de La Laguna titulada “The Gendered City and Public Space”, invitada por el grupo de investigación “Ciudad, Política y Sociedad” del Departamento de Geografía de la ULL. La ponente es profesora del Departamento de Geografía y Medio Humano de la Universidad de Tel Aviv, y posee una amplia trayectoria investigadora en materia de derechos humanos, género y etnicidad para la planificación y el desarrollo.

Fenster no solo impartió esta conferencia, sino que además celebrará dos seminarios especializados a lo largo de esta semana en los que profundizará en la materias que apuntó en esta primera intervención. Comenzó hablando de sus orígenes como geógrafa especializada en asuntos sociales y culturales que ha trabajado durante más de diez años como consultora de una empresa en asuntos de desarrollo en varias partes del mundo, hasta que comenzó su carrera académica en 1993.

Desde sus inicios, la investigadora se interesó por los asuntos de género, puesto que estos no suponen diferencias únicamente biológicas, sino culturales. Se ha centrado tanto en el ámbito doméstico como el público y, especialmente, las ciudades, vertiente ésta sobre la que versó su ponencia.

Explicó su noción de “ciudad generificada” (“gendered city”), que no es otra cosa que analizar las capas de la ciudad (física, cultural, social y cultural) desde una perspectiva de género. Para ello, utilizó diferentes “lentes” metafóricas: las dinámicas de poder del patriarcado; los roles que juegan hombres y mujeres; cómo afectan esas relaciones de poder al espacio y a la vida; y, por último, la búsqueda de medios para que los investigadores puedan influir en el cambio de las relaciones de género.

La investigadora sentó las bases teóricas en las que suele mover sus investigaciones. El primer referente que reconoció fue de la teoría de Lefebvre sobre el “derecho a la ciudad” que, de manera muy sucinta, se basa en el hecho de habitarla y conlleva la potestad tanto de apropiarse como de participar en ella.

Esta visión se complica con el proceso de la globalización, que ha creado dos tendencias que “reescalan” el concepto de ciudadanía: una para aumentar su rango de acción, como sucede al hablar de este término en un ámbito como la Unión Europea, y otra para disminuirlo, cuando se pone énfasis en los municipios y vecindarios.

Otra de las bases que Fenster tiene en cuenta en sus investigaciones es la tensión entre lo público y lo privado, cómo está cambiando su significado y, sobre todo, cómo puede abordarse desde el punto de vista de género.

En 2005 la ponente se atrevió a criticar la teoría de Lefebvre porque, si bien la consideró “radical”, no tuvo demasiado en cuenta los asuntos de género. Identificó un sesgo patriarcal en las relaciones de poder dentro del ámbito urbano y, obviamente, en el ámbito doméstico. Como explica la investigadora, si la mujer no puede conseguir un derecho al uso y a la participación del ámbito doméstico, difícilmente se podrá lograr en el ámbito público.

Ese mismo año, Fenster acuñó el término del “derecho generificado a la ciudad”, el cual matizó en 2011, tras su participación en las protestas ciudadanas celebradas en Israel, y ahora entiende como “el derecho a la ciudad generificada”. Es decir, puso un mayor énfasis en la naturaleza estratificada de la ciudad: “no se trata de poner énfasis solo en el género, sino también en etnicidad, la sexualidad”. Con ese punto de vista, hay que analizar asuntos como la legalidad e ilegalidad, lo prohibido y lo permitido.

Geografía emocional

En sus investigaciones da mucha importancia al día a día y, sobre todo, a un concepto que denominó la “geografía emocional”, es decir, cómo se siente la mujer ante el hecho urbano, estudiando sensaciones como la comodidad, la pertenencia o el compromiso. Así, puso ejemplos de varios testimonios de mujeres israelíes a las que ha entrevistado: para algunas el hogar era la “libertad” mientras que para otras era una “prisión”.

Las exclusiones de género en la ciudad son especialmente visibles en ciudades como Jerusalén, en la que en la parte “santa” de la ciudad está prohibida para ciertos colectivos. Fenster reconoció que es un ejemplo extremo, pero que esa tendencia a la exclusión de algunas personas se da en casi todas las ciudades.

También puso varios ejemplos fotográficos de espacios públicos de San Francisco, Nápoles, Londres o Jerusalén, en los que analizó conceptos como la seguridad para las mujeres, teniendo en cuenta si es un espacio abierto, si ofrece cobijo en caso de agresiones, si es discreto o, incluso, si existen áreas que sean exclusivas para alguno de los sexos.

La ponente apreció que en los países mediterráneos la división entre lo público y lo privado se diluye, como, por ejemplo, cuando en verano los vecinos sacan parte de su mobiliario a la calle. Explicó también que en un barrio ultra ortodoxo en el centro de Jerusalén se pide a las transeúntes que vistan de manera “modesta” y “decorosa”. Es decir, se condiciona el derecho a disfrutar de la ciudad a la observación de ciertas normas. La paradoja es que también se debe defender el derecho a esa comunidad a tener esas creencias, y por ello se produce la tensión.

Otro ejemplo de cómo el género afecta al uso de lo urbano fue una imagen de Londres, en las que las mujeres musulmanas estaban disfrutando de un día en el parque, pero totalmente cubiertas: de nuevo, el atuendo determina el derecho de la mujer a utilizar el espacio.

Ya durante el debate posterior, Fenster reflexionó que muchas veces el turista es capaz de distinguir características concretas de una ciudad de manara mucho más clara que sus habitantes, ya que las observa con cierta objetividad. También recordó que hasta hace no mucho, el urbanismo no tenía muy en cuenta a los ciudadanos, ya que antaño los arquitectos se consideraban a sí mismos “artistas” y, por tanto, no se detenían tanto en cuestiones como el confort o utilidad de las infraestructuras para centrarse más en la monumentalidad o la estética.

Ull. Universidad de la Laguna. Diario Digital. http://www.ull.es/viewullnew/institucional/prensa/Noticias_ULL/es/2488471
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Ante esta sobrecogedora fotografia se enmudecen las palabras.

Nada peor que perder el hilo por donde llegamos. El amor, el amparo, la incondicionalidad, el reconocimiento de la madre.

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Tres escritos pioneros del feminismo (2)

Recordamos a Christine de Pisan, Mary Wollstonecraft y Olympe de Gouges

Por Montserrat Barba Pan

La Ilustración marca el punto de inicio del movimiento feminista que se ha construido en las calles y en las casas pero ha encontrado un marco teórico fundamental gracias a escritoras, filósofas y sociólogas cuyas obras son una referencia para la lucha por la igualdad y la comprensión del concepto de ciudadanía universal. En los siglos XV y XVIII, tres ciudadanas publicaron tres escritos básicos para entender los orígenes del movimiento feminista:

“Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana”, de Olympe de Gouges
“Olympe de Gouges”
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“Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta: al menos no le quitarás ese derecho. Dime, ¿quién te ha dado el soberano poder de oprimir a mi sexo?”, Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana.

Olympe de Gouges (cuyo nombre real era Marie Gouze, 1748-1793) es la autora de la ‘Declaración de Derechos de la Mujer y la Ciudadana’, escrito en 1791 como respuesta crítica a la ‘Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano’ de 1789, fruto de la Revolución Francesa y considerada un texto precursor en el reconocimiento de los derechos humanos, pero que, al igual que la Declaración de Virginia, excluía a la mujer como sujeto de derecho.

La autora, firme defensora de la Ilustración y activista revolucionaria, reclamaba el derecho de las mujeres al voto, a ser propietarias de bienes, a participar en la educación y el ejército, así como a ejercer cargos públicos. Ha dejado, en este sentido, una frase para la historia: “La mujer tiene el derecho de subir al cadalso; debe tener también el de subir a la Tribuna”.

También reivindicó un equilibrio de poder dentro del matrimonio, fue firme defensora del divorcio y pionera en la protección de la infancia. Como autora teatral, Olympe de Gouges, escribió piezas contra el racismo y el esclavismo, rompedoras en su época.

Pacifista y humanista, murió guillotinada en 1793, al oponerse a la pena de muerte contra el rey Luis XVI.

Feminismo about.com. Tres escritos pioneros del feminismo. http://feminismo.about.com/od/historia/tp/tres-escritos-pioneros-del-feminismo.htm [consulta: 21/01/2013]
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¿Qué es la sororidad? – Introducción al análisis feminista – Pensamiento en Mujer Palabra

Mujerpalabra.net ¿Qué es la sororidad? [en línea] http://www.mujerpalabra.net/pensamiento/analisisfeminista/sororidad.htm [consulta:28/01/2014]
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¿Qué es la sororidad?
Mujer Palabra

Os presentamos dos artículos que esperamos ayuden a pensar y a experimentar la sororidad… 2012, ¿Qué significa la sororidad?, Anón. Y 2004, Sororidad, nueva práctica entre mujeres, Mónica Pérez (basado en análisis de Marcela Lagarde)

¿Qué significa la sororidad?
Anónima (2012)

El término ‘sonoridad’ y derivados, como en “Saludos sororos”, “En sonoridad”, hace alusión específica a la solidaridad entre mujeres en el contexto patriarcal, es decir, en el contexto de un sistema social que no parte de la consideración de que todas las personas tienen un cerebro y una mente humanas (consideración comprendida por más gente en el siglo 20 que, aplicada a la organización social, daría lugar a sociedades no patriarcales), sino que parte de la falacia biologicista patriarcal, por la que se justifica organizar la sociedad en función del sistema sexo-género, que parte a su vez de la clasificación básica de las personas en dos grupos definidos por el hecho biológico de que se disponga de un pene o de un útero (“sexo”; dejándose fuera además cualquier otro hecho biológico relacionado con el sexo), y que le asigna a cada uno de los grupos un papel definido desde la ideología del Sistema, por el cual el Hombre (el hombre en la visión patriarcal) es superior en todos los sentidos a la Mujer (la mujer patriarcal) y debe, por tanto, asumir el control de la sociedad incluido del cuerpo de la Mujer (“género”).
Dadas las violencias que la noción de Mujer ejerce contra las personas mujeres (y las que no lo son pero están asociadas socialmente a ese grupo, como los que reciben el ataque de violencia verbal en la forma de la palabra “maricones” por quienes se sienten justificados para ello por el Sistema, pues se considera que son hombres que teniendo el derecho a ser Hombre prefieren ser Mujer, lo inferior; o los hombres capaces de comprender que el Sistema es la barbaridad que es, que asumen un punto de vista feminista, crítico con el Sistema y solidario/sororo con sus objetivos/víctimas), con la noción ‘sororidad’ se posibilita la acción humana de amor-respeto hacia ese grupo de personas injustamente difamado, explotado, reprimido, oprimido. No hace falta “ser de la Familia”, de la “Religión del verdadero dios”, del “Partido político adecuado”, del “Ejército correcto”, no hace falta ser de un grupo cuya identidad requiere y se justifica en la opresión de otros grupos (es decir, de un grupo violento); desde la sororidad se comprende que quienes han sido despojadas de su condición humana son objetivos del Sistema patriarcal, y se ofrece un apoyo para que cada cual pueda sobreponerse y optar por transformar su vida interior, su comprensión del mundo y con ello el lugar que ocupará en el escenario de la sociedad. (Obviamente, esta comprensión, este apoyo no conlleva ceguera, pues comprender es lo contrario a no comprender. No hay que olvidar, a pesar de la empecinada difamación a que someten al feminismo, que la herramienta de comprensión feminista va unida siempre a la autocrítica, pues se sabe bien lo profundamente que influye la cultura en la construcción de nuestra identidad/mente, que los problemas exteriores tienen conexión con desde dónde y cómo contemplamos y comprendemos las cosas por dentro.)
En la vida cotidiana, socialmente, construir y unirte a las redes de sororidad implica compartir el análisis de los problemas, la información, y dar apoyo emocional y psicológico desde la racionalidad empática, escapando así a los mecanismos aprendidos en el patriarcado de chantaje emocional, manipulación y dogmatismo vital. Individualmente, comprender la sororidad es liberarse de la mezquindad aprendida, y de la estupidez aprendida (de las violencias comprendidas y/o toleradas) y ubicarse en un nivel humano, de persona con una mente inteligente donde nacen las emociones unidas a lo que se comprende (inteligencia empática).

Sororidad: nueva práctica entre mujeres
Mónica Pérez (2004, Fuente vínculo externo)
http://cimacnoticias.com.mx/noticias

Como sostiene Marcela Lagarde, feminista y antropóloga mexicana: “La alianza de las mujeres en el compromiso es tan importante como la lucha contra otros fenómenos de la opresión y por crear espacios en que las mujeres puedan desplegar nuevas posibilidades de vida”. En este contexto surge el concepto de sororidad, el cual se refiere a una nueva experiencia práctica intelectual y política entre mujeres que pretende materializarse en acciones específicas.

La palabra sororidad se deriva de la hermandad entre mujeres, el percibirse como iguales que pueden aliarse, compartir y, sobre todo, cambiar su realidad debido a que todas, de diversas maneras, hemos experimentado la opresión. De acuerdo con Marcela Lagarde, en un texto sobre cultura feminista, las francesas, como Gisele Halimi, llaman a esta nueva relación entre las mujeres sororité, del latín sor, cuyo significado es hermana. Las italianas dicen sororitá, y las feminista de habla inglesa la llaman sisterhood. Sin embargo, la acepción para esos vocablos es la misma: “amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer, que se encuentran y reconocen en el feminismo, para vivir la vida con un sentido profundamente libertario”, según palabras de Lagarde. Asimismo, explica que la sororidad comprende la amistad entre quienes han sido creadas en el mundo patriarcal como enemigas, es decir las mujeres, y entendiendo como mundo patriarcal el dominio de lo masculino, de los hombres y de las instituciones que reproducen dicho orden. Agrega que la sororidad está basada en una relación de amistad, pues en las amigas las mujeres encontramos a una mujer de la cual aprendemos y a la que también podemos enseñar, es decir, a una persona a quien se acompaña y con quien se construye. Habla también de que en esta relación, unas son el espejo de las otras, lo que permite a las mujeres reconocerse “a través de la mirada y la escucha, de la crítica y el afecto, de la creación, de la experiencia” de otras mujeres. Por ello, afirma que en la sororidad se encuentra la posibilidad de eliminar la idea de enemistad histórica entre mujeres.

De esta forma, el feminismo propone que este concepto vaya más allá de la solidaridad. La diferencia radica en que la solidaridad tiene que ver con un intercambio que mantiene las condiciones como están; mientras que la sororidad, tiene implícita la modificación de las relaciones entre mujeres. En resumidas cuentas, la sororidad se traduce en hermandad, confianza, fidelidad, apoyo y reconocimiento entre mujeres para construir un mundo diferente; percatarse que desde tiempos antiguos hay mujeres que trabajan para lograr relaciones sociales favorables para ellas y para nosotras, recordando siempre que todas somos diversas y diferentes.

El varón, arma de destrucción masiva

Artículo que invita a una profunda y seria reflexión

La violencia y las guerras han estado dominadas siempre por un sesgo de género
El 70% de las mujeres sufre algún tipo de agresión durante su vida

José Ignacio Torreblanca 25 ENE 2014 – 18:07 CET

 
mujers masonasUna mujer aterrorizada camina a las afuertas de Bangui, capital de la República Centroafricana. / JEROME DELAY (AP)
 
Una de las noticias más esperanzadoras del año 2014 es la apertura de negociaciones con el régimen iraní en torno a su programa nuclear. Con razón, a la comunidad internacional le preocupa la proliferación de estas armas, de ahí que, de forma excepcional, al otro lado de la mesa nos encontremos actuando unidos a EE UU, Rusia, China y la Unión Europea. Pero pese a la increíble capacidad de destrucción de estas armas, hay quienes sostienen que no tienen tanto de excepcional; son, dicen, nada más que muchas toneladas de explosivos juntas. Algo de razón no les falta: el genocidio más importante de la historia, el cometido contra el pueblo judío, no requirió de armas nucleares, como tampoco fueron necesarios más que unas decenas de miles de machetes de fabricación china para terminar con los 800.000 tutsis que fallecieron en el genocidio ruandés. Las aproximadamente 135.000 víctimas de Hiroshima desafían nuestra comprensión, pero también lo hacen los casi 300.000 muertos en la batalla por Verdún. La cruda realidad es que, desde la noche de los tiempos, el ser humano ha mostrado una increíble capacidad de matar, y de hacerlo en masa y sostenidamente, y para ello se ha servido de cualquier cosa a su alcance: un machete, un AK-47, explosivos convencionales o bombas atómicas.

Los genocidios más grandes de la historia no han requerido misiles

mujeres masonasFuente: INE / EL PAÍS

Un momento: “¿el ser humano?”. No exactamente. La práctica totalidad de todas estas muertes tienen en común un hecho tan relevante como invisible en el debate público: que fueron varones los que los cometieron. La historia militar no deja lugar a ninguna duda: los ejércitos han estado formados por varones, que han sido los ejecutores casi en exclusiva de este tipo de violencia, y sus principales víctimas. Cierto que guerrillas y grupos terroristas han incluido históricamente mujeres, a veces muy sanguinarias (en España, por desgracia, conocemos el fenómeno), pero la violencia bélica en manos de las mujeres ha sido una gota en un océano. El resultado, no por conocido, es menos trágico: solo en el siglo XX, las víctimas de estos conflictos desencadenados y ejecutados por varones se cobraron la vida de entre 136 y 148 millones de personas.

Podemos prohibir las bombas, pero detrás siempre hay un hombre

Se dirá que las guerras son cosas del pasado, típicas de sociedades predemocráticas. Pero ¿cómo explicar entonces el sesgo de género que domina la violencia en nuestras sociedades? No hablamos de sociedades atávicas, sino de sociedades occidentales, democracias plenas donde, como en Estados Unidos, las estadísticas nos indican que el 90% de todos los homicidios cometidos entre 1980 y 2005 lo fueron por varones, mientras que solo el 10% por mujeres. De todos esos homicidios, algo más de dos tercios (68%) fueron cometidos por varones contra varones, mientras que en uno de cada cinco (21%) un varón mató a mujer. Aunque sí que hubo mujeres que mataron a hombres, solo representaron el 10% de todos los homicidios, mientras que, significativamente, el porcentaje de mujeres que mataron a mujeres fue ridículo (2,2%). Así pues, las mujeres no matan mujeres, solo varones y, en gran proporción, en defensa propia. Claro que EE UU es una sociedad más violenta que otras, pero los datos de España, Reino Unido u otros países de nuestro entorno no son muy distintos: reveladoramente, la población penitenciaria española está compuesta en un 90% por hombres y en un 10% por mujeres. Al igual que la guerra, el homicidio y, en general, el crimen parecen ser fenómenos casi puramente masculinos.

Las violaciones son el capítulo más vergonzoso de los conflictos bélicos

Los efectos de una cultura patriarcal dominada por varones son tan demoledores que pareciera que en el mundo se libra una guerra (invisible, pero guerra) de varones contra mujeres. Según Naciones Unidas, el 70% de las mujeres han experimentado alguna forma de violencia a lo largo de su vida, una de cada cinco de tipo sexual. Increíblemente, las mujeres entre 15 y 44 años tienen más probabilidad de ser atacadas por su pareja o asaltadas sexualmente que de sufrir cáncer o tener un accidente de tráfico. En España y otros países de nuestro entorno, casi la mitad de las mujeres víctimas de homicidios lo fueron a manos de sus parejas, frente a un 7% de hombres, lo que significa que la probabilidad que tiene una mujer de morir a manos de su pareja es seis veces superior a la de un hombre.

mujeres masonas

La violencia sexual contra las mujeres es omnipresente y constituye uno de los capítulos más vergonzosos, y más silenciados, de la historia de los conflictos bélicos. Ello pese a la evidencia de que esa violencia no solo ha sido consentida sino alentada como arma de guerra. Según Keith Lowe, autor del libro Continente salvaje, la Segunda Guerra Mundial batió todos los récords de violencia sexual, especialmente contra las mujeres alemanas a medida que el ejército soviético se adentraba en Alemania (se calcula que dos millones fueron violadas como consecuencia de una política de venganza sexual deliberada). Hoy en día, la ONU estima en 200.000 las violaciones ocurridas en la República del Congo, una cifra similar a la ofrecida para Ruanda. Lejos de África, en el corazón de la Europa educada, la violación también fue un arma de guerra interétnica en el conflicto de la antigua Yugoslavia, donde se estima que entre 20.000 y 50.000 mujeres fueron violadas. A lo que se añade una larga lista de crímenes que solo las diferencias de género pueden explicar y que incluye el aborto selectivo de niñas, los crímenes de honor, el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual o la mutilación sexual, que afecta a 130 millones de mujeres. No hace falta adentrarse en las sutilezas de la discriminación política, económica y social, en sí un hecho muy revelador de la subordinación generalizada de la mujer: el nivel de violencia física contra las mujeres que hay en el mundo lo dice todo. Algunos describen la violencia que se ejerce contra las mujeres solo por el hecho de serlo como “feminofobia”. ¿Por qué no nos suena nada este término, o alguno similar?

El 90% de la población española penitenciaria es masculina

Reconozcámoslo: los varones son el mayor arma de destrucción masiva que ha visto la historia de la humanidad, y hay unos 3.500 millones de ellos por ahí sueltos. Podemos prohibir las armas largas, las armas cortas, las minas antipersona, las bombas de fósforo o de fragmentación, las armas bacteriológicas, químicas y nucleares, pero al final estaremos siempre en el mismo sitio: detrás de cada arma habrá un varón. De ahí que Naciones Unidas haya adoptado varias iniciativas de alcance mundial, recurriendo para ello al propio Consejo de Seguridad, que en su Resolución 1.325 de 31 de octubre de 2000 hizo visible por primera vez la necesidad de una protección explícita y diferenciada para las mujeres y las niñas en escenarios de conflicto, así como la contribución fundamental que las mujeres hacen y deben hacer en lo relativo a la resolución de conflictos y la construcción de la paz.

Existen muchas posibles, y complejas, explicaciones sobre estos hechos. Tampoco son fáciles las respuestas que debamos dar, y mucho menos las medidas a adoptar. Pero los hechos están ahí, y son incontestables: los varones matan y se matan, mucho, y ejercen mucha violencia contra las mujeres. Sin embargo, el debate público sobre este hecho es inexistente. Antes que repuestas, este debate requiere preguntas, en realidad una sola pregunta: ¿son los varones armas de destrucción masiva?

Fuente original de este artículo:
El País. Sociedad. El varón, arma de destrucción masiva. [en línea] http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/25/actualidad/1390669671_059501.html [consulta: 28/01/2014]
title=”http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/25/actualidad/1390669671_059501.html”>Enlace

Cocina: Crema de algarroba ecológica

Vamos a comenzar una nueva sección de cocina. Hoy os vamos a expliar cómo hacer una crema de avellanas, algarroba… tipo No… o Nu… (marcas comerciales) pero con el mínimo de azúcar y lo más sano posible para nuestro cuerpo.

nocilla

Ingredientes:

• 100 g de avellanas tostadas (si son ecológicas, mejor). Si las tenemos naturales,las podemos tostar nosotras/os mismas/os. Más abajo explicamos cómo.
• 100 g de harina de algarroba. Ver el comentario que hay más abajo
• 100 g de leche de avena, de arroz o de almendras Ver el comentario sobre las leches.
• Un par de cucharadas de sirope de agave. Ver el apartado sobre edulcorantes.

Preparación:

Trocear las avellanas hasta convertirlas en polvo.
Mezclar junto con el resto de ingredientes en una olla a fuego lento. Remover para que no se formen grumos y no hierva. Esto llevará sólo unos minutos.
También se puede hacer con la thermomix y las mariposas, 5 minutos, 50 grados, velocidad 1
Luego con una espátula se pasa la crema a un bote de cristal y se deja enfriar ahí.
Al cabo de unas horas habrá endurecido y estará lista para untar sobre pan, galletas, rellenar bizcochos,etc.

Cómo tostar avellanas naturales

Precalentar el horno 150º, con calor arriba y abajo.
Coger una bandeja de horno y cubrirla con papel de hornear.
Quitar la cáscara a las avellanas y ponerlas sobre la bandeja sobre el papel.
Mantener las avellanas en el horno 12-15 minutos, dándoles vueltas con una espátula cada 5 minutos. Sabremos que están si cogemos una y se pela sin dificultad.
Pelarlas y dejarlas enfriar. Habrá alguna que no se pele; no pasa nada: se deja con la piel.

Harina de algarroba

Ojo al dato: en algunas herboristerías, pueden servirnos en vez de la harina pura (algarroba en polvo de agricultura ecológica), un preparado que incorpora azúcar de caña (desayuno de algarroba). El preparado que incorpora azúcar, aunque sea de caña, no es el mejor producto que podemos adquirir. Podemos hacer un buen postre con él, pero estamos mirando de evitar el azúcar en nuestra dieta. Como edulcorante, el azúcar de caña no es el mejor, ya que tiene un índice glucémico más alto que otras opciones mucho más sanas.

¿Cuál es la mejor leche?

Respecto a las leches, la de avena tiene un contenido glucémico más bajo que la de arroz. Por tanto, es mejor decantarse a la leche de avena.

Edulcorantes

El sirope de agave tiene muchos antioxidantes. Otros edulcorantes como el azúcar refinado, el azúcar de caña, el jarabe de arce y la melaza de arroz tienen un contenido glucémico más alto que el sirope de agave. Por tanto éste último es una alternativa más sana.

Sobre las cremas de algarroba comerciales, de venta en las herboristerías

Respecto a las nocillas ecológicas o cremas de algarroba de venta en herboristerías, a veces por pura pereza podemos recurrir a marcar comerciales de venta en herboristerías o tiendas de productos ecológicos. El resultado es una crema de algarroba muy buena y sabrosa, pero leyendo los ingredientes, a pesar de que todo es orgánico y ecológico, para hacer la crema pueden utilizar aceite de girasol alto-oleico y jarabe de glucosa de maíz deshidratado, además de harina de soja, lecitina de soja, aceite de palma.

El jarabe de maíz es un producto inflamatorio. El exceso de alimentos inflamatorios en nuestra dieta puede provocar inflamación crónica, y a la larga, cáncer.

La misma Dra. Odile Fernández en su comentario sobre el azúcar, nos dice que no se trata del azúcar sólo, sino de alimentos que tienen un índice glucémico alto (IG). Ahí incluye el jarabe de maíz , la leche de arroz, el jarabe de arroz, maíz o trigo. Como edulcorante natural con IG bajo incluye el sirope de agave, miel de acacia, azúcar de coco y estevia entre otros.