Una mujer ilustrada

Título del artículo: Una mujer ilustrada
Autor:María Perales nació en Alicante el 2 de Febrero de 1962. Se licenció en Historia en la Universidad de Alicante donde cursó los estudios de doctorado Sociedad y Estado en España (SS.XIV-XX) En el Departamento de Humanidades Contemporáneas.
Blog, página web:http://www.enlalineadeltiempo.es
Fuente y fecha de consulta: Fuente: [En línea ][Consulta:28 octubre 2013]
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Uno de los logros más visibles de la Ilustración fue la generación de nuevos espacios de sociabilidad, circunstancia que nació asociada a las dificultades encontradas para promover la innovación de los conocimientos científicos o generar opinión desde las instituciones tradicionales. La resistencia que desde las instituciones se planteó a la penetración de cualquier novedad que no estuviera sancionada por la tradición o por autoridades incontestadas forzó a los ilustrados, con apoyo gubernamental o sin él, a idear nuevas formas de relacionarse y generar asociaciones, academias, tertulias y un sin número de nuevos instrumentos de difusión de las luces que propugnaban. Espacios que no dudaron en ser aprovechados por algunas mujeres, muestra de ello es Germaine Necker, más conocida como la baronesa Staël por su matrimonio con el embajador de Suecia en Francia. La baronesa deslumbró desde edad temprana por sus eruditas intervenciones en tertulias en las que participaban hombres de la talla de Diderot, D’Alambert, Helvétius, Mably o Marmontel. Considerada como la intelectual que consiguió cohesionar la razón ilustrada y la atronadora fuerza que empezaba a cobrar el sentimiento del incipiente movimiento romántico. Una fusión en la que las ideas de Voltaire y D’Alambert quedaban nucleadas en los escritos de Rousseau.

La baronesa Staël se mostró, a pesar de su origen noble, muy cercana a los ideales revolucionarios de la Francia de finales del siglo XVIII, no obstante, tras los acontecimientos provocados por la imposición del terror y como partidaria de la monarquía constitucional fue relegada al ostracismo del exilio en 1792. No sería esta la única decepción, lo que hasta entonces había sido su lucha por mejorar los derechos de la mujer y cuya promoción había sido supuestamente velada por la revolución, no hizo sino invertir el proceso. Los hombres continuarían ocupando los puestos de relevancia en el ámbito civil, mientras que la mujer, relegada al ámbito de lo privado, no tendría más opción que la de ocuparse de las labores domésticas.

De inteligencia viva y precoz, poseía una personalidad muy acusada que la hizo, a pesar de las dificultades destacarse muy pronto. Tras el desencanto de la Revolución, las Reflexiones sobre la paz, en las que se advierten algunas influencias de Benjamín Constant, a quien había conocido en Suiza en 1794 serían el punto de partida de una larga obra -ensayista, literaria, poética y política- en la que lo mismo se interesaba por las pasiones en la felicidad de los individuos y de las naciones, que por la novela autobiográfica, como fue el caso de Delfina y Corina. Y, aún así, encontró el tiempo necesario para escribir sus famosas Consideraciones sobre la Revolución francesa. El crítico literario y escritor francés Charles Augustin Sainte-Beuve escribió: “leyéndola por su viveza y agilidad, se diría que la estamos oyendo”

Una personalidad, sin duda extraordinaria para su tiempo como se ve, cuya obra ilustra a la perfección el paso del siglo XVIII al XIX, del enciclopedismo ilustrado al romanticismo como actitud vital, preparando el camino para poetas posteriores como Boudelaire o el surrealismo de Rimbaud

“Lo que está pasando en la República Democrática del Congo es un feminicidio”

Título del artículo: “Lo que está pasando en la República Democrática del Congo es un feminicidio”
Autor: Lydia Molina
Blog, página web: http://www.eldiario.es
Fuente y fecha de consulta:
Fuente: [En línea ][Consulta: 28 octubre 2013]
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“Tengo miedo cuando me despierto, cuando trabajo, cuando vuelvo a casa, cuando voy a dormir… Es un ciclo continuo”. Así se siente la periodista congoleña Caddy Adzuba desde que fue amenazada por primera vez en 2009.

Caddy Adzuba. Foto: Bettina Caparrós

Caddy Adzuba. Foto: Bettina Caparrós

Adzuba es una de esas voces incómodas que dedica su vida a recordar que el conflicto que vive la República Democrática del Congo (RDC), desde 1996, sigue teniendo consecuencias insoportables: asesinatos, saqueos, familias enteras obligadas a dejar su hogar y miles de mujeres víctimas de las violaciones, que se usan como arma de guerra. Todo ante la indiferencia y el “silencio” de la comunidad internacional. “El conflicto tiene orígenes y causas, no solo congoleñas o africanas, también internacionales y económicas. Y ese es el motivo por el que está olvidado”. La periodista culpa asimismo a las empresas que acuden a la llamada de minerales como el oro, diamante, níquel o coltán, muy presentes en la zona. “Son muchas las multinacionales que están financiando esta guerra negociando con los rebeldes que explotan las minas donde se extraen esos minerales, como el coltán, con el que se hacen los teléfonos móviles de todo el mundo. Tiene que haber un control para que dejen de hacerlo”.

Sus críticas, sin titubeos, son las que la han puesto en el punto de mira. “Haciendo mi trabajo, hiero la sensibilidad del gobierno ruandés, del congoleño y de los rebeldes. Estoy acostumbrada a vivir en el peligro. No soy una inconsciente, ni una heroína”, reconoció el miércoles en una charla que dio en Madrid, dentro de la gira que Adzuba está haciendo por España con la Fundación Mainel, para visibilizar el drama que vive el país y en especial el que viven sus mujeres.

“Lo que está pasando en RDC es un feminicidio”, asegura contundente. Con la intención de minar la moral de la población y desestabilizar a la sociedad, explica, las partes en conflicto atacan al más fuerte, que en este caso es la mujer, clave en la integridad familiar y motor de la economía local. “Es ella la que trabaja la agricultura y el comercio. Para destruir el equilibrio, hay que destruirlas a ellas y a sus familias. Cuando se ataca a una mujer, se desestabiliza a todo su entorno”. Y lo hacen con una violencia sexual cargada de brutalidad. “No consiste solo en que las violen para satisfacer sus deseos sexuales. Las violan con sus armas, las mutilan y cortan con cuchillos sus vaginas e introducen trozos de madera”. Da una cifra, solo en el hostpital de Kivu, su ciudad, han atendido a 50.000 mujeres. “¿Cuántas habrá en el resto del país y cuántas no habrán acudido a un hospital?”. Aunque los datos oscilan según su origen, instituciones como la American Journal of Public Health llega a hablar de 400.000 violaciones al año.

La periodista, que fue galardonada en 2009 con el Premio de Periodismo Julio Anguita Parrado, trabaja en Radio Okapi, una emisora que funciona bajo el paraguas de la ONU y que llega a todo el país. En sus programas trata habitualmente el tema de la violencia contra las mujeres, les aconseja qué hacer cuando son víctimas y a combatir el tabú. “La sociedad congoleña no logra comprender la magnitud de la situación. Tenemos que ayudar a romper el silencio. En muchos casos es el vínculo de la tradición el que les impide denunciar porque tienen miedo al rechazo social y a ser estigmatizadas”.

Adzuba también es miembro de la Asociación de Mujeres de Medios de Comunicación del Este del Congo, que ha realizado varias denuncias a la Corte Penal Internacional en esta línea, y preside AFIDEP, una organización que trabaja con las con niñas y niños soldado, ayudándoles a superar el trauma, a formarse y a reconciliarse con su comunidad, cuando es posible; y con mujeres víctimas de la violencia sexual. ” Están muy traumatizadas, sin fuerzas para vivir. Les suplicamos que no se rindan. El primer paso es que acepten ir a curarse porque muchas padecen lesiones graves, después necesitan un apoyo psicológico. El trabajo puede durar tres o cuatro años. Algunas consiguen convertir la pena en poder”. Otro de los programas está destinado a niños abandonados por ser fruto de una violación. “Cuando son rechazados por sus padres intentamos buscarle una familia de acogida. La mayor parte de las veces, las familias que aceptan (12 en 2012) no tienen recursos y los apoyamos con un proyecto de microfinanzas para que pongan en marcha un negocio con el que puedan obtener recursos”.

“Tengo miedo cuando me despierto, cuando trabajo, cuando vuelvo a casa, cuando voy a dormir… Es un ciclo continuo”. Así se siente la periodista congoleña Caddy Adzuba desde que fue amenazada por primera vez en 2009.

Adzuba es una de esas voces incómodas que dedica su vida a recordar que el conflicto que vive la República Democrática del Congo (RDC), desde 1996, sigue teniendo consecuencias insoportables: asesinatos, saqueos, familias enteras obligadas a dejar su hogar y miles de mujeres víctimas de las violaciones, que se usan como arma de guerra. Todo ante la indiferencia y el “silencio” de la comunidad internacional. “El conflicto tiene orígenes y causas, no solo congoleñas o africanas, también internacionales y económicas. Y ese es el motivo por el que está olvidado”. La periodista culpa asimismo a las empresas que acuden a la llamada de minerales como el oro, diamante, níquel o coltán, muy presentes en la zona. “Son muchas las multinacionales que están financiando esta guerra negociando con los rebeldes que explotan las minas donde se extraen esos minerales, como el coltán, con el que se hacen los teléfonos móviles de todo el mundo. Tiene que haber un control para que dejen de hacerlo”.

Sus críticas, sin titubeos, son las que la han puesto en el punto de mira. “Haciendo mi trabajo, hiero la sensibilidad del gobierno ruandés, del congoleño y de los rebeldes. Estoy acostumbrada a vivir en el peligro. No soy una inconsciente, ni una heroína”, reconoció el miércoles en una charla que dio en Madrid, dentro de la gira que Adzuba está haciendo por España con la Fundación Mainel, para visibilizar el drama que vive el país y en especial el que viven sus mujeres.

“Lo que está pasando en RDC es un feminicidio”, asegura contundente. Con la intención de minar la moral de la población y desestabilizar a la sociedad, explica, las partes en conflicto atacan al más fuerte, que en este caso es la mujer, clave en la integridad familiar y motor de la economía local. “Es ella la que trabaja la agricultura y el comercio. Para destruir el equilibrio, hay que destruirlas a ellas y a sus familias. Cuando se ataca a una mujer, se desestabiliza a todo su entorno”. Y lo hacen con una violencia sexual cargada de brutalidad. “No consiste solo en que las violen para satisfacer sus deseos sexuales. Las violan con sus armas, las mutilan y cortan con cuchillos sus vaginas e introducen trozos de madera”. Da una cifra, solo en el hostpital de Kivu, su ciudad, han atendido a 50.000 mujeres. “¿Cuántas habrá en el resto del país y cuántas no habrán acudido a un hospital?”. Aunque los datos oscilan según su origen, instituciones como la American Journal of Public Health llega a hablar de 400.000 violaciones al año.

La periodista, que fue galardonada en 2009 con el Premio de Periodismo Julio Anguita Parrado, trabaja en Radio Okapi, una emisora que funciona bajo el paraguas de la ONU y que llega a todo el país. En sus programas trata habitualmente el tema de la violencia contra las mujeres, les aconseja qué hacer cuando son víctimas y a combatir el tabú. “La sociedad congoleña no logra comprender la magnitud de la situación. Tenemos que ayudar a romper el silencio. En muchos casos es el vínculo de la tradición el que les impide denunciar porque tienen miedo al rechazo social y a ser estigmatizadas”.

Adzuba también es miembro de la Asociación de Mujeres de Medios de Comunicación del Este del Congo, que ha realizado varias denuncias a la Corte Penal Internacional en esta línea, y preside AFIDEP, una organización que trabaja con las con niñas y niños soldado, ayudándoles a superar el trauma, a formarse y a reconciliarse con su comunidad, cuando es posible; y con mujeres víctimas de la violencia sexual. ” Están muy traumatizadas, sin fuerzas para vivir. Les suplicamos que no se rindan. El primer paso es que acepten ir a curarse porque muchas padecen lesiones graves, después necesitan un apoyo psicológico. El trabajo puede durar tres o cuatro años. Algunas consiguen convertir la pena en poder”. Otro de los programas está destinado a niños abandonados por ser fruto de una violación. “Cuando son rechazados por sus padres intentamos buscarle una familia de acogida. La mayor parte de las veces, las familias que aceptan (12 en 2012) no tienen recursos y los apoyamos con un proyecto de microfinanzas para que pongan en marcha un negocio con el que puedan obtener recursos”.

Maria Torres en Búscame en el ciclo de la vida: 273. FRIDA KNIGHT, brigadista.

Maria Torres en Búscame en el ciclo de la vida: 273. FRIDA KNIGHT, brigadista.

mujeres masonas 017

Fuente original: http://buscameenelciclodelavida.blogspot.com.es/2012/06/frida-knight-brigadista.html?m=1